De Alerta Roja o el verdadero punk subterráneo [review]

Con mucha ansia y esperando encontrar la mugre y el caos que por momentos tanta falta le hace a la escena punk porteña –no bonaerense- emprendimos la odisea de ir a ver a Alerta Roja. El cartel proponía una cita a las 22hs con los históricos y otras bandas como Agente Feldon, Sarcasmo y Sepulcro Punk. De cualquier manera, si bien es cierto que desde la hora señalada había movimiento al frente del Bar Melonio en Congreso, resulta preciso remarcar que la fiesta habrá empezado sobre el honorable filo de la segunda hora de la madrugada del sábado. Y con esto no quiero decir que antes de dicha hora no hubiera habido nada, por el contrario, la cantidad de imágenes, historias y gentes con las que uno se puede encontrar entre birras, vinos baratos y alcoholes de todo tipo, justifican el lobby callejero y el inicio del recital entre adoquines, punkies y desposeídos.

Al primero que vemos es a Mongo que, para nuestra sorpresa, de una nos reconoce. Al toque ya estábamos en cualquier pizzería-kiosco-bar de mala muerte revueltos entre viejos borrachos jugando al truco, melosas parejas de amantes noctívagos en busca de telo, chorros escrutando gente con sus miradas de linces y uno que otro travesti paseándose por la zona buscando algo de acción. Nosotros aportamos lo nuestro al paisaje a punta de risotadas e insolencias. Mongo y sus amistades nos hablan, presos de diáfana melancolía, de Luca Prodan, Sid Vicious y Ricky Espinosa. Nos detallan las peripecias a las que se veían abocados en la Buenos Aires militar para hacer punk, para aguantar la cana semanal y para no enmudecer y seguir haciendo kilombo con el dedo índice bien erguido ante el rostro de los temerosos. Le pregunto a Mongo por su madre y él me regala su primera cédula de identidad, no sin antes empuñar su bastón como una escopeta contra su pecho comentando que le había dado justo ahí y que su madre lo es todo para él y, mostrándome su espalda, termina: “che, gracias por preguntar”.

Al cruzar la calle vemos a Daniel García que también nos reconoce. Hablamos un rato con él alejados de la multitud de 25 o 30 personas, con una sonrisa nos dice: “esto es Alerta Roja, estar acá al pedo a esta hora para tocar para este increíble público”. Le preguntamos si esto hace parte del under y nos responde que no, que ellos son independientes, que la lógica del dichoso under es la de parecer irreverente para llamar la atención de la gente y después masificarse a hacer no lo que quieren sino lo que otros mandan. IMG_7154-15Hubo tiempo para hablar hasta del museo del Punk, aquel evento realizado el pasado 26 de mayo en el Roxy Live, donde se reunieron músicos como Pil de Los Violadores y Ciro Pertusi de Jauría con una serie de coleccionistas y académicos más de lo comercial que de lo independiente, sin espacios en sus estanterías museísticas  -ni en sus reflexiones- para agrupaciones como 2 Minutos, Superuva, Mal Momento, Los Laxantes o Alerta Roja, bandas a las que se debe mucho y que de una u otra manera además de haber marcado un punto de inicio del género en la Argentina, han hecho mucho más por la escena que otras bandas posando para revistas con sus discos multinacionales. Daniel ejerce una crítica franca y coherente, con argumentos que no culpan a nadie sino que más bien abordan la realidad de las cosas como meras mercancías de la sociedad de consumo. Igual, a Daniel tampoco le importaba estar en un Museo –dice-, donde se expone lo que ya no existe o lo que está en vía de extinción y hay que conservar. Alerta Roja vive y si el punk está muerto como para ponerlo en un museo, en esta banda son todos unos zombies dispuestos a reinfectar a todo el mundo.

Ahora bien, aunque la comunicación entre los integrantes de Alerta Roja sea prácticamente inexistente, sabemos que tanto Daniel como Mongo, Agustín y el Pelado aman la banda sobremanera, o de lo contrario no harían la infinidad de aguantes para mantenerla en pie apareciendo de vez en cuando a inmortalizar esa otra cara del punk que sigue poniendo sus dos mejillas al estado de sitio, a la guerra sin razón, a la democracia, al delito, a la desocupación y a los fuegos cruzados. Y así fue, pasadas las 4 de la madrugada salen a tocar estos “perfectos disfuncionales” en un sótano que bien pudo haber sido el mismo de hace 30 años con la misma gente, el mismo sonido y la misma exaltación.

Extraordinaria fecha e indestructible madrugada que sólo pudo haber terminado mejor si, aprovechando el aburrimiento nacional y la situación límite, hubiéramos ido a Derrumbar la Casa Rosada.

Texto: CJ (Gio Jaramillo)

Fotos: Dahian Cifuentes

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