Crocknicas de un Tacubo: un viaje de ida y vuelta hacia la mente de Joselo Rangel

librojoseloQuien haya tenido la chance de conocer a alguno de los Café Tacuba– o a todos- coincidirá en que se trata de gente sencilla, sin la pose ni el histeriqueo tan característicos de muchos grupos de rock que pudieron trascender las fronteras gracias a su música. Tanto arriba como abajo del escenario, estos cuatro individuos se muestran como cualquier hijo de vecino que tiene que salir a sacar la basura o a hacer las compras del supermercado.

Mucho de esa forma de ser quedó en evidencia hace algunos años con la salida del documental Seguir siendo (2010), en el que quedó registrado un resumen del largo camino a la cima de estos cuatro satelucos que se propusieron tener nada más ni nada menos que una de las bandas más originales de Latinoamérica en los últimos 25 años.

Y por si quedaron ganas de saber un poco más de la diaria de los Tacubos, Joselo Rangel hizo una recopilación de sus columnas semanales en el diario Excelsior que resultó ser un trabajo bastante bien amalgamado y atractivo. A través de sus páginas, el guitarrista del grupo mexicano transmite sin rodeos su forma de pensar sobre la música, el cine, la literatura y la vida misma.

Como toda columna semanal en un diario, sus textos son cortos pero entretenidos, porque no se detiene exclusivamente en la música, ya que, según cuenta, el compromiso de entregar un texto cada jueves lo llevó a prestarle mucha más atención a todo lo que lo rodeara con tal de encontrar temáticas e inspiración para luego sentarse a tipear. Algunos textos resultan más logrados que otros, pero ninguno deja de ser interesante. A veces los remates son un tanto naive y algo descolgados (también podríamos decir “desenfocados”), pero es comprensible tratándose de un hombre maduro que se niega a dejar atrás su idealismo adolescente.

En Crocknicas de un Tacubo, Joselo encuentra motivos para escribir en un almuerzo con amigos que discuten sobre si los Beatles fueron más influyentes que los Ramones o viceversa. Y, al pasar, puede llegar a incluir una recomendación de Chelsea Horror Hotel, la recopilación de cuentos de Dee Dee Ramone. También puede dedicarle unas líneas a sus impresiones sobre un viaje a Cuba con la banda, al concierto de Radiohead en México, cuando todavía eran unos mocosos que le sacaban rédito a Creep, y al genio que habita en el pequeño cuerpo de Natalia Lafourcade.

Joselo, que siempre que se refiere a su banda lo hace en tercera persona (“Café Tacuba tocaba esa noche, etc), también hace mención a cuanto le tocó recibir un premio de parte del mismísimo Morrissey y de cuando con su hermano Quique (ya ambos reconocidos Tacubos) hicieron largas horas de cola para conseguir un autógrafo de los XTC. Y es curioso además cómo confiesa el esfuerzo que hizo-sin éxito- para entender la obra de Luis Alberto Spinetta, a quien le guarda un profundo respeto por lo que significa para el rock argentino.

Lo más interesante, sin dudas, al tomar contacto con estas Crocknicas de un Tacubo, publicadas aquí por Gourmet Musical, es que se está ante una foto de algo que sigue ocurriendo semana a semana, con lo cual se puede hacer un ida y vuelta, desde el libro a la web o viceversa (también se lo puede encontrar en textosmutantes.com), con tal de seguir enganchados con la pluma de este guitarrista que viene acumulando historias e inquietudes desde que era chico y vivía en su Minatitlán natal.

Alejandro Panfil

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