Soldati arremetió con su propuesta en el Motoclub Bar [review]

Hay bandas que basta con verlas una sola vez y dejar la experiencia hasta ahí sin correr el riesgo de la decepción. La segunda vez siempre es decisiva para que te alejes de una agrupación o, en su defecto, te acerques más a ella.

A veces la reincidencia arrastra consigo el desencanto, bien sea porque no se descubre nada nuevo más allá de la facilista y cómoda repetición o, escuetamente, la banda no tiene nada para ofrecer en vivo más que su repertorio. Este fenómeno es responsabilidad básica de los músicos y no de los espectadores. Para las bandas debería ser una regla de oro la no clonación de sí mismas en vivo. Nada más aburrido que eso. En los discos que hagan lo que quieran, pero el directo es sagrado. Sí o sí tiene que haber novedad así siempre sean los mismos temas.

Todo esto se me ocurrió en la segunda edición del Motoclub Bar sucedida el pasado jueves en la madrugada del Club V. Esta vez tuve la oportunidad de ver, por segunda ocasión, a Soldati. Por suerte para mí, la banda se optimizó pero no de una forma natural y obvia. Su maquinaria sonora se desplegó con sólida reinvención y su eficacia fue tan certera que supo prevalecer, incluso, sobre el trío liderado por Sergio Ch, convirtiéndose en una nebulosa acrisolada que avanzó con autonomía repartiendo cachetazos de buen stoner. Nada de repetición ni monotonías. Introspección pura y refinada dispuesta a conquistar las mentes.

Una de las tantas virtudes que tiene la música de Soldati es que es camaleónica. Si uno la escucha de cerca y con atención su dinámica resulta ser absolutamente diferente a la de Los Natas. A mi entender no son ni una continuación ni un simple calco de la legendaria banda. Soldati tiene sus términos de independencia muy bien definidos. La crudeza de sus bases está decididamente capacitada para rasgar los velos impuestos por su ascendencia. De esta manera, Los Natas son sólo un precedente, un gran precedente si se quiere, pero lo que forja Soldati es indudablemente exótico, tal vez porque es un regreso al origen y a la integridad más primordial del género.

Ahora bien, aunque la cuestión atmosférica es prácticamente la misma, las maneras que la banda propone para sumergirse en ella varían radicalmente. Sus riffs son más pesados y los tempos más cambiantes y contundentes. Soldati no sólo te plantea un nuevo viaje en cada presentación, sino que te anega en circunstancias sonoras particularmente místicas.  El bajo de Lukas Hospital tiene la genuina capacidad de crear la expectativa de que todo en algún momento va a volar por los aires. La batería de Ranz es hipnótica y lo de Sergio se asemeja más al libre galopar del viento en una colina. Los tres son una tormenta valvular que no descansa hasta alcanzar el clímax. Son feroces y extáticos. Son imperdibles.

CJAY Jaramillo

Fotos: Dahian Cifuentes

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