2 Minutos y Los Espíritus, la tonada argentina para el cierre de Rock al Parque [review]

El tercer y último día abrió con Sin Pudor, una banda punk bogotana con tres enérgicas y contestatarias mujeres al mando. Letras anti muchas cosas y una espléndida dureza que desmitifica la imaginería predominante del rebelde punkie varón.

Después de la lección femenina, era el turno para 2 Minutos, la legendaria banda de Valentín Alsina que este año está cumpliendo tres décadas a punta del punk-rock más visceral. Un horario poco usual para una banda de tanta trayectoria, pero ellos tocaron igual, con el mismo corazón, como si estuvieran en el patio de su casa. Un show normal, acostumbrado, sin nada novedoso pero, afortunadamente, colmado de ese ruido acuciante y maquinal que todo lo vuelve pogo. Salir a tocar y fulminar los cuerpos es lo que mejor saben hacer. Pablo invitó a la concurrencia a que no se peleara en Rock al Parque ¡gran gesto! Pero después añadió que si se querían matar que lo hicieran lejos, en el estadio o en los barrios. Uno no sabe qué pensar. Mosca flasheaba con los aviones que surcaban el cielo capitalino y varias veces hicieron referencia a la tristemente afamada cocaína colombiana… Los esperadísimos 2 Minutos llegaron, levantaron el polvo y se fueron.

Los Suziox, de Medellín, siguieron adelante con el escenario consagrado al punk. Sus letras, completamente politizadas, ya hacen parte de la memoria de los amantes del género y la tenacidad de su estilo resulta sumamente inconfundible, con claros predominios de la huraña movida vasca liderada por Eskorbuto, Cicatriz y RIP. Crestas iban, crestas venían, puños y patadas y ceños fruncidos. Los punkies bogotanos se gozaron su cuarto de hora.

Panteón Rococó llegó a Rock al Parque por tercera vez. Los mexicanos colgaron banderas del EZLN y del club de fútbol alemán -con adherencias anarquistas y contraculturales- St. Pauli. Su mensaje unificador y anti racista es contundente. Con sus letras hacen gala de un compromiso social e ideológico altamente movilizador y claro, su música es una fiesta, quizá la más sobresaliente de los tres días. Bailar, gozar, brindar, ellos no dejan otra opción. Solo un corte imprevisto de luz interrumpió el jolgorio ska propuesto por Panteón Rococó y sus populares “Dosis Perfectas”.

Montaña, de la convocatoria distrital, fue una verdadera revelación. Música atmosférica, cinemática, con narrativa instrumental. Una banda que se la ha jugado por elaborar su música. Son artesanos y, aunque su influencia más directa es Explosions in the Sky, no hay una fusión, sino más bien un dialogo horizontal que deja muy bien parada a la banda bogotana con respecto a sus homólogos de Texas.

Los Espíritus son uno de los secretos mejor guardados de la escena emergente argentina. Desde La Paternal trajeron una experiencia valvular para calentar la fría noche bogotana. Hay quien dice que son rock indie, blues, psicodelia, country, funk, cualquier cosa que suene a trance, a viaje, a ritual, a mística. Los comandantes de esta nave sideral son Maxi Prietto y Santiago Moraes, dos espíritus serenos, con voces de duendes que elevan su música a un tiempo sin tiempo. A un espacio sin espacio. La percusión de Los Espíritus camina, aritméticamente extraviada, sobre estadios mentales y sucesiones emocionales salvajes. Nadie en el escenario Bio fue ajeno a esta determinación rítmica. Celeste. Intrigante. Y ni hablar de la lisergia guitarrística. Hace menos de un mes lanzaron en Buenos Aires su tercer disco Agua Ardiente y vinieron a presentarlo a Rock al Parque. Definitivamente, un acierto por parte de la curaduría del festival.

Las empoderadas: Muchas bandas compuestas por mujeres coparon los escenarios de esta versión del festival. El sonido corrosivo de Nervosa y su riguroso thrash brasilero. El diamante melodramático chileno llamado Mon Laferte, con su sorprendente pop-rock-bolero. Las Catfish de Francia y su provocador Indie, La Santa Cecilia de Estados Unidos, Lucrecia Dalt y Salt Cathedral (ganadoras de la convocatoria colombianos en el exterior), Las locales de Las Póker, Sin Pudor, Ismael Ayende y La Vodkanera, entre otras. En total 17 bandas que demuestran no solo la apertura del festival en temas de igualdad de género, sino que también exponen el interesante empoderamiento femenino que está cambiando el mundo y que, de paso, está salvando al rock.

Rock al Parque 2017 lo cerró el puertorriqueño Robi Draco Rosa. Como escribiera un amigo en alguna red social: el chiste se cuenta solo. Las estadísticas estiman que este año asistieron al festival aproximadamente unas 300 mil personas. Bueno para algunos, malo para otros, no importa. Quedan muchos más. Rock al Parque es patrimonio de la ciudad y debe ser cuidado, valorado. Más en estos tiempos en que las manos negras privadas todo lo quieren sujetar.

Texto: Gio Jaramillo

Fotos: Dahian Cifuentes

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