At The Drive In: Diseccionada disonancia en Flores [review]

Con un fondo negro con la silueta de un perro, y vestidos también de negro, la aclamada banda -casi de culto- liderada por Cedric Bixler-Zavala y Omar Rodríguez López, entró al escenario del Teatro Flores dejándolo todo.

La energía que desprende la banda en vivo, tras 17 años de ausencia musical, pareció explotar tras la larga e inesperada retirada que sorprendió a quienes se enamoraron del sonido visceral, post hardcore punk, que ofrecían los oriundos de El Paso, Texas. Y, ciertamente, desafió a los fotógrafos, que en primera línea dispararon sus obturadores mientras seguían a Bixler-Zavala saltar y gritar por el stage con el tema elegido para abrir la noche: Arcarsenal, del renombrado Relationship Of Command producido por Ross Robinson, que dio paso a Governed By Contagions, de la placa del año pasado: in•ter a•li•a. A quienes no tomó por sorpresa fue a aquellos que se tomaron la memorable fecha a pecho, como se debe. Y lo que se produjo fue una compacta licuadora que se abrió paso, incesante, durante toda la presentación.

La vigencia de At The Drive In tiene lugar en sus seguidores y, por supuesto, en la contundente producción de Bixler-Zavala y Rodríguez López en The Mars Volta, pero la impronta musical que crearon hace más de 20 años fue, también sin duda, un producto que no sonaba a nada de lo que rotaba en las radios y giras norteamericanas -a falta de plataformas musicales digitales en la época-, lo cual hizo grande a la banda, casi creando su propia liga.

Pero en el Teatro de Flores nada de esto pasó por la mente de quienes llenaron cada rincón del lugar y poguearon con Invalid Litter Dept. o Pattern Against User, tras haber desempolvado la memoria musical con Lopsided, de su In/Casino/Out. Los espásticos movimientos de Cedric y su apropiación del escenario, pateando, saltando y tirando el micrófono a su antojo –incluso rasgando su garganta abrazado a un patova-, electrizaron un set de 13 temas que pasó como una ráfaga comandada por la guitarra de Rodríguez López, una cima gigante de distorsión que pateó directo a las entrañas junto a la batería y todo lo demás, que exigía ser diseccionado pero que, al querer hacerlo, solo daba paso a pedir más, a gritar más, a disfrutar lo que tantos años tardó en llegar a los oídos de este público.

Cediendo un poco a la euforia, Napoleon Solo bajó momentáneamente un cambio. Pero Catacombs fue inminente, dejó un interludio y One Armed Scissor cargó como el único bis de la noche, que dejó revolucionadas las mentes de todos. “Saben que yo hablo otro español, ¿verdad? ¡Pero te amo!”, fueron unas de las pocas palabras que lanzó Cedric casi a la mitad de un show que se puede calificar como una de las fechas más memorables del año. Nosotros también los amamos.

Andrés Carrizosa

Fotos: Tomás Montag

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