Concrete Jams: Radio Moscow y el rock setentoso que sigue molestando a tus viejos [review]

Día dos. De vuelta al Uniclub con la aguja de la nafta pisando el rojo. Mientras me arrastro hacia la barra, pienso en las bondades del Ginseng, los multivitamínicos y los planes jubilatorios. Después pienso en Keith Richards. Todo bien.

Minutos después de la hora anunciada para el inicio, empiezan a sonar detrás del telón los primeros hilos sonoros de sintetizador de Viaje a Ixtlán, alter ego de los chicos de Narcoiris -esta vez, junto a un pasajero más: Javier Romani en el bajo-. La propuesta fue, para mí, lo más interesante de la noche. Un viaje sonoro por paisajes interiores que tocan esta fibra del stoner -no siempre cultivada con maestría- que tiene que ver más con la música progresiva, los momentos más ácidos de Zepp y hasta ciertos momentos particularmente violentos del post rock. El Camino Blanco, que abre su mini set de dos temas, es una extensa incursión por ese camino. Me hacía acordar por momentos a No Quarter. Como diría Castañeda: fuck yeah, dude (?).

Después de Viaje a Ixtlán, ya estaba acomodando varas de incienso en lugares estratégicos, y rociando con pachulí a un par de metaleros que tenía al lado, en lo que supuse sería una velada de espiritualidad new age que nos pondría en paz con el cosmos. Pero no. Elefante Guerrero Psíquico Ancestral desplegó desde el minuto cero su arsenal de rock enérgico y volátil de gran virtuosismo. Ritmos derechos y potentes cruzados por líneas de viola a gran velocidad.

Lo que sí hizo EGPA fue dejar a la gente con el ánimo adecuado para La Aplanadora de Iowa, Radio Moscow. Si dije que el set anterior había sido enérgico y volátil, para describir a Radio Moscow tengo que inventar otras palabras. No pararon un segundo de ametrallar a la gente con riffs implacables de blues pesado. Blues pesado, rock clásico, ¿stoner rock? No importa. Esto es el exacto reverso de Viaje a Ixtlán. No hay nada que reflexionar acá. Rock de los 70s que le sigue molestando a tus viejos. Hicieron un picado de todos sus discos, comenzando por So Alone y tocando todo (pero todo) lo que uno podía pedir. La calidad técnica de los pibes es abrumadora, pero eso no es nada sin la energía inagotable que despliegan a cada segundo. Punto alto: eso que acabo de decir. Punto no tan alto: eso mismo. A veces uno querría alguna variación. Después de un rato cansa un poco. Pero claro. Eso pasa cuando sos viejo.

Concrete Jams fue un glorioso comienzo de año. Organización impecable, precios accesibles considerando la cantidad y calidad de las bandas, un gran sonido, mucha buena onda y un montón de rock. Adiós amigos.

Texto: Luis Barone

Fotos: Santi Sombra

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