Stargazer Lillies, Pale Dian y una batalla no deseada [review]


Uno a veces se inclina a pensar, sobre todo si mira mucha televisión, que el horizonte estético argentino se limita al post-rock-chabón y a cuarenta uruguayos tocando cumbia para chetos. Pero no. Hay vida porteña en Enero, y la muy interesante propuesta de música alternativa de los Martes Indiegentes lo confirma.

Como la música alternativa no es lo mío, llegué a Niceto provisto de los prejuicios burdos y simplificados que caracterizan a cualquier metalero situado en, bueno, prácticamente cualquier situación que no involucre gente enojada gritando cosas que mucho no se entienden. De modo que lo que esperaba era música pop cantada medio sin ganas por gente con remeras fucsias o beige o algo así. Medio que le pegué, pero adivinen, hay más!

Lamento profundamente haber llegado sobre el final de Riel. Me quedó la impresión de que pudo haber sido uno de los puntos fuertes de la noche, y de hecho varios de los presentes no dudaron en emplear la palabra “sensacional” para describir la performance del dúo. Tuve que ir a su Bandcamp para confirmar que realmente tienen algo entre manos. Las canciones no son muy novedosas, es cierto, pero están diseñadas con mucha sensibilidad y la ejecución es, a la vez, potente y delicada. Interesante.

Siguiendo al dúo llegaron los veteranos de Altocamet. Más allá de las melodías minuciosamente construidas, se nota el cuidado en el manejo de la dinámica -tómese el impecable Los Dos, de su disco Más Allá (2014), a modo de ejemplo-. Las letras resultan también interesantes, aunque no me considero un connoisseur en la materia. Hay un uso musical de las palabras que combinan con los giros de las canciones que revela, otra vez, una búsqueda artesanal en la composición. Tómese otro ejemplo de Más Allá, la canción Aurora Boreal: “Te dije, si es tan frágil este amor/ se quiebra ante el primer obstáculo /me dije, tendrás lo que no tuviste / haciendo lo que nunca hiciste. Lo sé, no es espectacular, pero tenés que escucharlo en el contexto de la canción”. Ah, es otra cosa amigu.

Las dos bandas que completaron la grilla del escenario B, Niños del Parque y Asalto al Parque Zoológico -espero que no se refieran al mismo parque, no peleen chic@s-, tienen propuestas interesantes, recostándose sobre el lado más ruidoso del espectro. Incursiones noise y psicodélicas -esto último especialmente en el caso de Niños del Parque– sonaron especialmente sorprendentes en una sala pequeña que, además de sonar muy bien, permitía una proximidad más grande entre banda y público.

Y acá es cuando empiezan los problemas. Pale Dian tiene una propuesta muy interesante. Tienen un punto muy fuerte en la generación de climas emotivos y solemnes con capas de sintes sobre bases más bien mecánicas. Por encima de todo esto, la voz por momentos etérea de la cantante Ruth Smith logra conmover. ¿A qué suena? Su descripción de Spotify es muy elocuente: fusionan elementos de post punk oscuro con shoegaze etéreo. Y si, es más o menos eso. No sé, fijate.

Dije que con Pale Dian empezaban los problemas, y el problema es que todo este arsenal musical funciona si suena bien. Diría que Pale Dian pudo presentar su propuesta sin demasiados problemas, pero estrictamente hablando, NO sonó bien. Es más, uno tenía que imaginarse por momentos por dónde iba la cosa, porque lo que bajaba del escenario era una confusión sonora inarticulada. Dicho esto, la banda me pareció de lo más interesante de la noche, y me alegra haberlos encontrado.

Si con Pale Dian empezaron los problemas, con Stargazer Lillies la cosa se terminó de ir al carajo. No es una novedad que Niceto está sonando bastante mal últimamente, pero nunca había llegado al punto de que la propuesta resultara inescuchable. Y si, lo quiero decir otra vez: el escenario principal sonó como el orto. Espantoso, horrible, como Roberto Galán hablándote de cerca por la mañana. No tengo mucho para reportar de una banda que no pude escuchar.

O sí, porque después la cosa se arregló un poco -nobleza obliga-. En cualquier caso, ya estaba bastante sesgado por la impresión inicial y por lo malo que es el violero. En cualquier caso, me sigue pareciendo una buena banda, que de hecho se encuentra más cercana a mis afinidades musicales iniciales. Se trata de una banda con clara inclinación psicodélica que explota muy bien los climas desérticos y las exploraciones espaciales controladas. Es una pena que por estos detalles su propuesta no haya podido ser expresada con justicia.

Más allá de todo esto, creo que en general la movida de los Martes Indiegentes resulta sumamente interesante, especialmente para quienes -como yo- gustan de explorar avenidas musicales novedosas en un contexto que, aunque requiere algunos ajustes especialmente en relación al sonido, resulta muy amigable. Volveré.

Luis Barone

Fotos: Rolan Contenidos

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