El Otro Yo y Los Rusos Hijos de Puta contagiaron energía y le pusieron contenido al verano [review]

“Eres una dulce mascota de un sistema corrompido y serás destruido, destruido así! Eres una voz silenciada enmudecida, censurada y serás destruida, destruida así!”. Cuando se trata de un mensaje como este, ¿importa demasiado el envase?

Son tiempos cada vez más plásticos y de falso buen tipismo. Son tiempos de frivolidad y de falta de contenido. Tampoco abunda el compromiso, claro está. Son tiempos también en los que parece no estar bien visto usar la cabeza. Y peor aún, parece que será cada vez más peligroso decir abiertamente lo que se piensa.

Y en estos tiempos, el envase de El Otro Yo sigue siendo el overol, largo o corto, dependiendo de la época del año, y una música loca, aguda y futurista que bien podría ser comparada con una instalación de museo de arte contemporáneo, pero la esencia y el mensaje siguen siendo los mismos. El de no bajar la cabeza, el de luchar por lo que se cree justo, el de no dejarse humillar, el de perseguir los sueños, el de no dejarse pisotear por el sistema, el de ser independientes.

El tono, sí, suele empatizar con los adolescentes, pero las letras siguen siendo aptas para todas las edades. El prejuicio y parecernos cada vez más a nuestros padres es lo que nos convierte en viejos gruñones y despectivos con grupos que en un momento determinado le mostraron el camino a toda una generación que hoy parece tacharlos, con algo de desprecio, de “banda de la adolescencia”. El mensaje es el mismo. Y el mundo de mierda que nos rodea no sólo que es el mismo, sino que está cada vez peor.

Es verano. Hubiera sido mejor al aire libre, claro está, pero debido a que a la tarde estuvo lloviendo un rato, el escenario del patio del Konex queda desocupado hasta nuevo aviso, mientras las bandas se van reacomodando en el amplio galpón lleno de columnas. Entre el puñado de entusiastas que se acercaron temprano hay banderas imaginarias de independencia y celebración de la autogestión. También hay bronca, sí, pero hay otros medios donde leer los motivos.

Desde temprano ya hay quienes amenizan la tarde para aquellos que se quedan todo el tiempo bajo techo y para aquellos que prefieren tomar algo afuera y escuchar desde un poco más lejos. Avanza la tarde y se van pasando la posta Todos los Problemas, Holidey, La Ola que quería ser chau y Viva Elástico antes que aparezcan Los Rusos Hijos de Puta. ¿Y qué cosa no se dijo de los Rusos? Tienen todo lo que no tiene la mayoría de las bandas de la actualidad: mensaje, creatividad, presencia escénica, desparpajo y, por sobre todo, actitud y un gran futuro por delante. Y con todos esos condimentos suenan, entre otros, Nubarrón, Tu mami, Carmelo, de Hola, y Snowball, La federal, Nada y Los Pibe, de La Rabia que sentimos es el amor que nos quitan. El escenario, como no podía ser de otra manera, quedó incendiado, ideal para que El Otro Yo pudiera mantener la temperatura y coronar una velada con olor a espíritu independiente.

Muy cerquita de las nueve de la noche, los integrantes de EOY parecen hacer el precalentamiento y la última arenga a un costado del escenario. Se apagan las luces y la clásica voz robótica da pie para que empiece a sonar la batería de Joan Sprei. No lo dejan solo, claro, porque Delirio Universal termina de cobrar forma junto a los hermanos Cristian y María Fernanda Aldana, Gabriel Guerrisi y el retornado Ezequiel Araujo. El comienzo del show marca la tónica que regirá durante más o menos un ochenta por ciento de la lista, con temas que aparecieron en los discos de los 2000. Básicamente desde Colmena en adelante. Y entonces se suceden, entre otros, Locomotora, Calles, Me harté (“en este lugar concheto me chupo todo tu rencor, distingo entre el reviente y el resto…y el resto soy yo”), Orión y Licuadora mutiladora.

El final, con EOY, Alegría, abrazos en serie y una selfie grupal junto al resto de las bandas del festival no es otra cosa que la declaración de la independencia. Independencia creativa, independencia de todo envase e independencia mental respecto de toda mirada despectiva.

“Los excluidos que el poder mata son los desechos del mundo global. La licuadora mutiladora destruye todo con impunidad. Es la impotencia, esta violencia, el resultado generacional. Tomando, vidas, chupando mentes, estamos en la mira. Beben, beben nuestra sangre. Quieren nuestra sangre”.

Para Marshall McLuhan, el medio era el mensaje. Para El Otro Yo, en cambio, el mensaje es todo.

Alejandro Panfil
Fotos: Andrés Carrizosa

Comments

  1. qe chota reseña

  2. Buena reseña. Tengo que escuchar a estos hijos de puta!

  3. “También hay bronca, sí, pero hay otros medios donde leer los motivos.” linda manera de lavarse las manos

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