CJ Ramone siempre se hace cargo [review]

Es muy difícil olvidar esa serie de shows de Ramones en Argentina del año 1993, más específicamente, el último de ellos. Esa, como tantas, iba a ser otra de las jornadas increíbles de la banda en nuestra tierra, pero ese dia, justo ese día, sería sencillamente inolvidable.

Joey solía estar enfermo, su cuerpo le pasaba factura a medida que pasaban los años y para ese ultimo recital de la serie de cinco ya había perdido casi totalmente la voz. Aún así, nadie podía esperarse que ese recital fuese completamente diferente a lo que se suponía.

Sería el bajista, un tipo al cual yo trataba de copiar porque se me había ocurrido intentar tocar el bajo, ya sea en los movimientos, en la voz, en postura y actitud- quien ese día se haría cargo de casi todos los temas en la voz principal. CJ Ramone siempre se hace cargo y por eso le puso garra al asunto y posibilitó que el  show se diera de la mejor manera posible dadas las circunstancias.

Fue, sin dudas, un recital atípico, histórico. Y de eso que parece antes de ayer pasaron nada más ni nada menos que unos 25 años (un cuarto de siglo, señores). Y en la noche del 9 de noviembre de 2018 tuve la suerte de ver a CJ Ramone nuevamente cantando muchos de esos temas, ya sin sus viejos compañeros a los que darles una mano ante una emergencia y sí comandando su propio proyecto que lo tiene trabajando incansablemente y viniendo al menos una vez al año a Sudamérica para no sólo ganarse la vida, sino también mantener en lo más alto el legado ramonero, cuando ya son muy pocos quienes siguen vivos para cargar semejante responsabilidad.

Fue, entonces, una noche muy emotiva en el El Teatrito, nuevo y cómodo local abierto para el rock que tiene un sonido muy bueno y por ende se prende para este tipo de veladas. CJ tiene una banda ajustada y un set furioso sin muchos parates, repasando todos esos clásicos de Ramones que todos quieren oír como Judy is a punk, Strenght to Endure o Psycho Therapy, más allá de que CJ intente mezclar algún que otro tema de su etapa solista como Three Angels o Last chance to dance.

Así como en aquel Obras de 1993, CJ Ramone nunca esquiva la responsabilidad de dar lo mejor de sí ya sea en un estadio o en una pequeña sala. El público,así, siempre gana noches inolvidables.

Texto y fotos: Ricardo Baeza

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