Sobre la autoridad

Desacato“Desacato a la autoridad” se llama el documental que cuenta la historia del movimiento Punk en la argentina, desde el punto de vista de Patricia Pietrafesa y Tomás Makaji. Hay pocas expresiones culturales que reivindiquen de manera tan elocuente la contracultura como un acto deliberado de desobediencia a la autoridad como el punk rock. Surgido en épocas en que las autoridades en todas sus formas parecían imponerse de manera incuestionada de hecho, con o sin derecho, las más de las veces sin, el punk era un espacio de encuentro para aquellos que no podían ejercer su identidad legítimamente bajo la mirada intransigente de “la sociedad”. No es mi intención reiniciar la filosofía del rock indagando por los orígenes de este o aquel modo de darse sino más bien reflexionar sobre el fenómeno de la autoridad, tan disipado por el postmodernismo de las democracias liberales y su fundamentación teórica que hace que sea muy difícil, sino imposible, desacatar la autoridad como un modo de ejercerla, de apoderarse de ella.
system worksVivimos en una suerte de generalizado relativismo en el que la única verdad que cuenta es que no hay ninguna verdad completamente legítima. Por eso, parece no quedar lugar para una autoridad que se imponga con pretensiones de absoluta legitimidad y al transformarse este enunciado en un naturalizado vox populi, desobedecer es un modo de confirmar la regla, esto es, de defender el status quo. Está bien que escuches o hagas música con tres acordes, que te pintes el pelo de verde, que te emborraches o te tatúes o te tires desde un puente. Tenés derecho porque la libertad individual es el eje de la democracia neoliberal que propone una ideología de mercado, sea esto lo que fuere. La industria cultural terminó de empaquetar hasta el último alfiler de gancho y con eso desactivar las formas más radicalizadas de indisciplina bajo el lema: “está bien ser un marginado”; “ahora somos todos forajidos por contrato” decían hace más de una década y media los miembros de una banda devenida pop. Podés buscar la estética que mejor te represente en las góndolas del supermercado; la música que mejor te acompañe en tus diferente quehaceres en la bateas virtuales de spotify; los eventos culturales en los que encontrarte con la gente como vos en Facebook; los talleres en los que expresar tu disconformidad en un centro cultural con matafuegos y ficha de inscripción on line; podés grabar tu música, pintar tu cuadro, cocer tu ropa, leer tu literatura o escribirla por unos pocos pesos y en la comodidad de tu hogar. Tenés autoridad, sos la autoridad porque sos parte del mercado y el mercado manda.
2769428774_4Necesitamos nuevos enemigos para eludir las teorías del tipo “suicidio en masa para ejercer nuestros derechos”. De hecho, la lógica detrás del postmodernismo socio-político en que vivimos es la que argumenta los fundamentalismos que, como deja bien en claro Grüner en “Las formas de la espada”, no encuentran nada que fundar. Pero aún sin fundar nada se cobran vidas absurdamente para contra-argumentar este sospechoso relativismo en el que obviamente, lo relativo es una verdad absoluta. Quizá los nuevos, y no tan nuevos, fundamentalismos echen una luz retrospectiva sobre los movimientos radicalizados del pasado reciente resaltando también su incapacidad para fundar un nuevo orden de cosas en que la refutación del absolutismo del poder oficial no signifique que todo está justificado con un valor relativo pero siempre positivo. ¿Qué fundó el punk?; ¿qué fundaron los movimientos de liberación femenina?; ¿qué fundaron las organizaciones por la paz y anti-guerra? El punk se diluyó en las tapas de revistas de moda, las mujeres responden a una expectativa social cada vez más comprehensiva y opresiva, las guerras cambiaron de latitud pero responden a las mismas demonizaciones. Tengo la sensación de que, o bien el sistema es invencible, o bien las mismas organizaciones que lucharon desde una postura fundamentalista no tenían nada que fundar. Me inclino por lo segundo.WhiteRiot
Pero si fundar un nuevo orden es una posibilidad, es menester encontrar un nuevo enemigo que no se escurra entre nuestras manos como agua o arena. Esta no es una tarea sencilla en un horizonte fundado en un contractualismo abstracto en el que se supone todos acordamos libremente vivir en este tipo de sociedad y con este tipo de reglas. El fundamento es un consenso, un acuerdo libre y voluntario aunque, obviamente, ficcional. Vivimos en la ficción de que las autoridades son el reflejo de nuestra soberanía porque los procedimientos, ya sea el del contrato social à la Rousseau o à la Rawls, garantizan la transferencia del poder de manera legítima. ¿Ya comienza a hacer esto un poco de ruido en sus cabezas? ¿Quién sostiene el relato de nuestro yugo? ¿Quién es la autoridad a desacatar? No soy yo porque no soy mercado (o al menos no me defino en esos términos), porque no estoy de acuerdo con los principios de la justicia ni con los procedimientos que nos llevan a elegir ‘libremente’ nuestras autoridades, ni mucho menos con los mecanismos de implantación inconsciente de ideología que manipulan mis decisiones diariamente.
Podríamos hacer foco en la que parece ser la máxima autoridad de nuestras sociedades, a saber, la industria cultural, esa que cuenta con total representatividad porque todo lo refleja, todo lo dice bajo la enmienda de la libertad de expresión y todo lo ofrece. Pero no podemos seguir evitando la verdadera función de cada dispositivo de información que, no exclusiva pero sí primordialmente, da forma a sus usuarios y consumidores. A través de lo que Grüner llama “un gigantesco mercado virtual de ideas y representaciones, entre las que somos teóricamente ‘libres’ de elegir, como si la sutil violencia de esta definitiva forma de subjetivación legítimante no nos obligara a elegir siempre lo mismo, encandilados por una apariencia de diversidad infinita e indiscriminada”, nos transforman en sujetos (¡Sí! Sujetos, atados, encadenados) pasivos y dóciles que no tienen ningún problema en naturalizar sus derechos como si no fueran parte de una lucha política, tantas veces efectivizada como una lucha a muerte.
nofx_ep_1024x768NOFX lo tuvo muy claro: entre otros errores, estás equivocado si creés que el punk no se mezcla con la política. Ser una persona política activa no significa militar en un partido o ir a marchas o defender en facebook (con minúscula, sí) a un candidato. Significa que, al contrario de lo que creía hasta hace unos minutos, la autoridad sí soy yo, aunque no sea ni mercado ni ciudadano contractual. Y si soy autoridad, mi peor pero más eficaz enemigo soy yo misma. Tengo autoridad para posicionarme críticamente respecto del sistema que me acuna. Tengo autoridad para decir: “Estás equivocado” una mil veces, y tener razón. Tengo autoridad para no mirar, apagar, cerrar ventanas y manzanas para debatir constantemente con mi comunidad. Este empoderamiento del tipo de persona que puedo ser no significa autonomía y mucho menos kantiana, tantas veces criticada hasta su aniquilación, posiblemente sólo en cursos académicos hablados ‘en lenguas’. Nuestra propia biografía comprueba que el relato de nuestras vidas es un cuento que cuentan otros. Por poner un ejemplo, nuestra primera infancia, en ese momento de nuestras vidas en que se definen nuestros rasgos esenciales, o mejor, en que otros definen cuáles serán nuestros rasgos esenciales, es un relato que escuchamos en boca de nuestros padres o abuelos. No hay antropología del siglo XXI que pueda, después de tantos siglos de absolutismos y dictaduras y masacres, sostener un individuo autónomo que sólo dependa de su voluntad. Pero esto no significa que no podamos jugar un rol activo y crítico en la elaboración de nuestras historias y nuestras definiciones. Tenemos derecho a decir “Yo soy” como una certeza última y fundante de un orden de cosas que contradiga, por qué no, a todos los demás. “Estás equivocado” porque podemos vivir de otra manera, pensar de otro modo. Y si bien quizá no valga la pena morir por eso, al menos vale la pena experimentarlo, llevarlo a la práctica, con la permanente sospecha de que quizá no hayamos criticado lo suficiente, quizá no hayamos revisado bastante nuestros supuestos.
ff_331El nuevo enunciado punk podría ser “Desacato a mi naturaleza”. Todo eso que te sale natural quizá no esté inscripto en tu ADN sino haya sido implantado ahí a través de uno u otro dispositivo. Desconfiemos de nosotros mismos confiando en nuestra capacidad de producir nuevos enunciados fundantes de realidad. El sujeto que los mecanismos de poder informan – la persona que se moldea al calor de la pantalla de TV (pero podríamos pensar en cualquier otro medio de comunicación, así como los sistemas educativos, en las tradiciones culturales, etc) – no está cerrado y su narrativa puede ser revisada, retocada, modificada. Las prácticas, todas ellas, son sociales y sus significados son colectivos, por lo tanto, tenemos autoridad para discutirlas, no porque seamos mercado sino porque somos parte de esos mismos colectivos. Tenemos autoridad para desobedecernos con fundamento sin caer en absolutismos pero sin fundirnos en una masa tan relativa como acrítica.

Miss Boa

Dejá tu mensaje

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: