XI Mandinga Tattoo Show, donde el arte traspasa la piel [review]

Hace ya 11 años que en mi agenda marzo es el mes de la “Convención de Mandinga” organizada por Diego Staropoli y su numeroso equipo de tatuadores. Esta casa de tatuajes, cuyo primer local se abrió en una galería del centro de Lugano hace ya 22 años, ha sido pionera en algunas cuantas actividades relacionadas con el tatuaje en nuestro país. A la labor de la gente de Mandinga se debe, entre otras cosas, la existencia de Asociación de Tatuadores Argentinos (A.T.A.R.A.) y la primera Campaña nacional contra la discriminación de la gente tatuada o perforada. Y como no podía ser de otra manera, Mandinga Tattoo Studio también fue el responsable de que, allá en el 2004, viera la luz la I Convención nacional de tatuajes, o sea, el evento hoy conocido como Tattoo Show.

Si bien la convocatoria siempre fue masiva, la capacidad del Hotel Bauen, sede de estos encuentros durante una década, ya no daba para más. Primero fueron 40 stands en la planta baja, luego se sumó el Auditorio y las bandas en vivo, luego se le anexó también la segunda planta con otros tantos stands. Pero ya no alcanzaba para que los visitantes, a estas alturas contados de a cuatro cifras entre los tres días que dura el evento, circularan por los angostos pasillos del Bauen. Así que decidieron hacer el salto (obligado) y pasar La Rural, logrando superarse no sólo a sí mismos, sino también transformar la convención en una de las más grandes de América Latina. Para ser más precisos, estamos hablando de 215 stands distribuidos en seis largos pasillos, 800 tatuadores nacionales e internacionales, bandas en vivo, concursos, seminarios, exposiciones de motos, y hasta una subasta de obras pintadas por artistas de la convención, cuya recaudación está destinada a las escuelas rurales que Mandinga apadrina desde el 2008. Mucho para ver, y mucho para contar, así que vayamos por partes.

Sería aburrido nombrar todos, y arbitrario nombrar sólo algunos de los cientos de artistas nacionales que asistieron de, al menos, cinco provincias. Lo mismo sucede con los internacionales, provenientes de Chile, Brasil, Alemania, España, Colombia, Perú, Gran Bretaña, Francia y Uruguay, entre otros países. Lo interesante, creo yo, no es la cantidad, sino la calidad. Y lo cierto es que vi trabajos de todo tipo, algunos excelentes, otros no tan buenos. Por suerte, ninguno despreciable. De todos modos, eso no lo digo sólo yo, sino que lo ha decidido parte del staff de Mandinga que ofició como jurado de la serie de concursos diarios. En total 11 categorías (Blanco y negro, Tribal, Old y New School, Espalda, Full Color, etc.), más la elección del mejor tatuaje del día, junto con Miss Pin Up y Miss. Tattoo Argentina. Eso sí, las mujeres, si bien no podemos quejarnos con tanto desfile masculino, seguimos echando de menos a Mr. Tattoo…

Pero no nos distraigamos y volvamos a lo que sí sucedió. Mientras que en el fondo la gente se amontonaba, a su turno, para ver a Salta la banca, Hugo Lobo, Naty Combo, Nagual, Cirse, Lowrdez, Power of soul, Senda 7 y Virna Lici; adelante, el apiñamiento era por otra razón. Allí se encontraban los cuatro stands más esperados. En efecto, el mayor atractivo de esta edición fue, sin dudas, la visita de Steven Tefft, ganador de la segunda temporada de Ink Master, junto a Gentle Jay y Lydia Bruno del mismo programa; y de Clint Cummings, Reese Hilburn y High Noon, protagonistas de Tattoo Nightmares Miami. Con unas tarifas que rondaban los 150 USD la hora (“los únicos lienzos son los pantalones” aclaró la organización anticipándose a previsibles mangazos), estos estadounidenses hicieron que su sector en la feria colapsara. Sin embargo, esta no es la primera vez que Mandinga trae invitados internacionales de alto nivel. En el Tattoo Show 2011, por ejemplo, trajeron nada más ni nada menos que a Paul Booth (sí, sí, ese mismo que clavó sus agujas en los muchachos de Slipknot, Pantera y Slayer, por ejemplo). Pero, claro, el revuelo fue mucho menor: Paul no sale en los realities…

Entre los puestos no sólo había grandes tatuadores-como Hernán Coretta– y perforadores, sino otras clases de artistas, como Florencia Blanco de Sculpture Tatto, que vendía unas calaveras ultra realistas hechas con recina vegetal, y que es la encargada histórica de hacer los trofeos del evento, y en esta oportunidad, también la de ese Mandinga tamaño natural que estaba en la entrada del pabellón y con el cual muchos se sacaron la foto que seguramente vaya a parar a sus perfiles de Facebook. Finalmente, había varias casas de indumentaria, decoración, alguna de libros y, lo más interesante para los trabajadores del rubro, más de 10 puestos de venta de insumos.

Es que además de curiosos, fanáticos y familias que pensaron que era un buen programa de fin de semana llevar a los chicos a empaparse de la cultura tattoo, la convención es un punto de reunión anual para los profesionales. Algunos de ellos aprovecharon para transmitir sus conocimientos y experiencias a través diferentes seminarios. Así, Roberto López de Denim Demon Tatto estuvo a cargo de uno sobre realismo; Federico Ferroni habló sobre tatuaje oriental; Ronaldo Sampaio y Rodrigo Zemog sobre perforaciones; y Guillermo Caldentey realizó una capacitación para el uso y calibración de máquinas de tatuar. Esto demuestra que, si bien es cierto que hace 30 años el asunto del arte en la piel era más o menos improvisado, hoy ya no se puede decir lo mismo.

El XI Tattoo Show ha sido un éxito y superó con creces las expectativas de la propia organización y hasta del mismo público. Aunque no es momento para hacer una larga reflexión acerca de la cultura del tatuaje ni de su historia (por más tentada que esté, lo admito), algunas palabras finales me voy a permitir. Hace no más de cinco o seis convenciones atrás, la gran mayoría de los asistentes eran o bien tatuados amantes del tatuaje, o bien tatuadores, es decir, “entendidos en el tema”. Este fin de semana, entre los miles que se acercaron a la Rural, había de todo, desde los que ya no tienen espacio en el cuerpo para un tatuaje más, hasta los que aún conservan la piel “virgen”. Y aunque haya muchos que se molesten por esta especie de intrusión de curiosos , creo que en líneas generales es algo bueno. Al menos sirve para que escuchemos cada vez con menos frecuencia las tan molestas frases de “si te tatuás no vas a encontrar trabajo” o “eso es para los presos”. Hoy el tatuaje es apto para todo público, y es a la familia de Mandinga a quien le debemos mucho de eso.

Yoapocap

Fotos: Dahian Cifuentes

Comments

  1. Me encanta la Mandinga… Y es una de las convenciones importantes de Sudamérica, pero la primera convención internacional se realizo en la ciudad de Río Gallegos (Santa Cruz) en el año 2002. Convención Internacional de Tattoo & Piercing del Extremo Sur.

  2. analia w says:

    gracias Peter Vazquez Czop por hacerme este maravilloso tattoo !! abrazo gigante!!

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