Soldati y el regreso al origen del stoner [review]

Cuando la gente del rock en Argentina es cuestionada a propósito de sus influencias más axiomáticas, generalmente contestan: Spinetta o Pappo. Con alguna de estas dos respuestas no es difícil imaginar la filiación rockera de cada uno. Los primeros derivan hacia una música más experimental y suave, por decirlo de alguna manera, mientras los segundos se sitúan en el espectro de lo duro y lo visceral más asociado a la calle y al ruido, que a la poesía y sus ministerios taciturnos. Ahora bien, el fantasma del rock pesado cuenta con una estrechez generacional que en los últimos años ha sabido devorar cabezas indiscriminadamente: el stoner, un género relativamente nuevo en la escena mundial que, yendo a medio camino entre el metal y el rock psicodélico, surge en el lugar más inverosímil de todos: un desierto. Ahora bien, si en unos veinte o veinticinco años siguiéramos preguntando a la gente por sus influencias más axiomáticas en cuanto a rock se refiere, de seguro, a las dos personalidades mencionadas, le agregarán la de Sergio Ch.

Soldati es la nueva banda de Sergio Ch, que vuelve a aparecer en escena con un sonido que, francamente, devuelve las miradas –y las sensaciones- hacia la mítica banda Los Natas. La pasada madrugada del sábado 19 de marzo –fecha que marcará un memorable comienzo- y en Plasma, una modesta sala situada en el límite entre San Telmo y La Boca, Soldati hizo su debut ante un público entendido y casi académico, que se destacó, sobre todo, por su carácter austero y contemplativo, casi que nostálgico, digamos, por la incertidumbre de confirmar lo que, naturalmente, se venía encima: el regreso al origen del stoner.

La banda, también conformada por los así presentados por Sergio, Don Lucas en el bajo y Don Ranz en la batería, confirió una sólida capa de sentido que solventó toda la incertidumbre de los asistentes con temas prácticamente confesionales y anecdóticos que no se cansaron de exponer aquella dicotomía agudeza/frialdad que tantos favores sonoros le hizo a Los Natas, a propósito de la fantasmagórica realidad que versionaron a lo largo de siete álbumes de estudio y otros muchos EPs y compilaciones nacionales e internacionales. El rock en Soldati es una desfiguración cuyo arrojo adopta el vigor de una violencia doméstica que se despliega para desembocar en lo infinitamente íntimo en un círculo vicioso de interminable transitar. Es rock individual, subjetivo y altamente complejo. Sin mezclas ni aditamentos de nada. El clima de irrealidad que compone va marcando las variantes atmosféricas de un sonido que oscila entre lo inquietante y lo alegórico con tonalidades reflexivas cuyo poder valvular nunca deja de detonar hasta la suspensión psíquica indefinida. Y es que eso fue lo especial y lo impar de Los Natas y, de seguro, empezará a ser lo exclusivo de Soldati, pero con el ávido riesgo de superar al referente.

Soldati es una máquina de distorsión impecable que se reinventa en todo momento sin desperdicio alguno. Su música no es para escuchar, simplemente, sino para observar en un ejercicio de introspectiva sinestesia. Rompe con la costumbre y destila la epidemia de lo oscuro, lo revoltoso y lo desolado, hasta convertirse en desiguales virus que se atraen como imanes desplegados sobre ese vacío que todos somos y sobre todos esos tifones que arrastramos. Es música penetrante y diligentemente trabajada que hilvana episodios anímicos sin detenerse a explicar sus causas, dejando claro desde el principio que todo, absolutamente todo, es consecuencia de la naturalidad de las cosas.

La banda tiene un estilo sencillo y preciso, con apartados de aparente improvisación y prórrogas armoniosas que dejan la sensación de estar escuchando un constante epílogo. Su tonalidad es fosca e insolente y no necesita de mucho para enganchar al escucha en la burbuja distorsiva que funda por medio de un cuchillo que amenaza firmemente con descubrir y sublimar las turbaciones que llevamos puestas. Soldati te deja el cerebro presto a salir disparado por la boca. Es la intuición envilecida del sosiego después del peligro. Cada canción está enlazada con la siguiente en una narración inagotable de ruinas y memorias que nadie puede comprobar pero que todo el mundo parece entender. Con Soldati hay una complicidad entre lo que suena y lo que se deja consonar. Si Soldati fuera una película sería una road movie. Y si fuera una pintura sería ultraexpresionista. Pero bueno, quiso ser rock o, mejor, stoner.

Sergio Ch es el abuelo, el padre y el hijo del stoner nacional. No hay duda. Y para no contaminar más, sugiero que vuelen al Bandcamp de Soldati y dejen que la banda haga lo suyo, aunque, por desgracia, no puedan escuchar la excelente versión de Humo negro del Vaticano, tema de Los Natas con el que cerraron la primera y única fecha que hasta ahora han encarado.

Gio Jaramillo

Fotos: Dahian Cifuentes

Comments

  1. Sos muy pedante escritor

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