Marky Ramone, de ser perseguido por dinosaurios a ser abrazado por multitudes [review]

 

Desde la ignorancia y el prejuicio se suelen hacer valoraciones que en la mayoría de las veces, lógicamente, son erradas, y por la insistencia, maliciosas. Pasa con los que critican incansablemente a Messi, que hacen un recorte caprichoso de la realidad y escupen lo que se les canta, asumiendo que tampoco les importa saber que del ridículo es difícil volver. Y con Marky Ramone, quien atesora una foto que se sacó con el mejor jugador del mundo tras una final de Copa del Rey que el Barcelona le ganó al Athletic de Bilbao, sucede algo parecido.

Al de Brooklyn no se le pide que gane un Mundial, claro está, pero se le reclama algo que no está en sus planes: el retiro. Argumentan, para solicitarle la baja, que sigue lucrando con los temas de los Ramones no habiendo sido el baterista original y, por lo bajo, le dicen Marky Ladrone, por sus visitas ya habituales de una vez por año a nuestro país para hacer un puñado de fechas entre Buenos Aires y el interior. El les responde que estuvo dos décadas en la banda y que es digno portador del legado como para que las canciones no mueran y que los fanáticos de todo el mundo sigan teniendo la oportunidad de celebrar ese repertorio. Se presenta como “The last Ramone”, le pese a quien le pese.

Pero lejos de las especulaciones de la gilada, Marky tiene un argumento mucho más sólido, y es que está viviendo la segunda mitad de su vida a pleno, felíz y haciendo lo que más le gusta hacer en el mundo, que es viajar, sentarse en una batería y tocar los temas que lo marcaron a fuego y para siempre. Como no se puede controlar las actitudes de los demás, lo recomendable es enfocarse en las propias. Y eso es lo que hizo Marky hace casi cuarenta años, cuando ya había sido despedido de los Ramones por su adicción- no reconocida por esos días-al alcohol y tocó fondo, tras casi haberse matado al volante, haber sido juzgado en tribunales y también haber llegado a ver un triceratops en su propia casa debido a un ataque de delirium tremens. Es historia ya conocida, pero dijo “basta” y aceptó internarse hasta dejar la adicción y recuperar la autonomía, la humildad, la dignidad y, por sobre todo, su trabajo en los Ramones.

Lo de hoy, a sus 65 años, es disfrutar su logro y hacerlo sin aditivos que intermedien en su relación con el público. Y su público, que llena la sala cada vez que viene y que en esta ocasión ameniza la espera descargándose con el ya clásico “Mauricio Macri la puta que te parió”, es lo más honesto en esta cadena de opiniones que van y vienen, porque saben que van a una fiesta ramonera y no a juzgar si Marky merece o no hacer dinero con canciones de una banda a la que hoy le es imposible estar en actividad. Por eso les entrega el show que van a ver, con clásicos como Teenage Lobotomy, Sheena is a punk rocker, Commando o Blitzkrieg Bop (disculpen el resumen, tocó 45), y les hace algunos regalitos inesperados con canciones que no eran habituales en los shows de los Ramones, como Danny Says, Baby I Love you (de las Ronettes y que los Ramones no sabían tocar) y Can’t make it on time, todos estos de End of the Century.

Su banda actual está conformada por Pela, cantante vasco de Sumisión City Blues que tomó la posta del ex Misfits Michael Graves, Aurelien Budynek, guitarrista de DareDevil Squadron, y Alejandro “Viejo” Lewezuk, el bajista argento. Juntos hacen un trabajo fenomenal recreando la fuerza y la velocidad ramonera. Son felices haciendo lo que hacen y no cuestionan para nada el lugar que les asignó Marky dentro de la banda. Lejos de perseguir un crédito mayor por lo que hacen, disfrutan de ser compañeros de ruta de un verdadero sobreviviente.

“Hola, soy Marc. Y supongo que soy un alcohólico”, dijo Marky, asumiendo a medias su condición hace unos cuantos años, cuando decidió entrar al centro de rehabilitación en Freeport, Long Island. En ese momento, no creía posible dejar de ser un problema para convertirse en un ejemplo de superación. Pero hoy, que ya no es perseguido por dinosaurios en su propia casa y que la sobriedad es uno de sus principales capitales, puede decir con orgullo que es el mejor embajador que los Ramones podrían tener, por eso sigue recibiendo el abrazo de multitudes en todo el mundo. Y con las críticas maliciosas y las miradas desconfiadas que se diviertan los críticos, que sólo para eso están.

Alejandro Panfil

Fotos: Iván Pinto

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