Espeso, estridencia de garage en paisaje nocturno y urbano [review]

Acostumbrados al stoner intergaláctico, sideral, naturalista, paisajístico, etc., en el cual se cuecen sonidos saturados de vacío, psicodelia e introspección, no es raro que algún escucha en un momento determinado eche de menos las resonancias o composiciones estrictamente urbanas.

Y es que el género en cuestión está recargado de metáforas y alusiones que la mayoría de las veces no tienen nada que ver con la ciudad o con el individuo urbano como textos sonoros o básicamente orgánicos.

Así las cosas, la ciudad como tema cardinal dentro del stoner porteño y/o bonaerense, además de estar prácticamente invalidado, resulta ser toda una paradoja, porque si nos damos cuenta, y a pesar de que la ciudad está cercada por un afluente que juega a ser mar y por interminables kilómetros de pampas, el desierto más cercano a Buenos Aires no queda a menos de mil kilómetros. Entonces ¿Qué es lo que pasa?

El stoner, aunque nace en el desierto y de allí se nutre, se ha convertido con el paso del tiempo en una entidad que no necesita de esa fisonomía natural ni para emerger ni para existir, pero que sí o sí precisa del significado y las representaciones que encierra el accidente geográfico mencionado, justamente como eso: un accidente que, además, es un universo en sí mismo. Con esto lo que quiero decir es que el stoner, antes de ser música, riffs demenciales o válvulas a full, es una idea, un concepto, una imagen que esconde tras de sí la experimentación sensorial y psicológica como modelos de expresión y que, entre otras muchas cosas, es susceptible de ser trabajada en múltiples direcciones.

Un power trío como Espeso se ha esforzado de una forma muy precisa por hacer de la ciudad un fortín stoner. Sus purezas son terminantes y circulan desde Sabbath hasta prominentes bandas del género como Kyuss y Nébula. Espeso suena a industria, a acero que choca contra acero, y no arrastra la típica arena del desierto ni genera vientos expeditivos ni delirantes, por el contrario, escarba en el polvo del asfalto y se mezcla con las brisas estrepitosas de las autopistas cuyo aire es más fosco que el de una detonación nuclear.

La maquinación de Espeso es la de un motor estridente que todo el tiempo se está reinventando, pero que no sale del garage no porque no pueda, sino porque poco es lo que le preocupa el mundo exterior. Y este es el irrumpir del stoner, su celebrada introspección y sus repetitivos y contundentes ganchos de izquierda que inutilizan el cerebro. Espeso es poco lo que sale, porque sus integrantes son como espectros que no quieren figurar pero que laten como alucinaciones. En lo que van del año solo han dado una fecha y ahí estuvimos, viéndolos, en silencio y muy concentrados, en la noche helada y antigregaria de Ultra Bar, dejándonos mecer por sus trajines que marchan desordenados por sobre la aridez y la desolación, quemándonos con la luz del desierto que ellos forjan, recogida y narcóticamente, entre los infecundos muros de la ciudad.

Gio Jaramillo

Fotos: Dahian Cifuentes

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