La abducción según Devas [review]

Los Devas aterrizaron en el local de El Emergente Bar de Acuña de Figueroa.  El viaje hacia la luz que dirige el power trío destelló entre la radicalidad de la noche invernal.

Se llevaron todos los aplausos, gracias a la multiplicidad de digresiones sonoras que empuñan. Los Devas son empíricos y monolíticos, van de aquí para allá, dentro de tu cabeza, organizando el desorden y desorganizando el orden.

A esta banda no se le escucha, eso sería una simplicidad. Se le fuma. Sus irradiaciones de stoner, doom y sludge superan lo imaginable, porque allí, en su universo Vulkánico, no hay extremos ni oposiciones ni baches, es el mismo cuerpo el que avanza desenfrenado contra todo.

Sus riffs son castigos estratosféricos que se esparcen como estampidas. Cada onza de percusión arroja dardos cargados de abstracción y espejismo. Su vertiginoso y desapacible bajo no es otra cosa diferente a una suerte de reconvención a las mentes quietas o imposibilitadas para desvariar. No son mesurados. Tampoco aparatosos. Son teatrales. No tocan, braman, y con cada bramido se deshacen del peso de la realidad para después sumergirse en la precisión de sus visiones.

Pasada la una de la mañana y con un público justo, Los Devas se pararon desafiantes sobre el escenario. Saben que son una de las bandas más valvulares y demoledoras de la ciudad. Su música es liza y sensorial. Resulta toda una tarea epistemológica describirlos con palabras fehacientes y transparentes que no caigan en el enredo ni en la contradicción. Todo en ellos encaja en un sitio único y especial dentro de la máquina sonora. Sus espirales gravitan entre lo somnífero y lo anímico y emboban a través de sus maniáticas armonías.

Sin duda, escucharlos en vivo es la mayor de sus fierezas. Cada tema, incluso la impecable versión que tienen de Sucio y Desprolijo, es vitamina carburada y comprimecabezas. Sus temas aluden al vacío, a la fuerza, a la energía liberada y, por supuesto, a la luz. Los Devas son fango y firmamento. Son inquietud, mito y psicodelia, o por lo menos eso fue lo que se asomaron a exponer durante los 40 minutos que tocaron y en los cuales consiguieron redimir al auditorio hasta la abducción.

*Show en el marco de Rebelión en la Máquina, volúmen 6, junto a Cabesaurio y Gran Martell

CJay Jaramillo

Fotos: Dahian Cifuentes

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