Lendakaris Muertos: el panda punk cerró su gira en el Salón Pueyrredón [review]

Para un sub 40, el esfuerzo de una doble función de sábado, ya habiendo tenido acción en otro recital a unas pocas cuadras de allí (Niceto, viendo a Cadena Perpetua, Los Antiguos y Bandera de Niebla) se empieza a sentir en todos los rincones de su humanidad, pero el acceder a un bonus track de lujo que no se da todos los días tiene sabor especial y por eso evale la pena.

Y ese esfuerzo se debe a que finalmente el Pandamerica Tour de Lendakaris Muertos ha llegado a la Argentina y, luego de tener furiosas noches en Adrogué y Morón, es tiempo para una madrugada punk más, pero ya en el mítico Salón Pueyrredón, en el marco de la Fiesta Radikal y tras la apertura por parte de esos viejos guerreros que integran El Sepulcro Punk.

La banda del Batra, en primer lugar, no solo toma el escenario para hacer honor a su condición de inmejorable anfitriona (además de ser los dueños de casa), sino que además repasa lo mejor de su carrera con una mueca de desilusión, por lo que se vive a diario a fuera en este país que no escarmienta, pero con el orgullo de mantener durante 25 años el mismo compromiso con la lucha. Sí, porque lo dicho en 1992 tiene vigencia en 2017.

Y luego, ya en la madrugada profunda, aparecen desde Pamplona, Aitor, Jokin, Potxeta y Joxemi (ex Ska-P). Estaban anunciados para la una de la mañana, pero ya que se está ahí, se espera un poco más y listo. Tocan finalmente a las tres, pero la tardanza no es algo que vaya a aminorar su habitual energía en los escenarios. Están afilados. Vienen de girar por Estados Unidos, México, Colombia y Chile. Y en Buenos Aires, última escala del tour, se sienten “como en casa”, como dice Joxemi, o “a gusto”, como repite frecuentemente Aitor.

Con el envión que traen y la adrenalina por las nubes, en alrededor de una hora dan todo de sí con su punk acelerado e irónico que no deja a nadie sin poguear y subirse a cantar al menos una estrofa. En ese tiempo, se tocan un puñado de veloces canciones de Cicatriz en la Matriz, su último disco salido el año pasado, entre ellos Tenemos a la pasma, Sin embargo te quiero (“Se acabó el amor, me abandonó mi mujer por culpa del embargo del banco Santander) o Nunca más volverás a aplaudir en un avión.

Si bien su nombre está inspirado en los Dead Kennedys (Lendakari: presidente de la comunidad autónoma del País Vasco) y el propio Joxemi lo ha definido como un “punk más cabeza”, su particular sentido del humor e ironía también los linkea con los Siniestro Total y los NOFX. “Somos machos ibéricos, y para llorar necesitamos dos años y medio de terapia”, es el modo de Aitor de agradecer el “olé, olé, olé, Lendakaris, es un sentimiento, no puedo parar”. Sobradas pruebas hay de que tanto ellos como el público están en su salsa. Todos, absolutamente todos, están a gusto. Y la banda, por más cuesta arriba que sea la vida del músico punk, intentará darse otra vuelta en breve.

Sobre el final, y para ir fidelizando la cosa y “ganarse a la peña”, se toman un minuto para repartir unas calcos de la banda con el clásico panda, porque esta visita ya es historia, y hay que preparar la próxima.

Alejandro Panfil

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