“Las cosas que perdimos en el fuego”: puro terror

FUEGOAlgunas veces tenemos la maravillosa experiencia de toparnos con lo inefable. Y entonces, cuando nos preguntan “¿pero qué te pareció?”, en general la respuesta es algo así como: “ufff”. En esta oportunidad, en la que vengo a escribirles sobre Las cosas que perdimos en el fuego, deberían entender que “uf” es por genial y que las “f” restantes multiplican exponencialmente el gesto de aprobación. Pero, ¿por qué no decir “muy bueno”, y ya? Porque el “ufff” también contiene algo de sorpresa, algo de perturbación, de admiración, de perplejidad… algo de eso que no es taaan fácil expresar con palabras, incluso si se tiene abierto el diccionario de sinónimos del Word.

Del libro se enteró Lalo, uno de los integrantes de Brandy (como no podía ser de otra manera). Yo, por mi parte, y gracias a una nota que leí en la web, me enteré un poco de la autora. Era punk en su adolescencia, lo que en mi escala de valores personal y absolutamente subjetiva no puede sino significar una cosa: ¡punto extra! Hablando en serio, la verdad es que no sé a qué mundillos perteneció o pertenezca hoy Mariana Enriquez, ni tampoco me interesa. Lo que sí se nota en cada una de las páginas del libro, en cada diálogo de sus maravillosos y sombríos personajes, es que la autora tiene calle. Que “la vivió”. Sabe de lo que habla y a quiénes hace hablar en estos doce cuentos de… ¿terror realista? ¿Horror crítico?

Voy a intentar ser un poco más precisa. Como lectora caprichosa que soy, empecé mi recorrido por “Las cosas que perdimos en el fuego”, último cuento de la colección y homónimo de la obra. ¡Qué mala idea! Después del segundo párrafo supe que ya no habría manera de dejar tirado el libro por ahí (es deber del buen lector devorar la buena literatura que llega a sus ojos). Pero, además, me asaltó una especie de bronca, de impotencia ante una realidad que… ufff. “Ok, es el último relato, es el que le da el título a la obra. A ver qué tan bueno es el primero”, pensé. Y otra vez… el “Chico sucio” me estremeció sin ningún tipo de piedad.

Muchas de las historias que Mariana narra con una fluidez envidiable y una conciencia pavorosamente crítica ponen de manifiesto lo que todos, en el fondo, sospechamos: que la realidad puede ser aterradora sin necesidad de ninguna intervención sobrenatural. Algunos personajes enloquecen en la vorágine cotidiana, otros se pierden en la Deep Web, otros nos recuerdan las políticas económicas de los años ’90… ¿Ven? ¡Puro terror!

Aunque el factor espectral y fantástico también está presente en algunos cuentos. Por ejemplo, el Petiso Orejudo se deja ver en Parque Patricios y (no voy a decir quién) se pasea en “El patio del vecino”. En el interior de nuestro país hay apariciones y desapariciones poco convenientes, y eso sin tomar en cuenta el temita de las reapariciones. También se puede recorrer la casa abandonada, esa que aún siendo un cliché, no deja de dar miedo.

Tenemos aquí doce historias que, además de estar bien escritas, proponen repensar lugares, tiempos y rostros que nos son totalmente propios. Pero como no quiero arruinarle la experiencia inefable a nadie, es mejor que deje de escribir acá, convencida de que al menos los tenté lo suficiente como para acercarse a esta novedosa narrativa. Después me dicen si  ufff o no.

Yoapocap

Las cosas que perdimos en el fuego fue editado por Anagrama en febrero de 2016 y pertenece a la colección Narrativas hispánicas.

Comments

  1. Hermosa reseña de un hermoso y perturbador libro.

  2. Sí,uffffffff!

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