Richie Ramone: recuerdos y vigencia en Uniclub [review]

Richie Ramone aterrizó una vez más en Capital Federal. La cita fue en el Uniclub, en un recital que abrió el Latin American Tour 2018 para los países de habla hispana, después de cinco vertiginosas presentaciones en Brasil.

El exbaterista de Los Ramones hizo la ya natural y clásica retrospectiva de su faceta como solista, tanto como de su espacio en la formación de la banda entre 1983 y 1987 (discos: Too Tough to Die, Animal Boy y Halfway to Sanity).

Himnos de su autoría como Somebody Put Something in My Drink, I Know Better Now y I’m Not Jesus, reventaron en el recinto como bombas dispersivas, al igual que las ancestrales romanzas punkis que se clavaron en el imaginario rock de medio mundo gracias a la excepcional voz de Joey Ramone: Blitzkrieg Bop, Sheena is a Punk Rocker, Judi is a Punk, Beat on the Brad, Rockaway Beach, etc.

El show dejó conocer un buen ensamble sonoro. La onda ramonera caló en el público por medio de una distorsión más que cuidada y mucho movimiento sobre el escenario, mientras el anfitrión de la noche se alternaba incansablemente entre la batería y el micrófono principal. En ningún momento reveló los 60 años que lleva en esta tierra.

Sin embargo, el espectáculo fue sobrio y no arrojó impresiones nuevas. La gente disfrutó y no pidió más que lo de siempre. Si tuviéramos que definir el recital, fácilmente caeríamos en cadenas léxicas derivadas de la palabra melancolía. El recuerdo es lo que mantiene vivos a los tres ramones que quedan y, entre todos, destaca Richie, porque ha sido el único que se ha animado a seguir haciendo música rigurosamente ramonera, con un inconfundible y heavy sello personal, sin quedarse en el simple remedo de lo que fue y ya nunca más será.

La que se robó toda la admiración fue la bella bajista británica Clare Misstake. Una tromba que no solo desangró su instrumento, sino que también dejó media garganta en cada tema coreado. Su inagotable agresividad coloreó el show de una manera muy especial. Ahora bien, los otros músicos acompañantes: el experimentado Ben Reagan (batería y segunda guitarra) y el joven Glenn Gilbert (guitarra principal), aportaron sus respectivas cuotas de dislocación y nervio con interpretaciones acuchilladas y fulminantes.

Al final, un recital que duró poco más de una hora, a toda máquina, con una sola interrupción para refrescar. Hubo tiempo hasta para que Mariano Martínez (Ataque 77) se ramoneara con un par de temas.

Richie y su combo supieron despedir al arrebatado y transpirado público. Todos fuimos enviados a la espiral de una noche perfecta, digna, para dejar el cerebro colgado boca abajo, en cualquier vereda o en cualquier botella.

Gio Jaramillo

Fotos: Dahian Cifuentes

 

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