Misfits: horror, diversión y peligro en una misma noche [review]

El domingo pasado día del trabajador estuvo presentándose en Buenos Aires la banda pionera del horror punk mundial: Misfits. La presentación, perteneciente a su gira mundial “Static Age Revisited”, tuvo lugar en un Palermo Groove completamente abarrotado.

Del show realmente hay poco para exponer. ¿Estuvo bueno? la respuesta es sí. Fue estricto y muy equilibrado. La puesta en escena fue, digamos, previsible. Sin mucho sobresalto. Y el setlist no legó ninguna sorpresa. Parece ser que las bandas consagradas en vez de dedicarse a hacer más música se dedican a fundamentar el mito de su existencia. Eso es irreprochable, ojo, lo ganado es para exhibir y más en materia de historia, pero el respetable suele cansarse de contemplar siempre lo mismo sin tener la más mínima posibilidad de descubrir la novedad o, dicho sea de paso, la evolución.

Empero, durante la casi hora y media de recital y el devenir de aproximadamente 40 temas, uno detrás de otro y sin lugar a respiro, la fanaticada –completamente alejada de ser el típico público pasivo- pudo desplegar su ya conocida devoción por la banda.

A pesar de los constantes cambios de alineación y la diversidad de géneros musicales trabajados, la banda fundada en New Jersey en el mítico año de 1977 hace hasta lo imposible por tocar con el mismo arrojo que los llevó a la fama. Y les funciona.

Los Misfits y sus reputadas dramaturgias sacadas de algún cuento de H.P. Lovecraft son una válvula de escape al imperante punk rock político y social. Sus líricas cargadas de imágenes de cómics de terror, películas de serie B, criaturas pantanosas, hospitales y cementerios desatendidos con sus respectivos espectros, son el orgullo de toda una escena que, aburrida de tanta descomposición real, decide dejar de reparar en lo que sucede a su alrededor para fijar sus miradas y sus sueños en los resquicios de la vida cotidiana cuando ésta, justamente, se vuelve más críptica y misteriosa.

Aparecen así la oscuridad, la muerte, los cadáveres, el espanto, lo crudo e inverosímil como tópicos que perfilan los universos desmandados de temas tan populares e infaltables en cualquier concierto de Misfits: Scream, American psycho, Dig up her bones, Skulls, Astro zombies, Angelfuck, Helena, Die die my darling y Halloween. Temas que, por demás y gracias a la ardua labor de consolidación de su actitud en vivo elevada al nivel de marca registrada, tienen toda una escuela formada dentro de la imaginería rock actual no sólo desde el punto de vista estético, sino también desde el comercial: saben divertir sin dejar de ser peligrosos. Entre otros muchos, también repasaron temas como Attitude, Hybrid moments y la encantadora balada rockabilly Saturday night.

El veterano Jerry Only no tiene un bajo entre las manos: tiene un motor. Es un frontman avasallador. La experiencia no se improvisa. Él sabe manejar el entusiasmo de la concurrencia sumergiéndola en la superstición Misfits. Aunque por momentos la voz no le dé y el agotamiento de un espectáculo tan demandante haga mella, sabe cómo manejar sus años no para disimularlos, sino para potenciarlos. Eric Arce caga la batería, literalmente, a palos. La deshace con agresividad y contundencia. Después de cada presentación es muy probable que sus muñecas entren a rehabilitación ortopédica. Jerry Jr. en la guitarra, el más crío de los tres, tiene un particular estilo que imprime presteza, que acomete, que te lleva a la pared con las manos arriba. La banda, en sí misma, está hecha a prueba de décadas y es así como demuestran que no cualquiera puede ser un Misfit.

Nota: El Groove es un templo. No cabe duda. Pero estaría bueno, no sólo por la calidad de los shows que allí transcurren, sino también por la salud auditiva de toda la gente que lo frecuenta que revisen el tema del sonido. No hay que ser un genio para darse cuenta que el problema cardinal del lugar es la acústica y, como eso no es tan fácil de modificar o directamente imposible de hacerlo por la forma del recinto, la altura, etc., la sugerencia es que hagan lo que esté al alcance no sólo infraestructuralmente, sino también tecnológicamente para mejorar los asuntos sonoros porque, francamente, tienden a ser desastrosos. Si bien es cierto que muchos artistas llevan sus propios equipos, asistentes e ingenieros de sonido, en parte para garantizar un buen show desde todos los frentes, también es cierto que algo muy importante está fallando en la sala generando más ruido e incomodidad que amplificación y distorsión. Es inaceptable que bandas internacionales de la talla de Misfits no puedan sonar como están preparadas para hacerlo y que tenga que pasar más del 30% del show para que el sonido del mismo empiece a ser reformado hasta un punto aceptable pero nunca óptimo.

CJ Jaramillo

Fotos: Dahian Cifuentes

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