Espeso: “Virtus” (2016)

virtus-espesoVirtus, el nuevo disco de Espeso, es un prefacio que hace descender los ánimos a los distritos más remotos de alguna sombra. ¿Qué sombra? Nadie lo sabe. Me atrevería a decir que ni los músicos que han forjado este universo tan hermético e introspectivo podrían siquiera sospechar la posibilidad de una sombra concreta. Virtus es una intuición de pérdida, un delirio individual, una suspensión mental. También es una distancia entre lo amargamente interior y lo terriblemente exterior: un navío que naufraga, vacilante, entre la realidad y la alucinación. Virtus es el pasmo que todos sentimos cuando no tenemos más remedio que enfrentamos a nuestra propia opacidad. Sus temas no nos llevan a cerrar los ojos ni a dejarnos llevar plácidamente. Por el contrario, mantienen los sentidos a punta, raudos, dispuestos a la estampida.

Con Espeso no hay riesgo de aburrirse pero sí de perderse. El estilo musical es sórdido y eleva una complejidad tan dinámica como vaga. La crudeza es marca de la casa y se compone de mixturas sonoras áridas. Todo es titilante, impreciso, demoledor. Minuciosamente ensamblado.

La Intro arranca, endemoniada, forajida, desde ningún sitio hacia ninguna parte. Es el inicio del azar.

“Mi alma me abandona no tengo paz…” escupe Espeso en Desterrado, un tema críptico y letárgico, forjado entre nebulosas que tienen su punto de origen en un riff tan arrollador que bien podría terminar en estallido.

En Protegerlos se asoman progresiones monstruosas que recuerdan los últimos discos de Kyuss. Es un tema demencial y automático en el que la instrumentación juega a romperse. La voz es lejana y más que voz es grito, aullido, desahogo incendiario.

En Sodoma se termina de engrasar la máquina y de ahí en adelante Virtus será una bestia autónoma. El tema es escurridizo y posee una métrica particularmente arenosa. “Toda la ira está reprimida, canalizarla bien es la salida…”, vociferan a modo de sublimación. La canción cuenta con un videoclip que se desliza entre ciudades psíquicas y válvulas en colisión.

Vencer es un tema muy Sabbath. Su compás es lerdo casi hasta la fragmentación. La destreza de sus componentes rítmicos aborda cierta prominencia generando así el dilema de no saber qué suena más arriba, más duro, si el bajo o la guitarra.

Virtus no altera su rumbo, no da tregua, en ningún momento. La tormenta es su sello: ese patrón oscilante que se parece más un bucle que a otra cosa. El bosque, la pieza que cierra el disco, es el ojo de esa tormenta. Un intento acústico de sosiego comandado por afinaciones bajas y graves –casi hipnóticas- que funcionan como telón de la pesadez atmosférica desplegada.

Los dos discos de Espeso demuestran que no hay banda más solitaria e independiente en la escena pesada porteña y, sus integrantes, en una suerte de autoexilio musical, siguen empeñados en transitar sus ingenios en silencio, con pocas figuraciones y mucho ensayo. Quizá este power trío cabalga hacia algún tipo de redención y, para eso, mejor dejar que los amplificadores sean los que se lleven todos los créditos.

Gio Jaramillo

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