“No mires al cielo”: Cadena Perpetua tiene una historia de película

Y casi una hora después de la función, cuando entré a casa muerta de hambre y dispuesta a engullir los fideos tibios que me había dejado mi novio, me di cuenta de que todavía mis labios conservaban una sonrisa que no se borraría sino hasta que apoyara la cabeza en la almohada. No es ahora el momento ni acá el lugar para hacer gala de cuánto hace que Cadena Perpetua es parte de mi cotidianeidad, pero sí quisiera detenerme en una palabra que el Chino Biscotti repitió tanto en la película como en la charla de presentación: familia. Al igual que todas las familias, ésta se compone de un núcleo duro –el Vala, Edu y el Chino, claro– y se va ampliando a modo de espiral: Sam, que ya desde hace años se sumó a ellos con la viola, Gabi Kaufmann, el manager, Fer Álvarez, el sonidista, “Tato” Monzón, amo y señor del “rosquete”… y así hasta llegar a nosotros, los fans, que vendríamos a ser algo así como el infaltable tío borrachín que alegra la fiesta (si no es que la descontrola). Lo que pasó en el ND Ateneo este último miércoles fue, entonces, una reunión familiar, más precisamente un cumpleaños en el que en vez de embriagarnos con música en vivo, como solemos hacer, nos juntamos a ver “el video de la fiesta de 15”. Que quedó muy bien, por cierto. De hecho, excelente.

El evento que nos convocó estuvo dividido en dos momentos: la presentación y la proyección. Ninguno de los dos se caracterizó por la solemnidad, y eso lo agradezco infinitamente. Se dejó de lado todo tipo de protocolo y ceremonial innecesario. Nadie vino a vendernos la gran película del siglo ni una pretenciosa narración cuasi heroica, épica, de una banda argenta de punk. Condiciéndose con el espíritu que caracteriza a Cadena Perpetua y a su hinchada, la noche fue abriéndose paso ante nosotros de manera distendida, franca y hasta por momentos graciosa. De hecho, me atrevo a decir que primaron las risas.

Juan Di Natale, quien para mi grata sorpresa fue el encargado de conducir la breve pero divertida presentación de No mires al cielo. La película, estuvo piola y le preguntó a cada uno de los protagonistas qué frase ganchera le sumarían al afiche, regalándole a la prensa –tal vez adrede, tal vez no– un abanico de títulos posibles para sus respectivas reseñas. “Hazlo tú mismo”, improvisó Edu; “No nos tomen como ejemplo”, espetó, más prudente, Sam; “Una larga historia de amor”, propuso sensiblero Damián; “El bueno, el malo y el Chino”, bromeó Martín Metlikovec, director, guionista y muchas cosas más de este documental. Pero creo que fue el Vala el que dio en la tecla, no ahí, sino al comienzo del capítulo 1: “ganó un equipo de la B”, dijo. Porque aunque se refería puntualmente al show por los 25 años de Cadena, en definitiva, los 129 minutos que dura No mires al cielo son, de alguna manera, la crónica del camino a ese partido. No sólo la crónica de cómo una banda que no es de un género popular, y que ni siquiera está en el mainstream de ese género, llegó a jugar en las grandes ligas –nada menos que en el Luna Park– aquella noche del 15 de noviembre de 2015, sino también la de cómo unos pibes de barrio con la honesta ambición hacerse escuchar y abrir alguna que otra cabeza con su música cumplieron sus sueños sin traicionarse a sí mismos ni cagar a nadie en el camino. Y eso, precisamente, es ganarle a la A.

Los cuatro capítulos que conforman la película no se limitan a hacer lo que usualmente se hace en los documentales de rock: entrevistas, imágenes de archivo, más entrevistas, más imágenes de archivo… Obvio que tiene un poco de eso, pero además, acá se cuenta una historia. Y como toda historia, ésta tiene una trama más o menos compleja que hasta incluye un giro dramático que por suerte, para alegría de todos, se resuelve en un final feliz.

Por eso creo que es lo de menos tener que conocer desde antes a Cadena para poder disfrutar de la película. Está tan bien hecha –y no sólo a nivel técnico, que es impecable– que tiene la capacidad de convocar incluso a los que no son parte de esta familia. Desde luego, es probable que no imprima en las retinas y en la garganta de un auditorio forastero la misma emoción que a los cadeneros de pura cepa, porque recorrer su historia es también recorrer la nuestra, y ese es un privilegio que nos está reservado. Pero de todas formas, estoy convencida de que puede funcionar más o menos como funciona Anvil! The Story of Anvil, el documental sobre esos metaleros canadienses que nunca escuchaste pero a los que terminás queriendo darles un abrazo y decirles: “métanle para adelante que va, los banco”. Me animo a decir que el trabajo de Martín sin dudas tiene todos los ingredientes para lograr un efecto parecido.

No puedo decir mucho más de la película sin espoilear (gran palabra de nuestros tiempos que Edu admitió haber conocido hace sólo unos pocos días). Sin embargo, me gustaría retomar lo que alguien –no diré quién– dice, como al pasar: que nunca pudo ni, por motivos lógicos, podrá ver desde abajo del escenario un show de Cadena. ¡Claro! Nunca me lo había puesto a pensar, pero se están perdiendo de algo tan genial que hasta me da un poco de pena por ellos. Nada más que un poco, eh… porque lo que sí le toca vivir a ese núcleo duro es una experiencia que nosotros jamás tendremos (toda experiencia es intransferible, lo sé) y que de seguro compensa con creces el no poder vivir la nuestra. De hecho, recuerdo que cuando se anunció el recital del Luna Park –y acá hablo enteramente como fan, no como prensa– me encantó la idea y hasta me puse feliz no sólo por mí sino también por Cadena; incluso aquella misma noche, al verlos tocar entre eufóricos y conmovidos, creí compartir el mismo sentimiento. Nada más lejos. Recién ahora me doy cuenta de que no estuve ni cerca, de que no había entendido ni la mitad de lo importante que fue para ellos llegar al Luna. Porque atrás de ese evento hay una larguísima historia de empuje y de amistad –con todo lo que una verdadera amistad incluye– que lo resignifica todo.

Y lo que hace No mires al cielo es justamente correr un poco el telón del tiempo y dejarnos pispear ese entramado de sentidos. Tal vez la sonrisa con la que llegué a casa el miércoles, y que empieza a asomar otra vez mientras escribo estas palabras, en gran parte se deba a esa sensación de haber sido cómplice de una grata travesura. Pero está bien, nosotros también somos parte de la familia. Con nosotros no corre eso de “demasiada” intimidad.

Yoapocap

FICHA TÉCNICA:

PROTAGONISTAS: Hernán Valente / Eduardo Graziadei / Chino Biscotti

CO-PROTAGONISTAS: Santiago Almeida / Gabriel Kaufmann / Marcelo “Tato” Monzón / Fernando Álvarez / Diego Calatayud

UNA PRODUCCIÓN: UrrexFilms / Dispara Discos

PRODUCCIÓN: Gabriel Kaufmann / Martín Metlikovec

PRODUCCIÓN EJECUTIVA: Gabriel Kaufmann

EDICIÓN DE SONIDO: Martín Metlikovec / Nicolás Villafañe

EDICIÓN Y MEZCLA DE AUDIO EN VIVO: Nicolás Villafañe

DISEÑO GRAFICO: Gonzalo Duarte

ARTE & ANIMACIONES: Maríin Metlikovec / Chino Biscotti

DIGITALIZACIÓN Y TRANFER: Kovec Visuales

ENTREVISTAS & INVESTIGACIÓN: Martín Metlikovec / Diego Cáceres

MUSICALIZACIÓN: Kovec

MÚSICA ORIGINAL: Tema “25 Años” (grabado en estudios Happy togheter por Sebastián Quirno)

MARKETING & COMUNICACIÓN: María Peluffo

PRODUCCIÓN TECNICA LUNA PARK: Gonzalo Cabre

DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Martín Metlikovec

EDICIÓN: Martín Metlikovec

GUION: Martín Metlikovec

DIRECCIÓN: Martín Metlikovec

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