Limp Bizkit: el rock del futuro que ya es parte del pasado [review]

 

Es lunes, ya pasaron fácil unos 15 o 20 minutos de las nueve de la noche y todavía no hay rastros de aparición de lo que fuimos a buscar. Tenemos buenas referencias, principalmente del pasado, pero no más. Estamos como un DT de la Selección que debe ir a Europa a visitar a determinado jugador de su interés para ver “cómo está”, ya que come banco desde hace rato…

De Limp Bizkit sabemos que fue la gran réplica del surgimiento y explosión del ñu metal patentado en California por Korn y sus grandes amigos de Deftones. Fred Durst creció en la otra costa, a unos cientos de kilómetros nomás de la salsa cubana. Pudo haber rumbeado para otros sonidos, pero le atraía más el asfalto y lo callejero de los 3×3 en que, además de tirar al aro, los insultos y festejos dedicados pueden transformarse tranquilamente en un gran hit de la patria hiphopera.

El final de los noventas y el principio de los 2000 los encontró con dos grandes discos, Three Dollar Bill, Yall$ y Significant other, y mucha exposición en una MTV que ya preparaba la extinción de los vídeos rockeros de su pantalla para pasar al rédito fácil de los vacíos reality shows. Nookie tenía alta rotación, pero en la pantalla no podía evitar mezclarse con algún Luis Miguel que empezaba a desarmar la máxima fuente de información rockera en el último lustro del siglo pasado. Se venía el fin de una era. Se venían los 2000 y un verdadero sálvense quien pueda entre tanto plástico tóxico.

Hoy están más viejos, como muchos de nosotros, y realmente lo que les queda por estos días es cosechar lo sembrado hace casi dos décadas. Y no es casual que sea esta la época en donde meten primera y segunda visita casi sin mayor brecha en el medio. Argentina, Chile y Brasil son de esos pocos lugares donde pueden llenar un espacio gigantesco como el Luna Park. Por eso no hay motivos por los cuáles no deberían aprovechar semejante chance que les brinda su currículum.

Y ahí están en el escenario de una buena vez, agradeciendo a cada instante que el público argentino los haya dejado tocar “en su casa”. Fred está más ancho, como sus pantalones rojos y su remera de baseball. Está barbudo, bronceado y tiene una gorra camuflada, como si recién se bajara de la lancha con la que salió a pescar cocodrilos en su Florida natal. Luce un poco dejado, tal vez por ya no tener aspiraciones de levantarse a Britney Spears, vaya uno a saber….Por el lado de Wes, no hay dudas de que tiene la indumentaria más sobria que se le haya conocido: camisa, pantalón, tiradores, zapatos y pelo blanco. Lo único negro, la calavera dibujada en su cara. Limp Bizkit, prácticamente, se reduce a ellos dos. Aunque se mantiene en la batería John Otto, se nota bastante que ya no están ni el bajista Sam Rivers y ni DJ Lethal.

Boiler es un comienzo que no derrocha adrenalina y tampoco ayuda que haya tantos baches cubiertos por DJ Sk3l3tor. El show que vinimos a ver recién arranca con Rollin’ (Air Raid Vehicle), tema del cual grabaron el video en una de las ya extintas Torres Gemelas y que cumple con la función de hacer sufrir por primera vez a las baldosas del Luna Park.

Luego, lo evitable que parece inevitable, el mal de estos tiempos en el rock y el impedimento para mirar hacia adelante: los covers. Casi incomprensiblemente hay gente que se sigue emocionando con que un artista haga un tema de otro. Para ellos va Killing in the name, de Rage Against the Machine, e intros lamentables de Sweet Child o Mine, Smells Like Teen Spirit, Heart Shaped Box y Walk. La gente también sigue celebrando que un pibe del público suba a tocar en My Way, canción que finalmente hacen dos veces, la segunda ya con Borland de vuelta en la guitarra.

My Generation y Nookie son dos grandes momentos que nos devuelven la sensación de rock del futuro que sentíamos cuando irrumpieron allá por los noventas, pero la insípida versión con pistas de Behind Blue Eyes nos devuelve la sensación de vacío.

Es una suerte que sobre el final vuelve el verdadero Limp Bizkit, el Limp Bizkit de Break Stuff y Take a look around, el Limp Bizkit que te pega un garrotazo en la cabeza, te renueva y te hace mandar a tomar por culo a los viejos chotos de Deep Purple y Black Sabbath, el Limp Bizkit que protagonizó el surgimiento del último estilo de rock que podía ser identificado a la distancia. Ese Limp Bizkit es el que fuimos a buscar y finalmente lo tuvimos.

Fred Durst y su banda siguen en la ruta sabiendo que indudablemente ya se les pasó su cuarto de hora, pero en esta época en que el rock mira únicamente hacia el pasado, nada les borrará el haber sido parte de la última camada de bandas de rock que miraba hacia el futuro.

Más fotos ACÁ

Alejandro Panfil

Fotos: Walter Orol

*Walter agradece a Matías García el gesto de haberle devuelto la billetera perdida durante el show.

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