Massacre: un don que se propaga como un virus [review]

En una Trastienda atestada de gente muy diversa tanto en pinta como en edad, Massacre despidió Ringo, su último trabajo de estudio grabado en 2011, antes de embarcarse en el bajel de su siguiente disco Biblia-Ovni, próximo a estrenarse.

Se abría el telón y ya sonaba Clavos y globos, seguida de Ante el abismo y Sembrar, sembrar. Walas es un personaje que el público ama pero que también interpreta. Fácil, Nuevo día y Angélica sellaron lo que fue la apertura para dar paso a las confusas digresiones de Walas sobre el Papa argentino, la reina argentina y el premio Oscar argentino.

Massacre es vigor [NdE: también “Compra, venta y canje”]. Su particular sonido que emperifolla y exprime géneros como surf, grunge, punk y skate-rock en un mismo dispositivo no declina, aún después de tantos años de carrera. La música que disfraza al curioso Walas y su combo se irgue más como un patrón de combinación diligentemente seleccionado que da a luz al verdadero –y tal vez único- significado de su leyenda: el espectáculo.

Siguen con Plan B, 3 walls, te leo al revés y Sofía, la súper vedette. Estalla La Trastienda gracias a esos prodigiosos venenos que sólo una banda de rock puede incrustar en las voces y en los ojos de sus incansables fans. Walas recomienda escuchar a “los amigos de Sick Porky”, además del libro Cemento, el semillero del rock (en breve, reseña y nota con su autor en este sitio) sobre aquél boliche… Continuaron con Maggie May, Vienen zombies, Estamos en problemas, Epidemia… Auténtico frenesí.

Yo, personalmente y en muchos contextos y de diferentes voces, había escuchado referencias de Massacre con una religiosidad fanática, pero nunca se me ocurrió buscar sus canciones ni pedirlas a nadie, tal vez porque el nombre de la banda me parecía tan anodino como pretencioso. En La Trastienda, y siendo la primera vez que escuchaba y veía a Massacre, ratifiqué que hay bandas que no sólo encarnan una experiencia auditiva, sino que parte de su gracia está en el show, que se despliega atajando todos los sentidos de la concurrencia. Si en el recital hubiera cerrado los ojos durante algunos minutos, sólo para escuchar su oferta sonora, habría huido apenado y gritando improperios por doquier, como un maldito loco. Pero como no lo hice, tuve que quedarme irremediable y jovialmente hasta el final, porque el poder seductor de su show sumado al intenso fervor de su gente es tan imperioso que te encierra en su alucinado mundo.

Massacre es una banda excelente. No hay duda. Es excelente porque posee esa rara virtud de generar apatía o empatía en poco tiempo, pero que, sea lo que sea, por culpa de los gustos y/o disgustos de cada quien, siempre va a infundir admiración. Massacre sabe lo que es y no lo puede explotar mejor. Massacre sabe lo que tiene y lo injerta en su público como un don, que a su vez, se propaga como un virus.

Gio Jaramillo (CJay)

Fotos: Dahian Cifuentes

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