“El” polvo de 2019 (mi disco del año)

Nuestro editor nos mandó mensaje pidiéndonos algún balance de 2019 en términos de Brandy con Caramelos. Habíamos estado charlando sobre la década para tratar de pensar un criterio para elegir, no digo uno, pero unos 10 discos que pudieran resultarnos representativos. Resolvimos que un buen criterio serían esos discos que no pudimos dejar de escuchar, que pusimos una y otra vez. Podían no ser los mejores, podían no ser los más galardonados, podían no ser los mejor recibidos por el público. Pero a nosotros nos representan esta década porque escuchamos el disco entero incontables veces. Y como somos unos nostálgicos, elegimos para encabezar dos bandas que ya no están y los dos discos que a nosotros nos resultan más icónicos. Somos Brandy con Caramelos y no otra cosa, así que anotamos a las Guachass y su “Paladar negro” y a Taura con su épico “El fin del color”.

Pero me toca pensar en mi 2019, uno de los años más duros que transité en esta década, y voy a aplicar el mismo criterio y elegir “Polvo” de Paula Maffía. A fines de 2018 tuvimos el gusto de tenerla en nuestro programa de radio para una entrevista que adelantaba temas de este disco inagotable. Yo no la había oído en vivo nunca y me mandé a Santos 4040 y mi relación con su música tuvo, para el lanzamiento del video de “La espesura”, un comienzo explosivo. Soy muy sensible y en clave disruptiva con el clima festivo que se vivía en esa fecha, lloré en la mayoría de sus canciones. Lucy Patané en un flanco, Nahuel Briones en el otro y yo frente a ellos, con la emoción de sentir que me toca vivirlos en el momento justo en el lugar adecuado. Si tan solo hubiera podido enumerar la cantidad de fibras que rozaba. Pero en ese momento solo me tocaba sentir y dejarme llevar.

En 2019 vi y escuché a Paula Maffía en casi todos sus formatos. Sola con guitarra, con despliegue de sons y cousins (sus diferentes formatos de banda), en versión stand-up, elegante y en borcegos, para cientos y para unos pocos, tocando en fechas ajenas y como anfitriona, yo sola o en pareja o con amigas o con familia. Me zambullí en este disco y esta artista para responder a la pregunta que en diciembre de 2018 me había dejado consternada.

¿Qué es tan hipnótico de esta música? “Polvo”, tengo que admitir, me abrió los oídos. Es su disco más roquero y lo necesité como plataforma de familiaridad para poder escuchar otras de sus creaciones anteriores. Quizá nunca tenga oídos para todo porque ella recorre un espectro demasiado amplio de la música y hay lugares donde no logro ir. Pero “Polvo” es ya de por sí un disco heterodoxo y, por ende, inclasificable. Reúne géneros y ritmos diversos que van del folk al blues, del rock a María Elena Walsh, del pop a la balada. Pero tiene una condición que le exijo a cualquier disco que tenga pretensiones de entrar en la sagrada discografía de los soundtracks de mi vida: identidad. Y le doy play a “Polvo” y ahí está siempre ella, toda ella, toda excedente y exuberante, toda afirmación de sí misma siempre mostrando que su yo nunca se corresponde con ella. Es honesta y genuina hasta en sus márgenes. Milita ideas y sentimientos con sus letras y hace proselitismo de su experiencia musical, es una educadora sensual y, como la guerrera que presenta sobre el escenario, está lista para conquistar al mundo.

¿Cómo no sentirme interpelada? Feminista, intelectual, música, obrera, cercana y lejana a la vez, es una artista cautivante y cuando miro a mi alrededor en cada uno de sus shows me doy cuenta de que a todes nos pasa lo mismo. El disco “Polvo” llegó en el momento adecuado en una escena del rock urbano que se gestaba hace rato pero que se consolidó claramente en 2019. Es un representante icónico de las mujeres sobre el escenario. Llegó acompañado de tantas otras joyas (“Lucy Patané” de Lucy Patané; “Épica y fantástica” de Marina Fages solo para nombrar algunos) que pusieron revoque y pintura en una construcción colectiva que llegó para quedarse. No quiero pensarlas como rock “femenino” si bien es innegable que es un adjetivo que implica una impronta única. Son artistas de una manada compleja que, dentro de un movimiento que parecía estar muriendo, embanderan un “larga vida al rock n’ roll”.

Así que me voy a cortar queso y salame para despedir este año que se va, pero no sin antes rendirle mi pequeño homenaje a “Polvo” de Paula Maffía, que tanto me ha dado en un año que me ha dado tan poco en otras áreas. Y les invito a todes a darle play y encontrar en nuestra cultura a lo mejor de la cultura.

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