Soulfly pasó por Buenos Aires y reavivó la nostalgia por el viejo Sepultura [review]

Hace un par de años, en la anterior visita de Soulfly a Buenos Aires, la imagen que dejaron fue de una banda que ya no iba a aportar más sorpresa y que simplemente seguiría viviendo del pasado glorioso de su líder.

Max Cavalera parecía más un arengador de paravalanchas que cualquier otra descripción que diera su curriculum. Casi sin tocar y muy cercano a no dar nada de sí para que el show fuera al menos respetable, Max dejaba la sensación de estar cumpliendo con una obligación laboral, que lo es, pero a veces en el rock hay que disimular un poco para que no se note tanto.

Honestamente, antes de esta nueva parada en Buenos Aires para presentar en Palermo Club su disco Archangel, la expectativa era bastante débil. Decididamente este show no despertaba el entusiasmo de otras ocasiones. Pero bueno, sorpresas te da la vida y también te las puede dar el mayor de los Cavalera.

Son las 10 de la noche y ya pasaron los teloneros, entre ellos Insobrio, banda con aires ñumetaleros pero con guitarristas con look Guns N’ Roses. Y como no hay mucho espacio en esa fea tarima que hace las veces de escenario, Soulfly termina ultimando detalles a la vista del público.

Afortunadamente, Max está bastante enchufado y con pilas para dar un show mucho mejor que el mencionado del Teatro de Flores, pero como un concierto no solo se trata de escuchar sino también de ver, hay un aspecto que a Max le impide lucirse del todo. El escenario es tan bajo que a los músicos se los ve desde el hombro para arriba. No pregunten por los instrumentos, no se ven ni ellos ni su ejecución. Se percibe que el show sería diez veces mejor si el escenario estuviera unos veinte centímetros más alto. En fin…

La noche es húmeda pero eso no es un problema para los antiguos dreadlocks de Max, que lidera a una banda sin formación fija pero que sabe a la perfección el libreto. Hay una leve intención en la lista de presentar los temas nuevos, como We sold our souls to metal o Archangel, pero él y todos saben que siempre garpará mucho más meter unos covers de Sepultura como Territory, Refuse/resist, Roots bloody Roots y Attitude.

Tras el viaje nostálgico, recuerda que hoy su banda es otra y arremete con Back to the primitive y Eye for and eye. Pegadito viene otro cover, pero esta vez en homenaje a Lemmy, a quien le tiró un vaso lleno de vino encima el mismísimo día en que lo conoció. La versión de Ace of Spades para nada mejora a la original, es insípida y no aporta demasiado a la causa, pero igual es celebrada por todos aquellos que necesitan repetir en voz alta que Lemmy no murió.

Se va Max y el resto de la banda se despide con la intro de The Trooper, de Iron Maiden. Luego se va la totalidad de Soulfly y queda vacío el escenario. La sensación que queda es la misma de siempre, la que se acentúa cada vez más. Que ni Max ni sus ex compañeros lograron en veinte años estar a la altura de lo que supieron hacer con el viejo Sepultura. Y eso no tiene nada que ver con cuán lejos del piso esté el escenario.

Alejandro Panfil
Fotos: Andrés Carrizosa

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