Bad Manners, Reincidentes y La Mojiganga animaron el Manizales Grita Rock 2017 [review]

Viajé por Colombia para ver un partido de fútbol. Viajé, obvio, por vacaciones. Viajé a varias reuniones sociales, carnavales, congresos estudiantiles, también por trabajo y por amor. En una ocasión viajé a desencontrarme. A perderme. Y lo logré en 14 días con sus respectivas noches. Hasta que me vi masacrado por mosquitos en una hamaca de medio centavo en Palomino y, días después y completamente desahuciado, errando por Maicao. Una vez viajé a un funeral: primero me fui a la mierda, a despedir al querido fiambre bajo el cielo que lo había arropado siempre, y después caí en su funeral. Desprovisto de dolor. Viajé y viajé, sí, pero nunca se me ocurrió hacerlo por música. O bueno sí, una sola vez, pero mi bolsillo de bachiller no daba ni siquiera con lo mínimo. Hoy me arrepiento. Los Ilegales nunca más volvieron a Colombia y me quedé sin dar oídos a la narcótica Yo soy quien espía los juegos de los niños.

A mi Whatsapp llega una imagen. Un gordo –gordo y calvo- expone su larga lengua con sus sanguíneos ojos bien abiertos. Tras su imagen un telón de cuadros blancos y negros. Mi dedo pulgar oprime la jadeante lengua del gordo. La imagen se amplía. Puedo ver las papilas gustativas del gordo. Bad Manners en Colombia –dice-. Paso saliva. Una. Dos veces. Me dirijo a la letra menuda: Manizales Grita Rock 2017.

Es una broma. Indudablemente. Que Bad Manners venga a Colombia y no pase por Bogotá: es imposible. Corroboro la información. Aquí. Allá. Me entero que están de gira por Latinoamérica. Me como todo el video del recital en Niceto (Buenos Aires). Vuelvo a pasar saliva. Parece ser cierto. Real. Nada es más posible que lo ilógico. Lo absurdo. El cartel de Manizales está confirmado –me dice una amiga que extrañamente conoce a uno de los productores del evento- y tan solo vale 5 lucas (2 dólares) –añade-. Naturalmente, el cartel era largo, como el de cualquier festival, pero para mí bastaba con un pequeño fragmento del mismo: La Mojiganga (1995, Medellín, Colombia), Reincidentes (1987, Sevilla, España) y Bad Manners (1976, Londres, UK).

Escribo a mi gente con la buenísima nueva. Todos, sorprendidos –e incrédulos-, asienten. Un mes antes del evento firmamos la asistencia con una muy retozona y adolecente despreocupación y, por supuesto, con una buena chispa de seriedad treintañera. Nos faltó pasar por la notaría. En serio. Quedar mal era la muerte: Buster Bloodvessel, el gordo y skinhead más Two Tone de todo el Reino Unido –y quizá de la historia del ska-, no perdonaría que después de 20 años de coros, bailes y borracheras alentadas por su alborozada voz, no fuéramos a verlo. A celebrarlo.

Salimos el sábado 14 de octubre a las 4 de la mañana: 3 autos, 12 personas. 294 kilómetros, 8 horas de viaje. Dejar atrás el altiplano, descender al valle del magdalena medio, entre las cordilleras central y oriental. Pasar de los bogotanos 8° de temperatura a los imposibles 36° de la histórica ciudad de Honda, para después volver a subir a los eternos y góticos 15° manizaleños. Curvas y más curvas, divertidas, mareadoras y muy peligrosas.

14hs. Llegamos a una pensión estudiantil que parecía más una rancia prisión: oscura, sucia y húmeda. Lo barato, como todos sabemos, sale más que caro. Almorzamos, medio descansamos en camas y colchones polvorientos, compramos cerveza y aguardiente local, presenciamos una cabalgata liderada por terratenientes y nuevos y dudosos ricos que se dirigían al matadero inmundo ese llamado plaza de toros y, al atardecer, sin más que expectativa, directo para Expoferias: lugar elegido para realizar la decimosegunda versión del festival de rock más grande del occidente del país, cuyo concepto y cartel estaba inspirado en “ese bosque nublado, húmedo, que combina diversos matices de verde y gris, y que caracteriza nuestras montañas, encierra también un aura de misterio, mitos y leyendas de nuestros ancestros que se desarrollan allí. Seres fantásticos que nos vigilan desde lo más espeso, abrigados por las sombras. El Bosque de Niebla es un ser único, vigilante, protector pero amenazante al mismo tiempo, nos cuida si cuidamos de él, pero que también puede volverse en contra nuestra si no le respetamos”. Manizales Grita Rock 2017 se elevó, así, como un homenaje a la fragosa y plomiza topografía cultural de la región alta cafetera.

18hs. Vamos embutidos en un colectivo que intenta circular por una ciudad que está celebrando su cumpleaños número 168. Fiesta por todos lados. El trancón es monumental. Deplorablemente bogotano, si se quiere. El colectivo es un bar. Un punk-bar. Las botellas y los cartones van y vienen, de boca en boca. En 30 minutos de cortos avances y prolongadas paradas mi paladar habrá probado unos cuatro licores distintos. Decidimos bajarnos y caminar presididos por una apacible borrachera. Nos perdemos en la turba hasta llegar a la entrada del lugar, que permanece henchida de gente. La mojiganga empieza a tocar. Esperamos nuestras acreditaciones. Nunca llegan. Alguien forcejea. Empuja. Presiona. Una puerta se abre, algunas vayas y cuerpos se caen, la gente es un solo monstruo que avanza sin piedad. Soy una víscera de la gran bestia que no puede pujar en dirección contraria y tampoco tendría por qué hacerlo. El azar se respeta. Después del incidente quedamos alegremente situados frente al escenario. Ninguna acreditación podía ponernos en mejor lugar. A nuestras espaldas 12 mil almas. La Moji explota: “No queremos servicio militar, no prestamos servicio militar”.

La Mojiganga fue la banda que me hizo sellar varias de las amistades que me acompañarán hasta la tumba: cerveza, ron y una buena canción a mis amigos en esta mesa… Gritamos, millones de veces. Su ska-core hace parte de mis reminiscencias más tempranas en cuanto a rock colombiano se refiere. La primera vez que la vi en vivo debió ser por allá por el 2000 y, desde entonces, cada vez que puedo voy a verla y me rompo las piernas y me quedo afónico. En 45 minutos recorrieron sus 22 años, tocando lo mejor: casi todo el Señalados (1999), lo mejor de Estúpidas Guerras (1996) y No Estamos Solos (2001). Es una banda que juega de local a donde quiera que vaya. Su música es rápida y puntual, no da vueltas para establecer radicales y lujosos cambios de ritmo. Los metales resplandecen con sus sagaces cadencias, las cuerdas transitan -inmejorablemente- haciendo equilibrio entre la afilada distorsión y la pulcra melodía, la batería tiene un censor de velocidad que juega con las pulsaciones del escucha y la voz es tan rasgada, tan disgregada, como un altivo grito de guerra. Relajación, Contra la Pared y Otra Noche Más fueron los puntos supremos de la presentación. El mejor abrebocas para lo que se venía.

Cuando Reincidentes saltó al escenario Expoferias estaba a reventar. La entrada de público ya se había suspendido y los cerros aledaños al predio servían de gradería a todos los que se quedaron por fuera. La banda andaluza pisaría por segunda vez el país, después de su visita a Bogotá en 2015. Con su presencia en el cartel la organización aseguró el viaje de muchas personas no sólo de la capital, sino también de ciudades muy rockeras como Medellín, Ibagué, Cali y las aledañas Pereira y Armenia. Su show fue muy discreto y estuvo cargado de consignas revolucionarias, un viejo cover de Silvio Rodríguez y menciones y lisonjas a procesos sociopolíticos latinoamericanos. Sin embargo, el público supo agradecer la visita cuando apuraron los monumentales himnos ¡Ay! Dolores, Vicio, La Republicana, Aprendiendo A Luchar y Un Día Más. Expoferias se cubrió de polvo y la crestamenta quedó satisfecha, con sus botas bien puntiagudas y sus pómulos bien inflados.

Y el momento más esperado llegó. Buster Bloodvessel y sus 8 músicos pusieron a bailar a todo el mundo. Sus atuendos deportivos y playeros fundaron una ficción de camaradería y festividad en medio de la noche. Y ni hablar de la calidad sonora que abanderaron. Bad Manners es potencia real, movimiento rudo, crudeza, liberación pura. Empezaron con la clásica This Is Ska y el show, desde entonces, agarró una autonomía excepcional. Inenarrable. Con My Girl Lollipop y Lorraine el enlace emotivo se hizo absoluto. La ininterrumpida y vetusta voz de Buster no dio tregua y su larga lengua dejó de ser un mito para convertirse en el símbolo central de la presentación. Los vientos fueron casi que filarmónicos en Just A Feeling e Inner London Violence. El delirio sobrepasó tanto a los músicos que ellos mismos se animaron a proponer jocosas coreografías, haciéndose bromas entre sí y desternillándose de risa. Bad Manners es una banda fiestera, pero su trabajo es serio y minucioso. La sincronía es marca de la casa y pareciese que no conociera la palabra error. Verdaderos clásicos del ska mundial como Special Brew, Fatty Fatty, Skinhead Girl, Skinhead Love Affair, Ne-Ne-Na-Na-Na-Na-Nu-Un y el cover de Frank Valli Can’t Get My Eyes Off You hicieron lo suyo, hechizando a algunos y desencajando a otros. Felicidad absoluta. Impoluto cansancio. Larga vida al ska.

“Los viajes siempre son una excusa. Para explorar por fuera o por dentro”, escupí alguna vez, cuando volví a ver una montaña después de larguísimos tres años de “planura” (entiéndase la mezcla entre planicie y llanura). “Todo viaje es un regreso. Y un refugio. Los viajes tienen la dualidad camaleónica de aclarar, así como también la porfiada potestad de obnubilar. Luz y sombra. El viaje es tan liberador como peligroso: es muy fácil entrar en él, pero muy embarazoso dejarlo. Su camino es un límite fronterizo entre las dos hojas de una cuchilla que bien puede proteger y amparar tanto como escindir o escarmentar sin miramiento alguno.” Lo que había escupido en una rubicunda servilleta, se convirtió rápidamente en vómito: la bilis –mi bilis- refulgía en una apolillada libreta. Volvía al viaje, físico y conceptual, narcótico y alcohólico, amiguero y, sobre todo, musical… Ahora, la vuelta. Volver a bajar para volver a subir. Llegar, y antes de volver a partir a no sé dónde, anotar que si hay un motivo más para viajar, que ese motivo no sea otro que el rock and roll. Salud!

Texto Gio Jaramillo y fotos Dahian Cifuentes (Bogotá, Colombia)

Comments

  1. tuve la dicha de presenciar todo lo descrito en esta minicronica, y déjeme decirle que todo lo que escribió lo presencie y sentí igual que como lo refleja usted, jamas me imagine esas tres bandas en una sola noche, sin dudas una noche muy magica y psicodelica, sorpresas que da esta tierra de montañas.

  2. m

Dejá tu mensaje

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: