La obsesión autobiográfica: Informe del interior.

Maquetaci—n 1Estos últimos años, parece que Paul Auster decidió ir por el camino de la autobiografía porque la ficción lo tiene un poco desanimado. Ya publicó al menos cinco libros de este género, entre otros, La invención de la soledad  en el que explora la figura conflictiva de su padre, y Diario de invierno, en el que cuenta su historia desde la perspectiva de su cuerpo.  Informe del interior vendría a ser un complemento de éste último, en el que la autobiografía se concentra en la dimensión interior.  Esta vez, aborda los primeros años de su infancia y juventud, de su evolución espiritual e intelectual. Y buscando la intimidad máxima con sus lectores, no duda en utilizar la segunda persona, o sea, el ‘tú’ o, en nuestro caso, el ‘vos’ que te deja en la cercanía de una charla.

Auster es consciente de lo engañosa que puede resultar la perspectiva de un adulto sobre su infancia y el modo de ver el mundo. Pero, de algún modo, el hecho que aún hoy subsista algo de los vestigios de esa cosmovisión temprana, prueba que el esfuerzo literario de esta especie de trance de vuelta a la infancia, tiene sentido. Por otro lado, la insistencia en contar su propia historia no radica en una convicción sobre lo espectacular o especial que ha sido, sino todo lo contrario. En esa búsqueda interior, no es el autoconocimiento lo que persigue. Paul está más interesado en el significado del ser humano, en qué significa estar vivo. Y espera, en su propia historia, que quien lo lea encuentre reflejada la suya.

La obra está dividida en cuatro secciones.  En la primera,  con una serie de pinceladas desordenadas, crea el retrato de los primeros años de su vida. Así, evoca un mundo dotado de animismo, recorre las primeras lecturas que lo marcaron, sus primeras composiciones, la consciencia de que era judío, y qué significaba ser norteamericano. No faltan episodios ya archiconocidos de la biografía de Auster, como el del rayo que fulminó a pocos centímetros de distancia a un compañero suyo en un campamento y la relación conflictiva con su padre. La repetición de estas anécdotas nos deja con la amarga pregunta de si será verdad que a Paul se le están acabando las ideas, tal como muchos lectores y críticos han  reclamado con sus quejas.

En la segunda parte intitulada Dos golpes en la cabeza, Auster relata dos “terremotos cinematográficos” que lo marcaron de tal manera que ya no volvería a ver el mundo de la misma manera. La primera, El hombre menguante (1957,  dirigida por Jack Arnold), es la historia de un hombre al que lo aqueja una extraña enfermedad: cada día es más pequeño. El segundo golpe tuvo lugar a sus 14 años -edad en la que ya empezaba a preocuparse por las injusticias del mundo- con la película Soy un fugitivo (1932, dirigida pro Marvin LeRoy), una especie de premonición de las injusticias y los castigos físicos de los campos de concentración. Si bien es cierto que el talento de Auster hace que las descripciones de los argumentos de las películas sea llevadera,  resultan un tanto desproporcionadas y largas.

La tercera parte del libro lleva el título La cápsula del tiempo. Tal vez esta sea la más interesante desde el punto de vista de lo “novedoso” de la biografía de Auster. En efecto, el escritor creía perdidos los textos de su juventud y lamentaba que su intento de comenzar un diario íntimo se viera frustrado. Sin embargo, la escritora Lydia Davis, su primera mujer, tenía consigo las cartas que le había enviado cuando era aún un joven estudiante de letras entre los 19 y 22 años.  Hay fragmentos transcriptos de esas cartas en las que podemos observar al joven estudiante, sumido en la depresión y sus primeros intentos serios de escritura.  Al margen de la historia de amor y distancia –que personalmente es la que menos me atrajo-, lo que resulta más interesante es el contexto de la guerra de Vietnam y de un estudiante que sólo tiene al respecto dos perspectivas de futuro: o el exilio a Canadá o la cárcel.  Por aquellos años, concretamente en 1968, participa de las revueltas de los estudiantes que tomaron seis edificios de la universidad y termina entre los 700 detenidos.

paul_auster_3 (1)El texto se cierra con la cuarta parte que es un apéndice fotográfico que ilustra los tres libros anteriores, con escenas de las películas y de episodios y objetos diversos que menciona.

El texto es desparejo. Hay quienes prefieren la primera parte, hay quienes la acusan de repetir y retomar argumentos ya tocados en otras obras y prefieren lo novedoso de la tercera. Con todo, es cierto que no es tanto lo novedoso lo que convierte a una autobiografía en buena o mala, sino la intención de reflejar el mundo como era visto por un niño, lo que se cumple mejor en la primera parte y se diluye bastante en la segunda. El mejor momento del tercer libro es la última carta, en la que imagina una noche salvaje con amigos, pero que de algún modo, rompe el clima del libro con un texto de ficción. En definitivas cuentas, no se puede decir que sea un mal libro. Cuando los tiempos del mercado editorial apremian más que la inspiración, entonces se obtienen este tipo de resultados. Auster tiene el talento y la trayectoria para escribir un buen texto. Pero, a título personal, dista de estar a la altura de sus otras obras.

TrenzasMate

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