Comiendo mierda en Niceto: los 25 años de EUKZ [review]

Fiestas de cumpleaños hay de todas clases y para todos los gustos: las aburridas y medio tristonas, las que tiran la casa por la ventana con invitados y sorpresas varias, las que sólo son para los más íntimos… De esta última clase fue la de EUKZ en Capital: no éramos sino los necesarios, todos los que hacían falta y nada más. Nadie que no supiera las canciones, nadie que estuviera ahí de casualidad. Viejos conocidos anónimos convocados para cantarle al sexo y al (des)amor, a las drogas y a los tantos reveses que tiene la vida, de la mano de Rober, Pedro, Oscar, Sam y Kusio. Grandes anfitriones por cierto.

Afuera, el invierno anticipado invitaba cada vez con más énfasis a dejar las calles y buscar refugio en la sala de Niceto. Mientras los recién llegados iban sacándose las diferentes capas de ropa, Turba Iracunda, Sarcasmo y Ley del Buey daban una calurosa bienvenida. Un público algo impasible prestaba atención, pero creo que esta vez prefirió guardar el grueso de sus reservas para el evento principal.

Con los horarios respetados a rajatabla, a las 22, sin esperas ni amagues innecesarios, salieron los valencianos al grito de Hachís y tuve la sensación de que hasta los de seguridad se pusieron a bailar… En un poco más de hora y media el repertorio fue variado e irreprochable. Quizá el único “error” consistió en haber tocado Hasta que pierda la voz en tercer lugar, porque muchos la perdimos justamente ahí mismo, cantando “Sé que puede ser mejor, la vida me lo impidió…esta vida que me han dado quienes sin pensar en mí hicieron de mi existir una eterna pesadilla”.

No hubo muchos efectos visuales, de esos a los que a veces se apela cuando los músicos no saben llenar con otra cosa el escenario, pero el sonido fue excelente y eso sumó más puntos un recital ya de por sí impecable. ¿Cómo podría ser de otra manera cuando sonaron Vuelta al infierno, Camino de rosas, Altero mi cuerpo, Fornicare est pecatum o A cara de perro? Románticos incurables todos, ellos y nosotros, es lo explica que No es amor haya sido ese momento en el que se sucumbe con gusto al peso de la canción, incluso si con Soldadito español el grito de “insumisión” fue general.

En algún momento de la noche, sintiendo la potencia de cada nota, viendo la alegría y el descontrol general, me pregunté dónde andarían los punks de Buenos Aires, qué estaban haciendo que no habían venido a la fiesta. Si se me permite una opinión personal, creo que desde ese diciembre de 2012 cuando se presentó Extremoduro en el Teatro de Flores que no hubo un recital de punk rock español tan bueno. Ojo, no tengo ninguna queja de Gatillazo o de Ska-p por ejemplo, ninguna. Pero esto se trató de otra cosa. Esto fue una complicidad general, una especie de comunión en la música. La imagen de esos dos que no se conocían pero se abrazaban de alegría cada vez que empezaba una canción dice más que todas estas palabras.

“¿Qué más da el final? Que digas o que calles ya soy tu voluntad” bien podría resumir una fecha que, de hecho, más o menos así terminaba. Y después, otra vez al frío de las calles, otra vez a la espera…

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Fotos: Dahian Cifuentes

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