Pako Eskorbuto: tocar o desaparecer [review]

Fue a principios de 2001 la primera vez que escuché los ladridos de Eskorbuto. Era de noche y llovía. Volvía a casa proveniente de mi nuevo colegio al que había llegado por azar a cursar octavo grado. No puedo olvidarlo. A la salida un muchacho me había abordado porque encontraba en mi vestimenta distintivos evidentemente punkis. Él llevaba una cresta y un pantalón remangado con botas punta de acero. Yo sólo tenía unas converse negras muy derruidas, una chaqueta con un parche de Bad Religion en el que aparecía una cruz tachada y un gancho nodriza flotando en la correa izquierda de mi mochila.

Me preguntó, con cierta violencia, que qué onda y yo respondí -con el tono igual de subido- que nada, que me dejara en paz. ¿Sabe qué significa el gancho? Me cuestiona. Sí, significa no al aborto. Respondí. Y usted ¿sabe qué significa el remangue y las botas? Claro socio, analogía obrera. Habíamos correspondido los códigos. Ninguno era un casposo ni un bobo que lleva las cosas por moda. Ya podíamos pasar a hablar de algo más importante ¿Qué ruido escucha? Me preguntó. Punk. Contesté. ¿Y nada más? Sí, también me gusta el ska y el oi! Ah bueno. Podemos cambiar música, pero ya sabe, si usted me rota cosas buenas yo le roto cosas buenas. Por cosas buenas entendíamos cosas jodidas de conseguir y esencialmente mediocres, pero de culto. Le dije que tenía el casete original del Crónicas de una década podrida de la banda de Medellín IRA (Infección Respiratoria Aguda). Él asintió y al entender que lo que yo le ofrecía era una especie de tesoro sacó de su mochila un casete cuya apariencia denotaba que había sido regrabado varias veces y, en una de sus tantas anotaciones por el lado B, decía grande en letra negra y sobre cinta de papel: Antitodo. Llévelo y mañana me trae el Crónicas. No conozco Antitodo. Le dije. Así se llama el disco y la banda es Eskorbuto. ¿De dónde son? Del País Vasco o España, es lo mismo. Pero ya no existen. Afirmó. ¿Qué pasó? Dos se mataron y el otro no sé. Con esas preguntas y respuestas ya había demostrado más ignorancia de la necesaria pero como en esa época internet era privilegio de ricos o mejor, de los que tenían computadora, habían calamidades que uno tenía que pasar para enterarse de las cosas que no se hallan en ningún pensum académico ni rumiando bibliotecas sino que están en la calle, por ahí, desorientadas y deambulando entre las alienadas cabezas de la juventud que, por suerte, siempre está clamando por la novedad. Agarré el casete y me fui a casa. En el colectivo me percaté que nunca nos habíamos dicho nuestros nombres y entendí que simplemente y entre tantos electrónicos, raperos y reguetoneros –estilos que empezaban a sonar con fuerza en el colegio- éramos, simplemente, los que teníamos la misión de llevar la contraria ante toda esa banalidad que atolondraba a nuestros compañeros. Éramos los punkis, los incorregibles, los dueños de la basura y el barro, la jodida piedra en los zapatos.

Así eran las cosas. Si dejabas que te jodieran te iban a joder, pero si parecías una roca nadie te iba a molestar. El asunto era ese: había que ser malo. Fruncir el ceño y parecer despreocupado. Libre. Si tocaba pelear se peleaba. No escuchábamos música sino ruido. Bebíamos tragos asombrosamente baratos. Opinábamos diferente y nos vestíamos diferente. Eso, sin arandelas, era ser punki, por lo menos en Bogotá, la ciudad en la que crecí.

Ya en la soledad de mi habitación puse a sonar el casete. Fue una bomba. Jamás había escuchado una banda así de oscura y afanosa, que no necesitara de tanta distorsión ni  rapidez para sonar tan desmedidamente distorsionada y rápida. Su mensaje, además de categórico y digamos guerrerista, era triste y ampliamente desolado. Antitodo fue una mina para mí. Una luz. Estalló a rabiar en mi grabadora marca Aiwa. En ese entonces mis gustos dentro del Rock Radical Vasco iban más hacia la confrontación política de bandas como La Polla Records y Los Muertos de Cristo, pasando por la formidable celebración de la calle y sus laberintos con Piperrak, Kortatu y MCD, hasta llegar a melodías igualmente raudas pero un poco más emocionales como en los casos de El Último Ke Zierre y Extremoduro.

Fue por medio de Eskorbuto y su álbum Antitodo que pude conocer de frente la verdadera rebeldía y el auténtico vacío de una juventud que no encuentra motivación para nada, tal cual como en su momento lo hizo el inmortal NeverMind The Bollocks de los Sex Pistols, pero con el grandísimo plus de que lo del trío proveniente del pueblo vizcaíno de Santurce había sido vivido, escrito y cantado en mi idioma. Es decir, el caos que pregonaban sus letras desahuciadas y su ruido de alcantarilla me era más familiar y verosímil. Aquí sí había “no future” y “destroy” en serio. Nihilismo al mil por ciento. Nada de protocolos ni formalismos. Terrorismo puro saciado de genio, vicio, independencia y libertinaje. Un indiscutible coctel ideológico hecho rock.

Con los años, Eskorbuto iba a convertirse en una de mis bandas de cabecera. Un referente para el punk rock oscuro y corrompido que tanto me gusta y que cada vez se toca menos, gracias a que ahora las banditas piensan más en verse bonitas, parecer ruditas y hacer musiquita que pueda venderse prontamente y sonar en las emisoras más concurridas y menos especializadas. De la mano de Eskorbuto logré conocer bandas que también transitaron los caminos del malditismo y la provocación y que fueron agrupadas bajo la irrisoria etiqueta publicitaria de Rock Radical Vasco: Vómito, Cicatriz, RIP, Vulpes, etc., bandas que hicieron oposición con su poco virtuosismo musical pero con una actitud verdaderamente iconoclasta y autodestructiva, en relación a lo más comercial de la etiqueta, representado por agrupaciones como La Polla Records, Zarama, Barricada y Hertzainak.

Desde aquél día de 2001 y cada vez que escuchaba algún directo de Eskorbuto, algo me repetía que jamás iba a poder perderme en el universo misántropo de uno. Entonces, en un proceso que prácticamente me costó media juventud, empecé a conformarme con los melancólicos covers que de vez en cuando hacían bandas chatarreras de esas que se vuelven habitués en bares marginales. Ahora bien, para mi sorpresa y en detrimento de todo lo anterior, quince años después de haberlos descubierto y en otra ciudad latinoamericana iba a tener la oportunidad y por qué no decirlo, el privilegio, de ver a Pako Galán, el único sobreviviente de esa caótica y triste turbulencia que en 1992 sumergió en lo más profundo del averno a los emblemáticos y formidables Iosu y Juanma, amenazando así con mitificar para siempre esos aceleradísimos doce años en los que la banda no dejó de tocar ni de ganarse problemas y discrepantes por doquier.

Como bien nos lo contó Pako, fue a principios de este 2016 que su casilla de correos empezó a agitarse recibiendo propuestas e invitaciones para tocar en varios países de América. Lo que en un principio resultaba ser una utopía, con un poco de organización y gracias al descomunal esfuerzo de un mexicano llamado Oscar –que oficia como el manager de la gira- el barco empezó a alzarse hasta que por fin soltó las velas y partió con presentaciones más que confirmadas en Argentina, Colombia, México y Estados Unidos. En los planes también estaba Chile, pero cuestiones de último momento cancelaron el evento que iba a ser el primero de la gira.

Según Pako, una vez autenticado todo el asunto de la gira, la trama de fondo no era cómo reemplazar a los inigualables Iosu y Juanma, sino más bien cómo formar una banda capaz de elevar el estólido blasón del rock Antitodo. Pues bien, hace apenas dos meses Pako se puso en contacto con la guitarrista Naty Penadas, una argentina radicada en España y cabecilla de la veinteañera banda platense Penadas por la Ley. “Todavía no puedo creerlo, parece mentira que esté involucrada en esta gira. Desde que Pako me llamó han sido unas semanas intensas.” expresa Naty en conversación con Brandy con Caramelos. Así mismo, el encargado de hacer rugir el bajo y entonar los inmarcesibles himnos eskorbutianos es Alik Kalaña que ya había formado parte de la banda entre 1995 y 1999.

El día llegó. Un día particular. Lluvioso, nublado, frío. Con Argentina a bordo de una final de Copa América. Los horarios iniciales tuvieron que ser corridos tres horas por la organización del evento para garantizar la afluencia de público. El lugar elegido fue Uniclub. A las 18:45, después de bandas como Porno para Ricardo (Cuba) y Antibanda (Uruguay), saltó al escenario Flema para empezar a batir los ánimos de la gente.

Pasadas las 19:30 se abrió el telón. Apareció Pako con Naty y Alik. Un par de palabras de agradecimiento y a enfilar la artillería:Ya no quedan más cojones/Eskorbuto a las elecciones/para vivir alegre y contento/Eskorbuto al parlamento. Pako se despedazó los brazos como si fuera un adolescente. Su ritmo anfetamínico superó con creces lo que todos esperaban. Historia triste, Adiós reina mía, Antitodo, Cerebros destruidos, Cuidado, Os engañan, Maldito país, Rogad a dios por los muertos, Mierda, Mierda, Mierda, Mucha policía, poca diversión, Ratas de Bizkaia, Antes en las guerras, Sociedad insaciable, Eskizofrenia, ¿Dónde está el porvenir?, Es un crimen, Ha llegado el momento, entre otras, no menos notables, fue el repertorio discurrido en sesenta minutos de irrefrenable anarquía.

A la mitad del recital los punkis que quedaron por fuera del Uniclub hicieron de las suyas para tumbar a los grandulones de seguridad y entrar gloriosos por la puerta del bar, que quedó abierta desde entonces, configurando así la alegoría esencial de la banda que reza: Esto es el punk/del infierno esquizofrénico/esta es la locura antisocial/sin religiones ni obligaciones/No hay amigos/ni enemigos/lucha necia/todos contra todos/. El pogo fue colosal. Fastuoso. Hubo hasta perros brincando sobre las cabezas. Nadie pudo contener la enajenación eskorbutera. El escenario quedó hecho un basural. Arrancaron el telón. La infinidad de vasos, objetos, latas, cajas, botellas, y prendas arrojados por la solemne concurrencia supieron nadar inmersas en un pantano de viscosidades provenientes de los más repulsivos orificios humanos y, muy seguramente, si dicho charco quedara ahí fermentándose por varios días, se podría demostrar que de los muladares más asquerosos, también es posible que crezca una orgullosa y maloliente flor que se atreva a brillar insubordinándose de la inmundicia, pero sin dejar de habitarla, como sucedió en 1980, en Vizcaya, el año y la tierra que vieron nacer no a la mejor banda de punk de toda la historia, sino, definitivamente, a la más punk de todas las que han pisado este gran cementerio llamado planeta mierda.

¡Dejad que los niños se acerquen a Eskorbuto!

CJAY Jaramillo

Fotos: Dahian Cifuentes

 

Comments

  1. Anónimo says:

    nada mas agregar que Los muertos de cristo no formaron parte del rock radical vasco… saludos desde costa rica

  2. Anónimo says:

    nada mas aclarar que los muertos de cristo no eran parte del rock radical vasco, saludos desde costa rica

  3. Anónimo says:

    es el mejor articulo que e leido sobre punk! me dio nostalgia recordar como conoci a eskorbuto alla por los 12 años en 2007

  4. verde verdoz says:

    Sin dudaaa nunca creei poder estar tan sercas.de eskorbutoo niii q vokviera a.tocar yyy fue lo mejor.conoser a alguien tan gran pakoo. Estar ayy fue una gran tocadaaa vaile.como nunca.griteee fue.unaa gran tocadaa.ne toco coboserlo en.la hermosa ciudad de hermosillo mexicoo una gran persona.pako eres grande!!!!! Lo conosi abree.con.el.varias veses y es algo q no podre olvidar

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