¿Seguís escuchando punk? ¿Cuándo vas a crecer?

Bueno, ya basta. Me harté. Tengo amigos, familiares y hasta tuve algún que otro amorío pasajero (y no les quepa la menor duda de que lo pasajero tuvo mucho que ver con este tema) que no se cansan de decirme con aires de seriedad: “¿Seguís escuchando punk? ¿Cuándo vas a crecer?”.

Para ellos, parece que ser adulto en cuestiones musicales se reduce a escuchar géneros “serios”: pop (si es de los ‘80 mejor), jazz, rock de los ‘60 (único género en donde es aceptable la producción nacional), algún que otro artista no muy masivo que les permita quedar como eruditos (Jack Johnson es un buen ejemplo). Y si no, canciones sueltas, hits pasajeros de autores ignotos. Guillermo y Bon  Jovi

Vayamos por partes. Acepto que no toda la música puede ser escuchada en cualquier momento de tu vida así como así. Si hoy pasaran una canción de Xuxa en alguna fiesta, seguramente muchos nos pondríamos a saltar con euforia nostálgica. Pero, seamos sinceros, nadie pone Luna de cristal mientras desayuna o prepara la cena. El “me voy a hacer pipí, papá” de Flavia Palmiero ya no tiene nada que decirnos.

También acepto que haya música que tenga que ver con una generación en particular. El tango, por ejemplo, está más vinculado a los mayores de 60 que a nuestra generación. Cuando ellos eran jóvenes sonaba en todos lados y hoy ni siquiera está Silvio Soldán en la tele. Aunque eso no quita que muchos de nosotros disfrutemos del género y hasta en algunos círculos hipsters tenga onda comprarse “uno de Piazzola”.

¿Y entonces, qué? ¿Yo no puedo escuchar una música que nació con mi generación? ¿No puedo, acaso, seguir creyendo que el mensaje del punk todavía tiene cosas para decirme? Porque, señores y señoras, el punk no sólo es música, es un movimiento contracultural con una línea de pensamiento más o menos unívoca que todavía, mal que les pese a algunos, sigue vigente. Hay un mensaje detrás de todo ese ruido.

Y ahí es cuando esos conocidos muy “maduros” que tengo replican: “sí, pero es un mensaje para adolescentes”. Sí y no. Sí, porque hay ciertas bandas que no tienen para decirme nada más que “Agarraremos a los profesores / los colgaremos de sus corbatas / y en sus cabezas haremos caca / Anarquía en la escuela”. Todo bien con Flema, siempre que puedo voy a algún recital a divertirme, y es cierto que son muy buenos compañeros de borracheras. En el punk también tenemos canciones de amor y desamor, lo mismo que nuestro tan bien visto primo lejano, el Pop; siempre están los temas y bandas pasatistas. A veces hay que relajarse y simplemente pasarla bien.

Pero no. Ese no es todo el punk, aunque quienes no tienen idea de qué la va crean que hasta ahí llega la cosa. Quizá lo único que escucharon de Attaque fue Hacelo por mí y nunca Perfección (de Legiao Urbana). Seguro que nunca (pero nunca) oyeron a Greg Graffin cantando “This is just a punk rock song / written for the people who can see something’s wrong / like ants in a colony we do our share / but there’s so many other fuckin’ insects out there /and this is just a punk rock song”, o a Evaristo gritando “cuánto horror habrá que ver/ cuántos golpes recibir / cuánta gente tendrá que morir/ La cabeza bien cuidada/ o muy bien estropeada y nada/ nada que agradecer/ Dentro de nuestro vacío/ sólo queda en pie el orgullo, por eso/ seguiremos de pie”. La ecología, la violencia de género, la corrupción, el hambre, el gatillo fácil, las guerras y genocidios, el trabajo infantil, el hiperconsumo y la falta de políticas educativas son sólo algunas de las temáticas que circulan en los escenarios punks. Está muy claro que éstas son pendejadas. ska-p

 Entonces debería madurar y dejar de lado el punk. ¿Pero qué escuchar? ¡Ya sé! El dubstep es excelente para cuando no quiero pensar en nada o me haya drogado mucho (porque si sos adulto también te podés drogar. Eso sí, preferentemente con merca). O reggaetón cuando doy una gran fiesta (por separado, todos los invitados van a decir que lo detestan, pero apenas empiece a sonar, vas a ver que se saben todas las canciones y van a estar felices de bailar como si fueran manatíes en un ritual de apareamiento). Y como música de fondo para trabajar, cualquier cosa que pasen en Los 40 principales estará bien, aún si se desliza un tema de Katy Perri o los fastidiosos aullidos de Justin Bieber. Nadie, nadie va a pensar que soy inmadura porque tararee una de Tan Biónica ¿Ideas, contenido, crítica? ¡Ah no, eso no! La música de los adultos no es para pensar.

Bueno, me dejo de ironías porque, además, hay muchísimos géneros musicales que me encantan y algunos que, aunque no tanto, merecen todo mi respeto (todos los subgéneros del rock, el jazz, el blues, el hip-hop, el folklore, por citar sólo unos pocos). Hablando en serio, ¿no tendríamos, mejor, que repensar qué entendemos por “madurez”, o qué queremos para nuestra vida adulta?

Crecer no tiene nada que ver con la ropa que vestís, la música que escuchás o el deporte que hacés (porque también resulta que después de los 30 parece que no se puede hacer más skate o BMX…). Y entonces ser adulto no es, o no debería ser, resignarse, dejarle “a los jóvenes” la ilusión de que se puede estar mejor, votar el mal menor cada elección y confiar en que esta vez no nos van a cagar (tanto), conformarse con no perder el laburo o tener una pareja más o menos estable. Particularmente, lo que yo quiero para mi vida adulta es tener el mismo espíritu crítico que cuando tenía 16, pero mucho más agudo y atinado; conservar todo lo que pueda la fuerza y el empuje de mis 18; no quedarme jamás con las ganas de contestar cuando algo me parece mal, aunque el errado sea mi jefe; saber que hay cosas que no voy a cambiar, y aún así buscarle la vuelta para que al menos otros sí puedan hacerlo. Mucho de esto se lo debo al punk y no entiendo por qué debería perderlo. ¿En pos de qué ideales? ¿En pos de alguno? ¿Qué debería dejar de lado? ¿La rebeldía? ¿El descontento? ¿Debería cambiar mi punto de vista político y ser más de centro o, incluso tirarme un toque a la derecha? ¿Empezar a confiar en las instituciones? ¿Renunciar sin ninguna resistencia a los pocos espacios de libertad que todavía preservo? Si la sumisión es sinónimo de madurez, entonces no cuenten conmigo.

Claro que siempre hay otras formas de ser maduro. Por ejemplo, escuchando sólo canciones de amor. Porque cuando uno es maduro, sufre por amor, o está contento por el amor, o lo único en que piensa es en el amor. Porque le da pánico sentarse dos minutos y ver qué podrido está el mundo. Porque después de trabajar 9 horas en la oficina no tiene ganas de pensar en nada que lo estrese. Porque después de tantos sueños frustrados en la adolescencia, es más seguro ponerse la corbata o los tacos y seguir al rebaño, la manada o, por qué no, a la piara. Cualquier cosa menos ir contra corriente, cualquier cosa menos una desilusión más, cualquier cosa menos cuestionar y tratar de cambiar algo: eso se tiene que dejar atrás. Hay que crecer, hay que madurar.

 Entonces, ¡que viva el amor! ¡Viva el sueño americano! Y mientras formamos una familia, compramos la casa, el auto y el perro, nada mejor que un poco de Lady Gaga para recorrer el camino a la madurez: “want your horror/ I want your design / ‘Cause you’re a criminal / As long as you’re mine/I want your love/ Love, love, love”. Profundo. Realmente me siento mucho más sensata ahora.

Vayan, vayan a jugar al golf los domingos con los compañeros de la oficina, organicen una cena de parejas para hablar sobre los amoríos de Wanda Nara, saquen una entrada de 1.200$ para ver el Cirque du soleil desde el asiento más lejano, lean la obra completa de Paulo Cohelo y algún que otro ensayo sobre Coaching ontológico. Pero sobre todo, no se olviden, dejen de decirnos cómo hay que crecer.

 

Comments

  1. Greg Graffin :3

  2. Terrible articulo, eso es el punk

  3. un articulo para la posteridad, como el punk, para siempre y por siempre

  4. Larga vida al punk!

  5. Anónimo says:

    Larga vida al punk rock

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