Ararat y otra prueba de que la música es lo más importante [review]

Ararat es una de esas pocas bandas de rock que logra que su público no intente robar protagonismo y que se concentre exclusivamente en prestarle atención a la música, en definitiva lo más importante. Es, por cierto, una agradable rareza.

Son cerca de las nueve en una noche primaveral en el Roxy de Palermo Hollywood. Es la hora señalada, pero hay poca gente en los alrededores. Por eso hay tiempo para retirar el ticket, manguear un lindo afiche que hizo el grupo para la fecha en cuestión y charlar con algunos allegados a la banda que andan por ahí en la vereda. Y como para que la noche tenga mucho más color y sea aún más motivamente, surgen novedades acerca de fechas importantes que se vienen. La presentación de Cabalgata hacia la luz es hoy, es verdad, pero todavía hay mucho camino por recorrer con este disco que no ha sido superado por ningún otro en eso de ser el mejor de 2014.

Pasan 45 minutos y el local se empieza a completar para darle paso a uno de los recitales más esperados del año. No habrá un gran despliegue físico en el escenario, pero lo que sí habrá será un trío de músicos que se toman en serio lo que hacen y se esmeran por dar algo novedoso, atrapante y conmovedor.

Se abre el telón y allí están Sergio Chotsourian, Tito Fargo y Alfredo Felitte comenzando a recorrer El camino del mono, ese tema en el que el ex Natas decide tomar el papel definitivo de cantante, además de ser bajista, guitarrista y ejecutor de todo instrumento que se pueda ir sumando. El “sólo quiero seguir cambiando el color, despertar, recibir, la fuerza del sol” suena contundente y despierta el primer gran aplauso de la noche.

Lo que sigue, durante hora y pico, es otra demostración de calidad de un súper grupo -porque sí lo son- que prioriza la ejecución musical y el viaje sensorial por sobre cualquier pose o cliché rockero. Y así también lo entienden quienes asisten a sus recitales y compran sus discos o remeras.

Pasan casi todos los temas de Cabalgata hacia la luz, entre ellos, El paso, Nicotina y destrucción, La sal y el arroz y Los escombros del jardín, pasando también por Lobos de guerra y Cazadores de elefantes, de Ararat II.

Mientras Sergio mira de reojo a quienes parecen ser sus hijos, ubicados a unos metros del escenario, llega el cierre, casualmente con El hijo de Ignacio y Los viajes. Ararat cumple exitosamente con su tarea, ni más ni menos que entregar buena música a aquellos que fueron a buscarla.

Alejandro Panfil
Fotos: Santi Sombra

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