Eskorbuto: la increíble vida de tres seres vulgares

libroeskorbutoAño 1980, el inicio de la banda más honrada que ha pisado este planeta desde hace millones y millones de años. Y no somos nada honrados…

Iosu Expósito
*
En Las Flores del Mal, Charles Baudelaire escribió un poema titulado La Destrucción, del cual rescato algunas líneas que me representan el epítome perfecto no de la mejor, ni la más importante banda punk de la historia, sino, simplemente, de la más punk de todas: Eskorbuto.

/El demonio a mi lado acecha en tentaciones / y pone ante mis ojos, llenos de confusiones, / heridas entreabiertas, espantosas visiones. / La destrucción preside este corazón mío. /
*

Ha llegado el momento de la destrucción… vocifera el trío compuesto por Iosu, Juanma y Pako en uno de sus temas más conocidos. La destrucción fue para Eskorbuto una fijación. Una forma de erotismo, de sexualidad y de acercamiento al mundo.

La cotidianidad en la que estuvieron envueltos Iosu y Juanma, durante sus cortas vidas en la obrera y decadente margen izquierda del Río Nervión en Vizcaya, los llevó a pasar por normales y espontáneas las realidades marginales e infecundas de una sociedad reducida a la miseria sistémica de todas sus partes.
*
Los Eskorbuto fueron, y son, más punks que los Pistols o los Ramones. Si bien los británicos forjaron el maniobrar ideológico del género y los neoyorkinos lo mercantilizaron, los vascos edificaron la filosofía del mismo con sus arrasadas vidas, optimizando la actitud rebelde, iconoclasta, excéntrica y transgresora. Si los Pistols fueron la amenaza de huracán y los Ramones un espectro de vendaval, los Eskorbuto, sin duda alguna, fueron el huracán, la tormenta y el tifón.
*
La irreverencia tan sólo fue un banderín minúsculo en el atrio de sus vidas. Quizá el blasón más valioso de sus existencias haya sido el desamparo. El inconformismo fue una escuela heredada socialmente gracias a una directriz altamente sindicalista y libertaria en Santurce, el pueblo natal de Eskorbuto. La independencia fue el camino aciago de sus fastuosas esquizofrenias. La insurrección fue apenas otro agujero en sus chaquetas manchadas de sangre. La destrucción fue, en definitiva, la sublimación de sus holocaustos y el infierno una profunda excusa lírica. ¡Ah! y la muerte, el mejor y el más célebre de sus romances.

La música de Eskorbuto deja muy claro que cuando nada brilla bajo el sol y cuando la noche se convierte en una garganta demoniaca hacia la locura, lo único que queda es la muerte, pero ojo, no cualquier muerte, sino que, para que todo haya valido la pena, la muerte no es digna si no se llega a ella por la vía del suicidio. eskorbuto3

Su historia es la historia de una guerra perdida que se cagó en todo sin ningún tipo de miramientos ni consideraciones. Fueron simples: les bastó con tres acordes de guitarra elevados a inimaginables estados anfetamínicos. El aspecto delincuencial que arrastraban por los pueblos y ciudades del País Vasco y el resto de España no insinuaba otra cosa diferente a: sí a la diversión, no a la responsabilidad.

El punk que concibieron transmite una enfermedad terminal y, sin quererlo, renovaron el estilo para siempre, dándole un nivel inalcanzable de mugre y descomposición al rock and roll. Genuino nivel que nunca jamás en la historia volverá a experimentar ningún género musical. Eran malditos. Sí. Zombis. También. Y poetas. Por supuesto. Fueron la insolencia hecha humanidad y volvieron sus derrotas música para así poderlas violar.
*
Sus letras destilan torrentes enteros de imaginación. Buscaron el escándalo y la polémica para poder repercutir, pero no para ser famosos. El verdadero interés de Eskorbuto era el de llevar un mensaje que, a su vez, les permitiera ir viviendo siempre al filo y al límite de la vida y la ley. Fueron amigos íntimos de las más fascinantes causas perdidas. Individualistas consagrados, provocadores y autodestructivos. Entendieron tempranamente que el mayor tesoro que tenemos como seres humanos es la individualidad, la capacidad para cuestionar y rechazar lo que nos han dicho que debemos pensar. Señalarlos de simples anarquistas sería, sin duda, insultarlos.
*
No llegaron a ser grandes músicos. Es verdad. Pero ¿a quién le importa? Para ellos el ensayo era lo último, justo después de la diversión y cuando no había nada más para hacer. Simple. Se abrieron paso entre la música con escasa cultura musical y esto los hizo aferrarse con más fuerza a la autonomía y rechazar las entumecidas influencias. El hecho de que no hayan llegado a ser un grupo de masas es parte del camino que ellos mismos eligieron no despegándose del mundo que les era propio. Se abismaron a consolidar una filosofía única. De culto. El éxito de Eskorbuto no sucedió sólo alrededor de España y sus varias republiquetas. En Latinoamérica circularon una gran cantidad de discos y cassettes pirateados que superaron con creces las tiradas oficiales de los sellos ibéricos. El mensaje fue claro: la verdadera independencia es la de no depender ni si siquiera de uno mismo.

*
La invasión de la heroína fue siniestra. Y su relación con el rock, letal. Ya conocemos cientos de historias de cientos de ídolos que si bien no murieron de una sobredosis, sí se los llevó el sida. Pareciese que la dichosa droga, la de la fuerza de los mil orgasmos, se hubiera posicionado en el mundo entero como la única ventura posible, el único sueño real de la juventud. En el caso específico de Eskorbuto la circunstancia de la sumersión narcótica fue potenciada debido a la lateralidad humana y socioeconómica de la Margen Izquierda en general y de Santurce en especial. Así lo apunta Diego Cerdán en su libro Eskorbuto: Historia Triste: Cuando el entorno es hostil, cuando el aire es rancio, cuando la ciudad tiene demasiado espacio y pocos lugares, quizá lo mejor es mirarse a uno mismo, sin duda allí todo es más sombrío. eskorbuto2

La heroína fue el primer contacto que tuvieron Iosu y Juanma con el tren que prematuramente abordaron y cuyo destino era el infierno. Después vino la música mutada en rock y violencia. Años de idas y vueltas. De peleas y revueltas. Sobrevivieron con el criterio de resistencia que sólo tienen los delincuentes o los habitantes de la calle, pero la magia de ellos es que no fueron ni lo uno ni lo otro. Para ellos simplemente nada merecía la pena y no había absolutamente nada por lo que se pudiera luchar o por lo menos algo decoroso en qué creer. Ni siquiera en la música, tan manoseada por el dinero y las corporaciones, tan falsa y artificial. Por eso son considerados el antigrupo.

La honestidad a ultranza de sus vidas transitadas por los filos más puntiagudos, les facturó, incluso, una marginación dentro de los marginados. De esto dejaron constancia en sus letras, escritas con rabia y con la crudeza propia de la angustia. Como ya lo señalamos, si se dedicaron a la música, seguramente fue porque no encontraron nada menos aburrido en lo cual perderse.
*
¿Qué? ¿Que no tengo razón? ¡No me importa!

                                                                            Iosu.
*
Sus canciones son de guerra. Sus guitarras, metralletas. Sus enfermizos bajos son puñales enmohecidos. Sus baterías son potentes granadas de mano. Sin embargo, si hubieran podido acceder a armas de verdad su destino habría sido otro. Aunque no muy alejado del suicidio. Lo cierto es que jamás habrían formado rebaño. Tampoco habrían podido ser esgrimidos ni manipulados por estados, partidos, sindicatos, religiones, banderas, ejércitos. La ética de Eskorbuto es clara y no da lugar a discusiones de ningún tipo: nunca estar alineados para no estar alienados.

Con la dureza y la autenticidad que establecieron en el País Vasco optimizaron la negación total como el principal instrumento de combate e indiferencia y, así, y sin darse cuenta, lograron superar las cadenas que supone la anarquía como estamento ideológico, para desembocar, con cierta extrañeza e incluso pureza, en el nihilismo más radical de todos. Por eso, los Eskorbuto fueron independientes hasta de la independencia. Y así se divirtieron. Dando guerra y haciendo rock and roll. Provocando, retando, riendo, vociferando verdades y alucinando con ficciones. Nada significó nada porque todo era negro, abominable y sin futuro.
*
Quiero ser alguien pero para ser alguien primero iré a dormir y como dormir es morir sólo seré alguien después de muerto.                                                                                                                                                                           Juanma.
*
Fueron insoportables, muy despreciables y muy queridos. No hicieron más que ruido y filosofía. Incluso muertos siguen haciendo bulla y ejerciendo la especulación. Prefirieron ganarse enemigos por doquier antes que obtener amigos fáciles y si alguna vez cobraron, lo hicieron sólo por las molestias causadas y por sus incomparables y libres risotadas.

No con su forma de vestir, sino con su modo de vivir instauraron una salida a la desesperada situación de frustración de cientos de miles de jóvenes en Europa y América. Ellos no respetaron a nadie porque nadie los respetó a ellos. Agrios, eufóricos y pesimistas, nunca nadie hizo nada por ellos salvo ellos mismos. Con sus clarividencias conquistaron al destino y el precio lo pagaron con su ennegrecida sangre. Sin límites, las calles fueron sus ámbitos y tal vez la única patria en la que pudieron militar. No hicieron nada del otro mundo porque eran asombrosamente conscientes de que estaban en éste. Se buscaron la vida y en ella encontraron la ruina, después se enamoraron de la muerte, idealizaron el infierno y nunca dejaron de apretar el acelerador hasta alcanzarlo. No hubo quien los detuviera y, para corroborarlo, ahí están sus discos, que demuestran que el rock no es sólo música, sino una forma de vivir, hasta morir… Igual, la muerte en Eskorbuto es sólo otra apariencia más o, en su defecto, una simple y aislada anécdota.
*
Nosotros no arrastramos odio, porque creo que, si el odio existe, sólo vives para acabar con lo que odias. Arrastramos decepción y creo que es peor, pues la decepción no motiva tanto como el odio; al contrario, desmotiva. Antes sentíamos rabia y por ello acometimos contra todo lo que pensábamos que era insostenible, pero “la mentira es la que manda, la que causa sensación, la verdad es aburrida, puta frustración”. Nosotros no somos diplomáticos ni gozamos de la famosa paciencia china, y lo macabro, en realidad, es que, si el odio existe, sólo vives para acabar con lo que odias y si acabas con lo que odias acabas contigo mismo.

                                                                                                                                                                                                           Iosu.

*
Donde pisaron los Eskorbuto dejaron huella. Siempre fueron iguales en los escenarios y en las calles, cantaron lo que vivieron y vivieron lo que cantaron. Degeneraron con elegancia punk y esa degeneración se convirtió en su más elemental y pura razón de ser.

La acritud de sus mensajes no evidencia más que la rotura de la desesperación y el molde de una nueva forma de gritar en todas direcciones con salvajismo y violencia. Fueron hirientes más por lo sombríos y fueron temidos por lúcidos y geniales. Estos demenciales chicos acelerados masticaron uno a uno los vidrios rotos que su sociedad les legó para su diversión y su ruina. Por eso un poco de Eskorbuto siempre será mucho.

Diego Cerdán expresa: “No fueron la típica historia de los incomprendidos, sino más bien la historia de un grupo de sobreentendidos. Sus guitarras fueron como el hueso astillado que desgarra las carnes. Sus letras fueron como el camión de basura insultando la armonía del paraíso”.
*
Si hubo algún tema que se escapara de sus franquezas y delirios ese fue el de la Iglesia. En Eskorbuto no se encuentra ni una sola acometida contra la religión, pero esto no significa que no haya sido de su interés, sino que quizá para ellos, el silencio, contra ese terrible monstruo, haya sido el grito más fuerte.
*
Todo lo escupieron. Ni siquiera el rock se salvó. Atinaron duro contra sus banalidades y sus dulzuras. Así demostraron que la vida sólo pertenece al individuo y que la locura es una simple etiqueta de control. Sus versos autodestructivos, escritos con puñales oxidados, parecen epitafios que repiten una y otra vez que la lucha no es patrimonio de nadie y mucho menos la forma de luchar. Eso queda claro en versos que el mismísimo Sid Vicious pudo haber envidiado como: “Busco en la basura algo mejor, busco en la basura algo nuevo, busco en la basura solución”. Esta es la base del punk de Eskorbuto. Un punk del averno. Esquizofrénico. Una monomanía antisocial, arreligiosa, sin obligación, contagiosa, voraz y urgida de destrucciones, finales, epílogos y demás voces de ultratumba.
*
Si para ellos el tiempo lo pudre todo, para nosotros, sus seguidores, el tiempo no es más que la consagración y la maduración de su obra. Con Eskorbuto muchos entendimos que la amistad sólo es posible gracias a que existe la enemistad y que resulta completamente imposible curar a los que quieren morir. Si ellos apetecieron dejar la vida boca abajo fue porque eran artistas terminales, sin solución, y no tenían nada que perder y mucho menos algo que ganar. Sus espíritus, brillantes y lunáticos, no pierden pertinencia y parecen ir de bruces hacia la inmortalidad. eskorbuto1

Eskorbuto elevó, una vez más, sin querer hacerlo, una nueva esperanza para las interminables hordas de desesperados. El humor negro que fraguaron y las eternas visiones de catástrofes parecen hoy profecías a medio cumplir. En definitiva, a Iosu y a Juanma la vida no los venció, los ganó la muerte y el punk, que con ellos sonando, nunca podrá morir. Rogad a Dios por sus almas, pues sus cuerpos no valen nada.
*
Sus canciones-bomba, sacramentales y libertinas llenan las cabezas de vida, así los cuerpos estén llenos de mierda. No importa. Igual el destino no es más que podredumbre y el futuro no es más que la finitud. El instinto de rabia de Eskorbuto, el rechazo y el odio exacerbados contra la sociedad que no los aceptaba y que ellos tampoco querían aceptar, significó un triunfo silencioso que supo regar minuciosamente las mentes de muchos, incitándolos a la acción, así como también dejó convalecientes y paralizados cualquier cantidad de cuerpos, que entendieron a la perfección que el mayor enemigo que cualquier hombre puede llegar a tener es, en el fondo, él mismo.
*
El mejor antídoto: ser antitodo
*
Contra ellos muchos quisieron avanzar, pero pocos pudieron. La moral en general tiende a satanizar y a huir de las luchas que implican la suerte y la muerte y el rock de Eskorbuto nunca dejó de tentar estos paradigmas. De alguna manera fueron invencibles. Las respectivas muertes de Iosu y Juanma, sucedidas en 1992, mitificaron a la banda para siempre y todo el reconocimiento que no recibieron en vida explotó después, cuando ya sin ellos, la banda alcanzó la cima concertando importantes legados que se desprendieron desde la música hacia todos lados.

Eskorbuto fue la banda más punk de la historia porque trasgredieron al género en sí mismo y lo superaron sin salirse de él. Jamás temieron a la contradicción. Generaron escuela, pero nadie ha podido igualarlos. La maestría de su rock corrosivo nació con poco, vivió con poco y murió con menos, aunque aún hoy, el sobreviviente Pako, el último Eskorbuto, lo sigue arando con el mismo compromiso antisocial de sus colegas: no siendo parte de absolutamente nada.

CJay Jaramillo

 

Dejá tu mensaje

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: