El Ultimo Ke Zierre en Flores: fiesta punk absoluta, afilada y punzante [review]

No hay futuro ni esperanzas en este nido de ratas

Tal vez uno de los discos más importantes de la historia del punk en español es el ¡Ay, de mí!, lanzado en 2003, por los castellonenses de El Último Ke Zierre. Aunque no es el trabajo más revelador de la banda, las trece canciones que lo componen desdoblan una poderosa maquinaria no solo ideológica y muy rabiosa (rasgos básicos que debe ostentar cualquier disco que se precie de ser punk), sino también (y esto sí que es muy particular) una cualidad explícitamente estética, tanto en lo sonoro como en lo lírico, que modificó para siempre la volcánica identidad de la agrupación.

En mi vida he asistido a cinco recitales de EUKZ y puedo decir que, intercaladamente, he logrado ver y escuchar en vivo la interpretación completa de esa obra maestra. No obstante, hasta el domingo pasado el único tema cuya posibilidad de ejecución siempre se me evaporó con la doliente caída de las bambalinas, era la fulminante canción de un amor naufragado: Mis calzones.

Fue en el Teatro Flores, a las 22:27 del 03 de junio de 2018 cuando Pedro, el bajista fundador de EUKZ, balbuceó unas palabras que habilitaron el distorsionado arpegio de Tus bragas, aquella emblemática balada (que es más poesía que otra cosa), para dar paso, tres minutos y diecisiete segundos después a Mis calzones, tal cual como sucede en la grabación original. No pude creerlo. Catorce años de espera llegaban a su fin. Me quedé sin voz y mis ojos experimentaron una húmeda felicidad.

Me han grabado con un láser / todos los huesos con tu nombre / y aún conservo los calzones, reina, / que manchaste a refregones / dejo de pensar / me enseñas un pecho y dejo de pensar / me puedes llevar al huerto que quieras.

***

A EUKZ no le importan las alocuciones ni las demostraciones de cariño, ellos simplemente tocan porque entienden muy bien que están para eso, y no para componer panfletos ni reflexiones ni críticas a propósito del infierno que tanto nombran y que por consiguiente todos habitamos. Su obra habla por sí sola, tiene vida propia y es tan pertinaz y subversiva, que no precisa nada más que un saludo al principio y un par de agradecimientos al final. El resto es estampida y mucha lumbre.

La planta baja del Teatro permaneció atiborrada de gente de todas las edades lista para reencontrarse con el glorioso ensanchamiento colectivo de fiereza y pesimismo que dirige la banda desde 1987. Nada de “Mauricio Macri la puta que te parió” ni coros futboleros para lisonjear a EUKZ. El show estuvo enmarcado por una circunspección inquietante, muy semejante a la ira o la frustración. Quién sabe. Entre tema y tema solo hubo tiempo para una bocanada de aire o una seca de cualquier cosa y, sin reparo alguno, empezar a expeler otra vez, claro, si el perpetuo pogo no te ahogaba o sencillamente no te había roto la boca previamente. Una fiesta punk absoluta. Bien afilada y punzante. Sin códigos de nada.

Sé que pude ser mejor / la vida me lo impidió / esta vida que me han dado / quienes sin pensar en mí / hicieron de mi existir / una eterna pesadilla… / pero intento resistir / aunque no puedo fingir / falta tiempo para todo / 8 horas para dormir / 8 más para cumplir / y 8 para lamentarme.

***

Las letras de EUKZ son tan rudas e imprescindibles para cualquier punki como el bestial ruido que confeccionan segundo a segundo. Matrimonio perfecto: cuchillo a los tímpanos y ladrillazos al cerebro. Yo mismo he quedado con sordera parcial después de mandarme un disco entero con auriculares. Yo mismo he querido incendiarme a mí mismo mientras pienso que No hay nada y nuca hay restos. Hay que decir, sin embargo, que la calidad sonora del recital no fue la mejor y las flexiones distorsivas por momentos se iban a la mierda. Por fortuna todo lo bueno o lo malo que pudiera surgir colisionaba contra el salvaje arrebato de un público transferido a los mismísimos tuétanos del nihilismo.

Te has mirado al espejo con complejo / ¿qué es lo que han hecho de ti? / la justicia no te sirve, condenado inocente / y te sientas en un rincón / abatido por tu depresión / ellos te llaman, tú no escuchas / ya no tienes a quien respetar / ya no tienes a quien querer / solo mentiras, solo mentiras / olor a muerte, a muerte.

Ahora bien, para toda idea de fracaso siempre hay una pulsión muy elaborada de resistencia. Para bandas como Eskorbuto esa fórmula de obstinación fue el universo de la droga y todos los submundos del individualismo más radical de todos; aquel que solo lleva a la destrucción, mientras que para figuras de la talla de Evaristo Páramos (Ex  La Polla Records y ahora Gatillazo) el fondo del aguante pende más de una suerte de intransigencia generosamente social que, haciendo uso de una inteligencia muy aguda y mordaz, se caga sobre todo. En el caso de EUKZ el inobjetable pleito que todos los seres humanos tenemos con la realidad (y la vida en sí misma) se sacia de una sola manera: vociferando, con violencia y rigor, aplastando el miedo, hasta que la garganta quede hecha trizas.

No penséis jodidos que esto ha terminado / sé que estoy cansado pero no acabado / y aunque no os importe, me tengo que desahogar / mi asco de saliva, os lo voy a hacer probar / escupiré ante vuestros gestos de buena voluntad / escupiré ante vuestras caras de gente muy formal / escupiré ante vuestras leyes que no me dan el pan / y aunque reciba mil y un golpes no me veréis llorar / cuídense, aun no me he caído / no lo han conseguido, solo estoy herido.

Después de una ofensiva de 80 minutos, EUKZ se retiró del escenario de Flores para así dar punto final a la fugaz gira por Sudamérica que, en menos de una semana, los llevó a Bogotá (en un recital que no pudo terminar por incidentes) y Santiago de Chile, para rematar en la infaltable y siempre cruda Buenos Aires, ciudad a la cual estaría bueno dedicarle este pedazo de canción:

No me despiertes si estoy soñando / no me entretengas si estoy viajando / no me des nada que no te pida / no me des nada si no es veneno.

Gio Jaramillo

Fotos: Dahian Cifuentes

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