Therion y la intimación nórdica [review]

El pasado miércoles 25 de noviembre Therion protagonizó un memorable show acústico en el Teatro de Flores. La sobriedad fue la invitada de honor a un recital con un énfasis muy particular que, lejos de sorprender por su ingenio, sí logró conmover a los asistentes con brillantes y épicas interpretaciones.

El Teatro parecía, justamente, un teatro, con sillas dispuestas frente al escenario y un telón que debía correrse en cualquier momento para dar paso a la dramaturgia. Nada que ver con el escenario que normalmente recibe a los rockers de la ciudad. Al principio el público afrontaba la propuesta acústica de la banda con recato y resultaba llamativo ver tantos metaleros por ahí correctamente sentados y con sus pelucas tan bien puestas, pero esta situación no duraría mucho tiempo, ya que en el aparente sosiego de los primeros dos temas la moderación se mutó, definitivamente, en vibrante regodeo.

Es una banda de culto, nada que hacer. La textura de su sonido es impracticable si no se tiene, primero, una sólida formación académica en música y, segundo, un gran conocimiento y pasión por la música clásica lírica. El dominio instrumental que ostenta Therion es virtuosismo depurado que no se entorpece –aunque tampoco se potencia- bajo el prisma acústico. Por eso, para mí, resulta más cómodo hablar de las individualidades que del conjunto, ya que si bien no tuve la suerte de verlos antes con sus dimensiones sonoras acostumbradas, sí estaría muy seguro que a la agrupación le conviene más la descarga férrea de los amplificadores que la alineación desconectada. De cualquier forma, el espectáculo de los suecos fue extremadamente pulcro y no puso en duda la prestancia de lo que mis oídos habían escuchado.

Ahora bien, uno no sabe si Christofer Johnsson y Christian Vidal están tocando guitarras para un grupo de rock o laúdes para un dúo barroco. Toda una artesanía. El bajo de Nalle Pàhlsson es impecable y funciona como un relojito de tiempos inmemoriales que se desliza compactamente sobre la delicada y melancólica manta que es la batería de Johan Koleberg. Excelentes bordados. El gran Thomas Vikström se mostró muy afable y humorístico a la hora de interactuar con la gente e hizo de su voz una fortificación preeminente que elevó el prodigioso talento de la soprano italiana Chiara Malvestiti y la lucidez pastoril de la hermosa Emmie Asplund. Sincronía armónica perfecta que conservó, para el deleite de los fans, las naturalezas sinfónicas y operísticas de la banda.

De esta manera, hicieron un repaso por su discografía con temas como Son of the Sun, Vanaheim, Niefelheim, Secrets of the Runes, To Mega Therion, Quetzalcoalt y clásicos como The Siren of the Woods, la poderosa Lemuria y una parte de la sobrehumana Draconian Trilogy, entre otras.

Con una naturalidad excepcional, Therion logró juntar a sus más vivaces fanáticos brindando una presentación que, completamente desviada del formato habitual, supo intimar con ellos, demostrando que, aunque ya van cinco años de su último disco, todavía están activos y prestos a la innovación.

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