Los Antiguos: grabando sobre el cemento [review]

11, 12 y 13 de enero. Un fin de semana completo en Club V. Suena bien por donde se lo mire el evento en Facebook. Pero al acercarse la fecha y al transcurrir la semana más caliente del incipiente año 2018, las dudas sobre la supervivencia en el recinto comienzan a invadir y a generar un millón de interrogantes. ¿Vale la pena ir y ver qué pasa? Sí, porque todo, gracias a los dioses del clima, comienza a acomodarse un par de horas antes del primer show del año de Los Antiguos.

La temperatura, increíblemente, ha bajado y el pequeño local de la Avenida Corrientes no será un infierno como se temía. Lo bueno se hace esperar, dicen, y por eso, ya con entradas agotadas, en el camarín que queda en un altillo comunicado con el escenario por una mini escalera la banda se aguanta las ganas hasta la una de la mañana, hora señalada para comenzar a activar la locomotora imparable en la que se ha convertido con sólo dos discos de estudio, Simple y Madera prohibida.

Un par de temas abren el fuego, el Pato Larralde echa un sorbo al tinto y mete un saludo diferente, y tal vez muchas veces soñado: “Bienvenidos al primer disco en vivo de Los Antiguos”. Lo hace en forma distendida, casi al pasar, pero el show cobra otro color a partir de ese momento, ya que esa revelación provoca pogo, cantos, gritos, lluvias de cerveza, en fin, un clima de fiesta y de celebración por el recorrido de cinco años y por este gran momento de la banda, aunque no lo sea para el país.

“Nos quiero echar la culpa a nosotros, por no haber resistido”, palabras más, palabras menos, masticando bronca, es el mensaje de un Larralde feliz pero contrariado, sabiendo que su banda le pone letra y música a la frustración de muchos, cuando otros en el rock hoy prefieren mirar al costado y no hacerse cargo del poder que tienen para incomodar a los que hoy están muy cómodos con su prepotencia.

Los Antiguos, grabando sobre el cemento de Buenos Aires en la primera de tres hermosas noches de verano, dicen lo que sienten y perciben esa enorme lealtad entre sus seguidores que se nota a simple vista, ya que en una gran mayoría, el público prefiere llevar una remera de Los Antiguos antes que una de Metallica, Maiden o Almafuerte. Se nota también cuando un tipo que ronda los 55 y los 60 años se apoya en el hombro de otro, mira al techo, se emociona y se desahoga coreando cada una de las letras, como las de La culpa al viento, Hecho a mi medida, Eslayer te va a matar, Te lo vengo diciendo o El inventor del mal.

El quinteto logra esa lealtad porque es un supergrupo sin delirios de estrellato y sin relaciones por conveniencia. Es un supergrupo porque se dejan hasta la última gota de sudor en cada riff de David Iapalucci y Sergio Conforti, en cada contundente caricia de Mow a su bajo, en cada golpe certero y contundente del Huija a los tachos y en cada estrofa cantada por la potente voz del Pato Larralde.

Tras una hora y media de rock con escuela de metal, como ellos mismos se definen en su bandcamp, Los Antiguos se van a descansar un poco y a preparar lo que viene, porque, por más balance, celebración y disco en vivo que haya, esto no termina acá.

Alejandro Panfil
Fotos: PH Sombra (archivo)

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