Noiseground IV: Rock hasta la convulsión [review día 2]

Segunda fecha del Volumen 4 de este festival que Brandy ha visto crecer. Siete bandas la rompieron, con más de seis horas de música de los mejores exponentes under del rock nacional. Así se sintetiza la segunda jornada del Noiseground 2015 en el Uniclub, que a pesar de la lluvia hizo una excelente convocatoria para consolidarse una vez más como la opción más pura de lo que un festival debe ser.

Tras la apertura de puertas cerca de las 18, Antedios (stoner, sludge) fue la primer banda en tocar, dando paso a Valle del Diablo (stoner, sludge) y a Senegal Grindcore Mafia, una interesante propuesta progresiva que no es de Senegal, no toca Grindcore y no tiene pinta mafiosa, pero que destacó con su sonido experimental y enérgico, que se llevó los aplausos del público.

Poco después, hacia las 20, Altar se subió al escenario para comenzar a vociferar su doom/sludge metal, lento y oscuro, que dio forma a la fecha más pesada del festival entre el humo, la humedad y el alcohol que comenzaba a fluir en medio de las latas de Quilmes en el piso del Uniclub

Y así, con el correr de las horas, más y más gente fue entrando al búnker de Almagro para ver a la icónica banda stoner Buffalo, que preparó el terreno para lo que se venía. Dañar por Dañar, Sabía que iba a morir, La batalla de San Antonio y Temporada de huracanes fueron algunos de los temas escogidos por el Pastor y compañía para la ocasión, que tuvo como invitados a los Avernal para tocar en colaboración.

Fue entonces el turno del Pato Larralde en su segunda noche consecutiva en el Noiseground, pero de la mano de sus compañeros de Sauron, para tomarse el escenario. Cerca o un poco después de las 22 -nadie estuvo atento a la hora-, cayeron los árboles por el maldito Humo Eléctrico, y la tierra se partió, pero no de indiferencia: el primer tema de su último álbum El Último Árbol Sobre la Tierra, desató lo que no se vio en las anteriores cuatro horas y se gestó un tímido pogo que fue repuntando. ¡Al fin!

Conjuro y Pus de León (de su álbum La Guerra del Fuego) continuaron a la par del repaso por discos más viejos, que fueron coreados por la gente junto a la carrasposa voz del Pato, la incisiva viola de JB Larralde, el bajo de Zicarelli (que quería tocar hasta la medianoche) y por supuesto la bata de Boulay. 

“Mañana no votamos, pero venimos al Noiseground. Total mañana todo se soluciona”, bromeó, irónico, el Pato, que “bailó” sus “pasos” característicos y dio vueltas por la tarima del búnker mientras se bajaba una cerveza durante los punteos de Los Pensadores del Llanto: “Las cuestiones son terminales…ante tanta luz…El espanto se asusta de mi, y saludo como si nada…”.

Aplaudidos y aclamados por la legión que los sigue, los Sauron se despidieron recordando a todas las bandas que en esta fecha estuvieron presentes. ¿La estrella de la noche? Favio Flores, por supuesto, a quien nadie dejó de agradecer.

Sin mente, el Uniclub esperaba el cataclismo. Avernal preparaba su sinfonía death metal para estallar la licuadora en el Uniclub. Entre pogo y promesas de reediciones de sus primeros álbumes, la banda repasó también su trayectoria con una brillante ejecución y con el apoyo de la vieja escuela, que no perdió la oportunidad de demostrar su afecto y estuvo en primera línea coreando y sacudiendo la cabeza convulsionantemente hasta el final.

Texto y fotos: Andrés Carrizosa

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