The Dillinger Escape Plan derramó psicosis en Palermo Club [review]

 

El viernes pasado, la primera visita de una de las bandas cuyo nombre es casi un sinónimo del género mathcore infectó la noche con un show enérgico. The Dillinger Escape Plan es una banda conocida por su avanzada potencia y presencia escénica: a dónde van, se trepan en los amplificadores, se cuelgan del techo, saltan sobre el público y hacen que incluso a quienes no les guste su música, queden asombrados por el despliegue realizado sobre el escenario. Y Argentina no fue la excepción.

Si bien fue una fecha con asistencia moderada, el público que acompañó es aquel que esperó tantos años por verlos, que conoce su trayectoria y vocifera cada tema como un himno, por lo tanto, la conexión con la banda fue recíproca y la hora y media del show en el estrecho escenario de Palermo Club fue como un parpadeo comandado desde el escenario por el vocalista Greg Puciato.

Con pocas intervenciones para un “gracias” o esbozar el nombre del tema a continuación, la banda se lanzó a la carga con rapidez desde el principio sin dejarle espacio a la audiencia para pensar, una audiencia hambrienta e inyectada de Prancer -que abre su última producción-, el ya clásico Milk Lizard, Room Full of Eyes y Panasonic Youth, los elegidos para la apertura.

El rango de voz que maneja Puciato es quizás la cereza sobre el postre de una banda irrepetible, que en vivo demuestra su talento natural. La desesperación y la psicosis en un desgarrador grito limpio enunciado por el cantante es acompañado siempre del sonido complejo y poco predecible de dos guitarras, un bajo y una bata que junto a los visuales y a su actitud hardcore o punk rock, si se quiere, cierran la identidad de la banda como un todo.

No es gratis que varios de sus miembros formen parte de superbandas como Killer be Killed o la recién formada Gone is Gone, junto a integrantes de otros pesos pesados como Mastodon, Soulfly, The Mars Volta o At The Drive In.

A través del viaje, con violentos picos de distorsión y severos valles de denso ambiente nostálgico y armonías que funcionan como un reloj suizo, se escucharon Setting Fire to Sleeping Giants -siempre bienvenida- y una favorita personal: Farewell, Mona Lisa.

Tras un breve corte, los Dillinger volvieron para cerrar la noche con Sunshine The Werewolf y 43% Burnt. Sin necesidad de pedir más, el público se retiró: ya todo estaba dicho. El sudor y la energía quedaron en el recinto y las ganas de otra cerveza para paliar la sed y la humedad del tiempo que acompañó la fecha se convirtieron en objetivo.

Andrés Carrizosa

Fotos: Dahian Cifuentes

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