Las Bodas Químicas: “No tenemos ganas de cantar boludeces” (Entrevista)

Son las ocho de la noche de un día atípico. Las calles están semivacías y por eso se cae en la cuenta de la huelga que paralizó a la ciudad y que tuvo como consecuencia visible el cierre del bar acordado para el encuentro con Nicolás Daniluk, baterista de Las Bodas Químicas, banda que tiene su precuela llamada The Keruza.

Les gusta experimentar pero ser concretos. Son inquietos pero lucen serenos y maduros. Por eso, las ganas de captar más oídos no los confunden, ya que tienen bien en claro que perseguir la masividad a toda costa está muy lejos de lo que ellos pretenden, que es proteger el hecho artístico.

Ya con una segunda opción de bar, se enciende el grabador y arranca la entrevista con Brandy con Caramelos. “Las Bodas Químicas es la eterna búsqueda”, definirá Nicolás cerca del final de la charla. Y en estas líneas entenderán el por qué.

-Ya desde el nombre de la banda apuestan fuerte. Llamarse Las Bodas Químicas no es para cualquiera…

-¿Apostar fuerte por el nombre decís? Estábamos buscando indagar para adentro de verdad, el por qué quiero hacer música, por qué quiero cantar, qué es lo que me pasa, qué me gustaría…y en esa búsqueda encontramos un nombre como Las Bodas Químicas que tiene esta cosa de la búsqueda. La boda química es la unión de los polos, aceptar lo supuestamente malo y lo supuestamente bueno de cada situación. Y hay una boda química, una situación donde se completa un elemento más allá de su diversidad y eso nos representa en la música también. Lo que buscamos es que nada nos ate. Aceptamos las polaridades, el lado más oscuro y el lado más luminoso, pensamos que no siempre uno tiene que estar enojado y que no siempre uno va a estar contento. Queremos aceptar eso y tratar de transformarlo en una expresión artística sin caer demasiado en los rótulos lógicos. Me parece que esa búsqueda queda bien resumida en el nombre del grupo.

-A la banda se le notan influencias variadas pero a la vez se percibe mucha personalidad en su estilo, ¿de dónde vienen las principales influencias?

-En esta búsqueda de ser sinceros nos sale la música que mamamos cada uno por su lado y también conjuntamente, además de los viajes que hemos hecho y las distintas experiencias. Principalmente yo escucho gente muerta. Me gustan los bluseros viejos, los jazzeros viejos, la música clásica. La música que está viva hoy me entra por otro canal y no me importa demasiado. La cultura rock es una gran antena que absorbe de todo y la música nuestra no se alimenta solo de música, se alimenta de cultura en general, hechos históricos, revoluciones…

-Hablaste de cultura rock, y a propósito de eso, ¿cuál es el lugar del rock hoy, desde una perspectiva de contracultura, de pararse siempre en la vereda de enfrente e incomodar?

-Sin dudas se ha modificado y se ha ampliado, por eso digo lo de la cultura rock. Yo creo que el rock ya no es un género musical específico. El rock and roll es la música, pero el rock me parece que es una antena que absorbe de todo. Actores y escritores son rock también. Y en algún punto me parece que está bueno que sea así y no posicionarse en un lugar en el que estoy defendiendo una contracultura de por sí. La contracultura fue comprada por la cultura y lo ves hoy a nivel comercial cuando hay ropa de bebé con los Ramones. ¿Qué significa? ¿Es una cuestión estética? ¿Una simbolización de la búsqueda de cierta cultura de molde y nos vamos como metiendo en nuestros propios moldes? El rock más rompiente y revolucionario es el punk, más allá de los Beatles y los Stones y los conflictos que generaban con la clase conservadora norteamericana e inglesa, que se volvían locos porque tocaban esos pelilargos. Me parece que la cultura rock va por ese lado, absorbiendo toda cosa que rompa. Nosotros no tenemos ganas de cantar boludeces y sí tenemos ganas de decir cosas sencillas, pero no mundanas y superficiales. Creo que eso es rock. Ser sincero y no guardarse cosas es revolucionario.

-Cuando decías que escuchás gente muerta, ¿es un ejercicio para liberarse de las tendencias a la hora de hacer música propia?

-Respeto mucho a Julián Desbats, a Las Diferencias, nos conocemos desde hace tiempo, pero como concepto, a mi entender, me parece que por la forma en que llegué a la música, cuando descanso escucho gente muerta y después le presto atención a lo actual, que es algo de lo que también se alimenta nuestra música.

-Es muy difícil en la Argentina no “sonar a” y ustedes no “suenan a”… ¿Es difícil componer cuando hay tantos estilos estandarizados y replicados en el país?

-Me parece que la fórmula es la respuesta anterior. Realmente a mí siempre me ha gustado mucho la música nacional, que ha sido una usina inmensa sin dudas. Si hablamos de cultura musical nacional tenemos una expresión muy saludable para la música en sí y el rock también. Pero me parece que está bueno estar atentos a la diversidad. La gente tiende a nuclearse en círculos que hablan de lo mismo, por eso en la música no está bueno estar siempre en un mismo entorno. Yo fui a un montón de lugares que siento propios, como el Salón Pueyrredón o el Zaguán, pero hay que estar jugando con otra cosa también, liberarse del gueto y no condimentar siempre con lo mismo.

-Trabajaron con Ale Vázquez, justamente un productor que tiene la cabeza bien abierta por haber producido a bandas como Carajo, Massacre y Las Pastillas del Abuelo, ¿cómo es laburar con él y qué es lo que él trajo de nuevo a la banda para redondear un disco como Juguete de Troya?

-Lo bueno con Ale es que trabajamos de una manera muy conectada desde el momento uno, porque cuando uno tiene que contactar a una persona que no conoce se generan situaciones lógicas de etapas de conocimiento. Y con Ale hubo una comunicación muy directa y el entendimiento musical fue directo. Él estaba haciendo muchos discos en ese momento, incluido el de Las Pastillas y el de Salta la Banca, y en los descansos de esos discos hicimos el nuestro. Nosotros somos medio productores, no digo que hayamos producido discos, pero siempre estuvimos cerca de eso, de saber hacerlo y querer hacerlo, y trabajar con alguien fue buenísimo: hubo una conexión orgánica inmediata y él vio que el grupo ya tenía su esencia y nos ayudó a desenroscarnos. Hubo mucho juego en el estudio, en tres sesiones tocando en vivo y jugando un poquito con las canciones que ya estaban hechas. Y hay una frescura en este juego que propuso Ale, como que nos dio más aire. Las canciones se potenciaron y encontraron fluidez.

-En tiempos en que muchas bandas ya han comenzado a grabar los discos en sus casas, ¿cómo ves el lugar del productor hoy a nivel general?

-Yo creo que está bueno el rol del productor independientemente de la estructura. Es sabido que hay diferencias astronómicas entre los costos de grabar en un estudio “primera A” y grabar en tu casa, pero después está la canción, el arte y lo que se expresás, y la producción artística es justamente trabajar las canciones, sacarles la mugre y encontrar lo que quisiste decir de una manera más lineal, con menos ruido en el medio, sacar neurosis para transmitir mejor. Y eso está buenísimo buscarlo siempre con alguien más, recurrir a la mirada ajena.

-¿Cómo preparan un show de Las Bodas Químicas? ¿Son quisquillosos o espontáneos?

-Tratamos de ser espontáneos siendo quisquillosos. Pero bueno, creo que el show de Las Bodas Químicas tiene una entrega físico emocional que, sin estar saltando con arneses de un lado al otro y sin hacer acrobacias, hay mucha entrega y disfrute de las canciones.

-¿El éxito es un River lleno o tener una banda con amigos?

-Eso le hace mal a la música. Si lo que uno hace conmueve a la gente y cada vez son más los que escuchan lo que hacemos lógicamente va a tener cierto grado de satisfacción, pero lo que me preocupa son los artistas que caen en construir su obra a partir de esa pretensión. Eso es de lo que hay que protegerse, porque es una trampa del sistema y hay que tratar de mantenerse al margen.

-¿Cómo definirías a Las Bodas Químicas?

-Las Bodas Químicas es la eterna búsqueda.

Alejandro Panfil

*Las Bodas Químicas presenta Juguete de Troya este viernes 14 de abril en The Roxy. Invitados: Las Diferencias y Julián Desbats.

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