Molotov: veinte años para que todos chinguemos igual [review]

Molotov irrumpió en los años noventa y, lejos de convertirse en una banda del montón, aportó desparpajo y muy buenas ideas para terminar forjando un estilo propio tomando y mezclando todo lo que andaba dando vueltas por esa época. Molotov tiene lo mejor de quiénes calentaban el rock hace veinte años y en su combo están implicitos, entre otras influencias, el punk de los Misfits, el funk de los Red Hot Chili Peppers y, por qué no, el metal de Brujería. Metieron todo eso en la licuadora, le pusieron picante y el resultado es esa banda vigente a la que siempre vale la pena prestarle atención. En vivo no decaen nunca, tal vez por ese estilo que combina furia, sarcasmo, humor y protesta. Hacen todo y lo hacen bien. Nunca se les ha dado por salirse a otros registros y probar con melodías arjonianas. No sienten la necesidad de meter una bizarreada pop. Ya no serían Molotov.

Música alternativa se suele denominar a todo aquello que no es heavy, punk o reggae. Le cabe, sí, a Molotov. Por eso no fue raro que abrieran en 1996 para David Bowie en Ferro, en el marco del Festival Alternativo. Tito Fuentes lo recuerda muy bien. Fue la primera vez de Molotov en la Argentina. Hoy, veinte años después, tocan en el Luna Park. ¿Show consagratorio? No, el #chincatourmadre2016 es celebratorio.

Sus diálogos son picantes. La interacción con el público es inigualable. Y así como allá en México Guillermo Francella se hizo famoso por decir mil veces “boludo” y “pelotudo” en una sola película, ellos se las arreglan para no aburrir repitiendo “pinche” y “verga” cien mil veces por minuto. Caen bien. Y todo forma parte de la marca registrada que ya es Molotov, una banda única en su especie. Vienen casi todos los años y tienen la capacidad de generar un momento especial aun cuando la estructura del show no varía demasiado. Su llegada al Luna no tiene demasiados artilugios, la puesta es simple, con dos pantallas verticales de fondo que los muestran en acción con cámaras instaladas en los pies de micrófono. Sencilla la puesta, sí, porque a la espectacularidad la aportan ellos, tocando dos horas y media. Pura potencia sin fisuras, sin temas relleno, sin momentos para distracciones.

Qué no te haga bobo Jacobo es el primero de una maratónica lista con 35 canciones. Entra todo lo que se conoce de ellos como Chinga tu madre, Here we kum, Voto latino y Gimme tha power, con una adolescente del público invitada a tocar la guitarra. Frijolero, dedicada al “puto Trump” y Hit me son los puntos más altos, los más mexicanos de la noche. Hay también covers, como Marciano (en cumbia y luego la versión original) y Rap, soda y bohemia.

Los dos últimos son Puto, el más pedido de siempre, y Rastaman-dita, con la clásica invasión de mujeres al escenario. Aquí muchos aprovechan para tomarse el palo. Lo visto hasta aquí ya califica de impresionante, inolvidable y no hace falta nada más.

Pasaron dos horas y media de una banda que no redunda a pesar de venir todos los años. Molotov no tiene fecha de vencimiento y es un comodín que puede ser ubicado en cualquier momento de las últimas dos décadas y no desentonará. Molotov es la banda que lleva veinte años gustándole a muchos. Por eso es una gran noticia que sigan existiendo, y que sigan viniendo. Para que nadie se quede sin hablar, para que todos chinguemos igual.

Alejandro Panfil
Fotos Dahian Cifuentes

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