Güachos maduros y Elefantes de cumpleaños, el gran combo de la noche de Niceto [review]

Vuelven los guachos de La Plata y esta vez lo hacen con un nuevo disco bajo el brazo. En un Niceto prácticamente colmado de un público fervoroso y activo, los muchachos en cuestión desplegaron nuevamente su artillería de blues empastillado y psicodelia emotiva.

He venido repitiendo desde estas columnas que el de Güacho es quizá uno de los actos más interesantes de la escena rockera local, y su show -demasiado breve, maldición- no hace otra cosa que confirmar esta impresión. Luego de que exhibir un cierto agotamiento y pérdida de frescura en algunos de sus últimos shows porteños, la banda parece haber vuelto al gimnasio para retornar con la potencia y velocidad intactas. Los riffs precisos y punzantes y los climas de drama emocional siguen ahí, el blues eléctrico que se da espacio para visitar por momentos la larga tradición del rock de los noventas sigue ahí. Pero esos elementos que antes le daban su carácter distintivo a la banda parecen estar dejando paso lentamente a una nueva mutación. Güacho parece estar dando lugar a secuencias pop movido/disco baby disco que -oh sorpresa- pusieron a este cronista cervezal a ensayar algunos movimientos corporales rítmicos de los cuales es mejor no hablar. Volviendo sobre el tema, si ya con la andanada de poder rockero le alcanzaba a Güacho para posicionarse como un punto alto de la escena, con esta irrupción de frenesí rítmico lo que ocurre es que el show se convierte en una auténtica fiesta.

Es interesante que este aspecto, lo más novedoso de la propuesta de Güacho, no resulta evidente en su nuevo disco. Es posible que este cambio de dirección -cambio que, quiero insistir, complementa y expande la propuesta original-, tenga algo que ver con la aparición de un teclado en el line up de la banda. Las secuencias y los colchones logran expandir la experiencia hacia direcciones nuevas y muy interesantes -al mismo tiempo que recuperan un cierto sabor, me pareció, al Floyd de los 80’s o 90’s-. Esta expansión significa, en la práctica, no sólo la aparición de nuevos climas y ritmos, sino un verdadero cambio de sonido -el guitarrista apareció con una SG, su Tele anterior era más punzante y definida, siendo la SG, naturalmente, más pesada y grave-. Queda a gusto del oyente la evaluación del cambio -conservadores y progresistas existen en todas las líneas de la vida-, pero hay que experimentarlo para decidir. Vayan a verlos. No, en serio. Vayan.

La velada tuvo su continuación con el acto de Elefante Guerrero Psíquico Ancestral -nombre piadosamente acortado a Elefante, siguiendo la moda vigente de usar sólo el nombre de pila para presentarse-. El entusiasmo de la banda obtuvo su eco en el público, que festejó cada solo, cada arranque y cada riff. No era para menos. La banda festejaba sus tiernos primeros cinco años.

Y qué festejo! El tiempo pasado parece haber contribuido a consolidar un sonido y una propuesta. Yo mismo he afirmado en estas columnas que por momentos la banda parecía debatirse en direcciones divergentes que no llegaban a encajar muy bien entre sí. Como una exhibición de virtuosismo sin demasiado propósito. Pues bien, llegados a este punto, la dispersión adolescente parece haber dado paso a una intención definida y una orientación clara. Existe una conexión entre cada uno de los temas, amalgamados por un sonido coherente y pesado, que casi logra disolver los temas en un continuo sonoro pesado y embriagante. El elefante bebé se ha convertido en un elefante guerrero -psíquico ancestral-.

En este sentido, lo más notable es, curiosamente en línea con lo que pasa con Güacho, una notable consolidación en el sonido de la banda. No solamente en la calidad -esto nunca fue un asunto, de todas maneras-, sino en la identidad sonora que conviene a toda expresión madura. La banda suena compacta y decididamente pesada. Una sobria selección de temas que incluyó un invitado y alguna cosa nueva -hay, de hecho, un tema nuevo en Youtube, Ragnar Lothbrok, o Lothbrock, bueno el tipo de Vikings– permitieron apreciar la emergencia de un camino nuevo, al mismo tiempo una realidad interesante y una promesa de buenas noticias. Si esto sigue así, su próximo trabajo va a ser una locura.

Discos nuevos, festejos y fiesta rockera. Güachos maduros y Elefantes de cumpleaños. Todo eso y más en Niceto. Nota: la cerveza sigue siendo una mierda.

Luis Barone

Fotos: PH Sombra (archivo Brandy)

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