Los Violadores y las certezas que sólo da el pasado [review]

Las reuniones después de muchísimo tiempo siempre están sometidas a un scanner de veracidad por el que generalmente suelen pasar de manera airosa. Es así porque durante una hora y media o dos prevalece lo emotivo y lo espectacular por sobre cualquier otro análisis más frío y racional. Es por eso que, pasados un par de días y ante la consulta sobre cómo estuvo el show de Los Violadores en el Luna Park, surge un “bien” como respuesta inmediata y enseguida nomás llega la palabra “pero”.

Es una época en la que asistimos a los bises de muchas bandas de rock y, como el futuro da mucho vértigo, dichas bandas prefieren mirar para atrás y descansar en las certezas que sólo da el pasado. Se podría decir que es el momento en que el rock empieza a volver sobre sus pasos para no ser quien tenga que dar las respuestas que toda una generación está necesitando en este preciso momento. Y mirando hacia atrás surgen un sinfín de respuestas que ponen a algunas bandas en un lugar de privilegio, sin dudas, como el “nosotros hicimos esto; marcamos el camino; cantamos lo que nadie se animaba a cantar en ese momento; inventamos algo; generamos un cambio”. Todas verdades, por supuesto, pero al rock, como a ese jugador distinto del equipo al que se le pide un poco más aunque tenga 35 años en el lomo, siempre hay que exigirle que se salga del molde, que genere algo distinto y que cambie el curso de las cosas.

Los Violadores no solo tuvieron el mérito en su momento de salir a decir y cantar lo que nadie decía y cantaba, sino que lo hicieron muy bien, dejando mentes abiertas y un gran puñado de enormes canciones. También tuvieron sus idas y vueltas, sus peleas, sus despedidos, sus renunciados…y por eso esta reunión para festejar los 30 años de Y ahora qué pasa eh! resulta de primera lectura como un homenaje a sí mismos más que una ofrenda al público o un puntapié inicial para tomar partido en esta dura realidad que nos toca vivir de lunes a viernes.

Vivimos el tiempo en que cualquier sentencia tiene un pero. Ya no es como hace 30 o 40 años, cuando con la primera impresión ya era suficiente. Puede ser que hoy se haya generalizado la idea de que en el rock ya no es una condición necesaria ser creíble. Todo es lamentablemente posible.

Entonces, recién cuando se deja de lado el interrogante sobre cuánto tiene de creíble esta reunión del grupo insignia del punk argentino, uno se puede adentrar en el análisis de lo que fue el show específicamente. Y ahí uno se encuentra con una performance correcta y una lista de temas bien confeccionada con un grandes éxitos de principio a fin. Claro, mayormente del disco Y ahora qué pasa eh!, la principal consigna de la noche.

Se puede agregar que Stuka nunca fue un gran amigo de las guitarras que tuvo disponibles, que el Polaco no sólo tocó el bajo sino que paseó de un lado a otro del escenario como si fuera realmente la última vez y que Sergio Gramática le dio a los parches de una manera consistente y por momentos agarró el micrófono para arengar a la multitud del Luna Park. También se puede agregar que es una suerte que hayan estado todos más o menos en forma para darle a Pil, un tipo cuya afinación es más conceptual que vocal, la posibilidad de lucirse como el frontman más lúcido e inteligente que ha dado el rock de este país. Es por Pilprincipalmente, por quien vale la pena levantar la copa y alegrarse luego de este multitudinario y exitoso reencuentro.

Casi dos horas de show. Casi treinta canciones, entre ellas Aburrido divertido, Somos Latinoamérica, Bombas a Londres y Más allá del bien y del mal. En esas dos horas también cayeron en el tributo más redundante y cansador de todos que es tocar El ojo blindado. Sí, un tema punk, claro está, pero tan trillado como el compilado Legend de Bob Marley. Represión y Uno, dos ultraviolento son redundantes también, pero tienen su peso específico por ser himnos propios que fueron muy necesarios y oportunos en su debido momento.

Pasada la ultraviolencia, se fueron felices sacándose la ya clásica foto con el público detrás. Sólo ellos saben que será del futuro de Los Violadores. Eso sí, saben que mirando hacia atrás siempre encontrarán varias certezas. Su público, si no pierde el tiempo preguntándose lo mismo, también tendrá licencia para seguir disfrutando de ese pasado.

Alejandro Panfil
Fotos Dahian Cifuentes

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