La eternidad según Satan Dealers [review]

La primavera no llega. No se asoma por ningún lado. Nadie sabe por qué y nadie quiere saberlo. Igual no importa. Cuando el otoño está empezando el calor se prolonga de la misma manera como se dilata el miedo ante el dolor. Y todos quieren que vuelva el frío. Ahora todo es al revés: la gente clama calor. Pero no. La realidad es otra. Nadie está nunca en su salsa. A todo esto sumémosle que es finde largo y la ciudad lo respira por todos lados: menos caótica, más amable, menos estrepitosa pero nunca menos furiosa. Y cuando digo que nunca menos furiosa me refiero específicamente a que sus calles siguen consumiendo la vida con la misma cadencia desenfrenada que no respeta nada –ni tendría por qué hacerlo-. Por Niceto Vega la gente se mueve ensimismada y bien abrigada. Tienen la tonta esperanza de que en cualquier momento suba la temperatura. Lo sé porque escuché a algunas personas insinuarlo. Pavadas. La gente aguarda en las juiciosas filas mientras sucede una noche típica de sábado, pero ojo, se siente un sigilo particular, un sigilo lacerante que concuerda con la estela nebulosa de los cigarrillos, el vapor de las alcantarillas y las humaredas del timorato tráfico. Calma, sospechosa calma, calma como la que se encona en el ambiente antes de que explosione un huracán.

Adentro, en lo que sería el “lado A” de Niceto, tocan los siempre auténticos Aggrotones, una banda de skinhead reggae que parece sacada de la Inglaterra de finales de los 60s. Su exquisita música instrumental además de echar en cara los mejores sonidos del género explotado en la célebre película de  Shane Meadows This is England, es digna de ser producida por el reputado sello Trojan Records que lleva impulsando este afable estilo de música desde 1968. Hoy por hoy el talante sonoro de Los Aggrotones es tan notable como único, no sólo en Argentina, sino que, me atrevería a decir, en Latinoamérica. Después de la fiesta Aggrotónica saltan al escenario Los Tormentos con esa suculenta y frenética instrumentalidad surf que forjan tan prolijamente y que, en todo sentido, es el mar hecho rock. Ya con este mini cartel había de sobra para seguir la noche de chorro por cualquiera de sus infinitas rutas, pero bueno, la médula era otra y los verdaderos motores estaban por encenderse.

A los Satan Dealers podemos pedirles lo que sea. Ellos hacen un rock que por momentos puede ser garage a lo Stooges o medio punk tipo MC5 o, incluso, una alternativa de hard-rock a lo Backyard Babies. Saben lo que son y lo exponen sin pretextos. Suena música del oeste. Es el intro. Se proyectan imágenes de naturalezas vivas con sus respectivos cielos. Son ellos los llamados a fabricar esa esquiva primavera y, de paso, a volar cabezas. Los Satans Dealers aparecen ahí para presentar su último trabajo discográfico (séptimo en 15 años de trayectoria) titulado La eternidad en una hora. Abren con Oscuros muros, tema que cuenta con un videoclip tan fresco como el disco. Una tras otra siguen I´m not like you, Luces, Black Hunter y Phychotic Pills. Bombazo total. El público atónito observa, escucha, sólo se deja llevar. Dan las buenas noches. Agradecen la incondicionalidad. Y siguen sin sensiblerías con El tren, Me tapa el aire y Nada tiene por qué. La ferocidad con que esta banda se traga el escenario es extraordinaria. Continúan con How Hard, I dissapear, Kim de papel, Ya se van? y el Tentempié. Son músicos versátiles y opulentos que saben ubicar al escucha delante de su música generando una atmósfera depositaria de distorsión y carácter. Descargan Circle en compañía de la guitarra acústica de Fico de Massacre. En la planta baja de Niceto nadie necesita moverse para demostrar la euforia porque el asunto exacto y potencial, con los Satan Dealers, es más de deslumbramiento que de pogo. O por lo menos así se comportan los asistentes cuya media de edad, a decir verdad, puede estar situada bien cercana a los 30. Tocan Uno dos y tres, Los silenciados y Cartas al fin. Rapidísimas. Punk-rock depurado. La voz impecable, ruda, por momentos acentuada por una suerte de coloración que rasga hacia la opacidad del grito. En seguida sube al escenario Ariel Minimal de la legendaria Pez y, con tres guitarras conflagradas al avance, hacen Puntería y Marea Alta. Fulminantes. Para no perder la euforia y corresponder el inflamable hálito de su público se lanzan con el último galón de combustible a interpretar Rocker to the bones, Detrás del sol y Se paraliza.  Ovación. Las paredes de Niceto siguen haciendo eco. Los Satan Dealers salieron de escena pero parece que aún están tocando ese rock hirviente que contrasta con el imperturbable frío escarcha huesos y adormece voces del afuera. La eternidad en Niceto duró una hora y media y aquella, la otra, la que se lanzó, la que dura una hora, según los Satan Dealers, de seguro dará mucho de qué hablar.

 

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