Bienvenida la punkitud: Alerta Roja está de vuelta [review]

Son cerca de la una y media de la mañana y la banda se auto exige ir a buscar a Mongo-que anda en el bar contiguo al Salón Pueyrredón-para que se suba al escenario y le ponga su castigada voz a una nueva y heroica presentación de Alerta Roja, la primera de todas las bandas punkies de la Argentina en sacar un disco a la calle.

Y en esta noche especial, que viene a ser la primera de esta nueva reunión tras habérseles suspendido una fecha el 8 de agosto en el Sick Club, es una gran oportunidad para sacarse las ganas de tocar en público. Y el público, en esta ocasión, está constituido por unas cuatrocientas personas que difícilmente hayan tenido la chance de verlos en la década del ochenta.

“Esto es Alerta Roja, que no te la cuenten”, dice Daniel, quien además de haberse reincorporado a la banda para tocar el bajo, dirige técnica y mentalmente a un grupo que siempre se caracterizó por no saber cuándo y hacia dónde sería el próximo paso a seguir.

El Salón Pueyrredón está repleto como muy pocas veces.  Y en el marco de la Fiesta Radikal, en la que el Batra se luce en las bandejas pasando Eskorbuto, Todos Tus Muertos y La Polla, entre otros, Alerta Roja se sube al escenario para hacer un show que seguramente quedará en la memoria de todos los afortunados que se dieron cita. Y en el estrecho escenario incrustado en la pared no hacen otra cosa que lo esperado y añorado: tocar sus viejas y queridas Juventud perdida, Alerta Roja, Guerra sin razón, Situación límite, Atrincherado y Por mí mismo, además de una distorsionada versión de Divididos por la felicidad, tal vez en un gesto de retribución a la buena onda que les tiraba Luca Prodan cuando aún habitaba el mundo de los vivos. O tal vez por su afición a New Order

La banda, que se completa con Agustín y Sergio Ucci, en guitarras, y el Pelado, en batería, suena tal cual las grabaciones que se pueden escuchar en el Históriko 81-87, la otra cara del punk, lanzado a la calle hace unos meses por Pinhead Records. Crudo, al palo, casi como si lo que se está presenciando estuviera saliendo por un cassette.

Un puñado de punkies agita un pogo bastante friendly que le da un poco más de color a un recital decididamente de carácter histórico. Y es así. Como ellos mismos lo dicen, nunca se sabe si habrá un próximo recital de Alerta Roja, por eso es inevitable que se los disfrute el doble.

Alejandro Panfil

Fotos: Federico Peretti

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