Bob Dylan. La biografía: Sounes vuelve a quedar en off-side

Acaso la mejor solución para abarcar la figura de Bob Dylan en un único relato (visual, oral o escrito) sea la que intentó Todd Haynes en I’m not there (2007): seis actores/actrices representando variaciones ficcionales sobre las diversas facetas de la vida y la obra de un personaje que llevó (y continúa llevando) hasta las últimas consecuencias el ideal del movimiento perpetuo. En la escena final de la película, justo antes de que empezaran a desfilar los créditos, podía verse una imagen de archivo de Dylan, mientras sonaba de fondo una canción que se creía perdida y que apareció casi de casualidad en cintas que Neil Young tenía guardadas en su archivo: Dylan y The Band en 1966, cantando en el sótano de una casa en Woodstock la canción que inspiraría a Haynes ese título que logra capturar perfectamente la figura de alguien imposible de atrapar.

Y “no estoy ahí” debe haber sido la frase con la que Howard Sounes soñó desde que publicó en 2001 su Down the Highway. The Life of Bob Dylan que ahora, en flamante edición ampliada, llega a la Argentina con el título de Bob Dylan. La biografía (Reservoir Books). Lanzado cuando Dylan cumplía 60, el libro de Sounes se presentaba como la biografía definitiva, la que había logrado abrir puertas que parecían cerradas para siempre, si es que alguna vez había existido una puerta. La que revelaba que Dylan tenía una hija, Desirée, fruto de su unión (otra revelación del libro) con Carolyn Dennis, una de sus coristas. La que lograba quebrar el manto de silencio de los compañeros de ruta de Dylan en sus giras interminables. La que, entre revelaciones dignas de WikiLeaks acerca de las ganancias y pérdidas y juicios de divorcio y litigios por derechos de autor, mezclaba datos curiosos pero irresistibles como Dylan cantando en un mitín en apoyo a Salvador Allende o Dylan a punto de morir asesinado en Londres, salvado a último momento por miembros de The Clash y de los Sex Pistols que le arrebataron el cuchillo de las manos a un Sid Vicious más vicious que nunca mientras Dylan pensaba probablemente -y seriamente tal vez-aquello de “no future”.

Y Dylan está y no está en la biografía de Sounes, porque justo en el momento en el que el libro aparecía el cantante iniciaba una nueva reinvención, se probaba una nueva máscara para salir a la ruta y, además de nuevos discos, nuevas giras y nuevas canciones, estrenaba un programa de radio y publicaba en primera persona el primer volumen de sus memorias. Y Sounes agrega un nuevo capítulo a su versión aumentada de su biografía, y se descubre en la piel de ese cazador que creía haber atrapado a su presa y que de pronto se encuentra atrapado en sus propias redes. En ese último y añadido capítulo de Bob Dylan. La biografía, que abarca los años 2001-2006 y que ya quedó, una vez más, en off-side, el autor suena casi despechado, como enojado con su personaje, que finalmente decide cobrar vida propia y dar entrevistas, filmar documentales, protagonizar películas y (¡horror!) escribir sus propios libros. Un final anticlimático, que parece escrito más por un mandato profesional (estar siempre actualizado, pulsar F5 para refrescar cada página), algo imposible cuando aquel a quien se persigue es un artista de la huida.

Lo mejor del libro de Sounes es su impresionante documentación: probablemente no haya investigación más exhaustiva acerca de la vida privada, pública, familiar, artística y profesional de Dylan. El principal problema es precisamente el modo en el que el autor informa, cada vez que encuentra alguna pepita de oro escondida en el fango de lo cotidiano, que merece nuestro aplauso después de semejante esfuerzo. En varios momentos Sounes escribe que lo que estamos leyendo es algo revelado por primera vez “en este libro”, como si la primicia de un portal de noticias tuviera algún sentido en más de seiscientas páginas con espíritu de enciclopedia. En general, cada vez que Sounes se nos presenta en primera persona para juzgar su obra (“¡esto lo descubrí yo!”) o, peor aún, para juzgar a sus personajes (“Bob trató muy mal a Joan Baez, pobrecita”), la sensación es que está derramando deliberadamente una taza de café sobre su mesa de trabajo. Bob Dylan. La biografía es un relato fascinante por dejarnos asomar a los detalles de un personaje elusivo y genial, pero a veces parece contado por alguien demasiado consciente de las cartas que tiene escondidas en la manga.

Aunque tal vez haya que agradecerle a Sounes que, apenas salió publicado su libro, Dylan decidiera finalmente dejar ver las suyas.

Y las cartas de Dylan son muchas, y todas son un comodín.

Lalo Lambda

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