El jardín de los cerezos: un clásico de la incomunicación

Ustedes se estarán preguntando: “¿Qué hace Antón Chéjov en Brandy con caramelos?”. A veces yo también me lo pregunto. Es que incluir una sección de teatro en una revista de rock fue desde el principio un desafío, especialmente si entendemos que el rock es mucho más que música y que se nutre de todo tipo de expresiones. Por eso los clásicos son, casi siempre, rockeros y contraculturales. Y Chéjov no es la excepción a la regla. Pensar es contracultural.

el jardin

El jardín de los cerezos es su última obra dramática y se la puede pensar desde muchas perspectivas. La primera y más obvia es la social. Una viuda noble que ha perdido a su hijo en el río que cruza el jardín de cerezos de la estancia rusa de la que es propietaria, se muda a Paris y se enamora de un hombre mentiroso y trepador que la arruina económicamente. Vuelve a Rusia con su hermano y su hija porque van a rematar la finca y el jardín a causa de las deudas. Allí, en pleno reencuentro está Lopajin, quien de niño había sido sirviente de la familia junto a su padre y abuelo y ahora, rico, trata de ayudar a la familia a salvarse de la venta. Se enfrentan dos clases sociales, los nobles y la nueva burguesía. Los nobles son ingenuos, superficiales, románticos y hasta ridículos. Los burgueses son pragmáticos, de razonamiento economicista y calculador, eficiente. Las clases sociales antes separadas se encuentran en esta situación y pasa lo que pasa siempre que se encuentran dos grupos tan distintos: no se entienden. Los diálogos de la obra hacen del lenguaje un medio de la incomunicación hasta el absurdo. Pero Chéjov parece insinuar que no todo está perdido. La hija de la viuda conversa con un intelectual y allí hay un principio de diálogo. Parece que Antón le tenía mucha fe a las ideas, a la cultura como medio para cambiar, para entender que las burbujas en las que vivimos se pinchan y es necesario encontrarnos en nuestro lugar en el mundo y no en nuestro rol funcional a la pompa de jabón.

Pero este encuentro, desencuentro y despedida también es un choque temporal. El pasado se encuentra con el presente y se proyecta. Estos nobles que viven como si el mundo no fuera otro representan un pasado que todas las sociedades occidentales conocen: la época de las aristocracias, de las personas con valor diferente, de los ricos que prefieren no mirar el daño que causa tanta abundancia. Y entre sus siervos aparecen el new rich, el esclavo que no quiere ser libre, la criada que quiere casarse, el buscavidas… todos buscando formas de vivir de acuerdo con sus gustos y necesidades, dependiendo de sí mismos para salir adelante.

foto elenco El jardín de los cerezosChéjov hizo mucho hincapié en que esta es una comedia y quiso siempre anular la interpretación en forma de drama. Pero es simplemente imposible. Es un drama con elementos de comedia y con un recurso muy eficaz: el extrañamiento. Aquello que simbólicamente tiene tanto valor para alguien, puede ser descripto de modo que pierda todo peso simbólico y se vuelva algo absurdo. El jardín tan venerado, aquel testigo del último aliento de un niño, que vio crecer a generaciones de esta familia, que fue productivo y dio frutos y floreció, se transforma en un jardín obsoleto, que da cerezas que nadie quiere cada dos años y que es un mero adorno inútil de un linaje que ya ni siquiera vive allí. Sólo así se pueden talar los árboles y armar un complejo vacacional de cabañas. A pesar de las risas provocadas por personajes salidos del circo y la ridiculez, la pérdida de sentido y de inocencia genera una angustia que no puede más que dar su sentencia: en el fondo, El jardín de los cerezos es un drama, o al menos una tragi-comedia.

La obra dispara en todas direcciones y no se resigna a presentar un conflicto entre buenos y malos. ¿Es la venganza del pobre? ¿El resentimiento se sobrepone al amor? ¿Los ricos son todos tontos y no malos? La cerveza posterior se vuelve un debate que resignifica lo que acabás de ver.

Claro que todo esto depende mucho de las actuaciones y la puesta en escena y ambas son geniales, al igual que la escenografía y el vestuario. Lo malo de hacer una obra de Chéjov tan bien, es que Chéjov se lleva todas las palmas. La verdad es que es una versión que vale la pena ver. Si es o no rockero, dejo que lo decidan ustedes.

El jardín de los cerezos está los sábados y domingos a las 17 hs. en Teatro El Cubo (Zelaya 3053, a la vuelta del shopping del Abasto)

Ficha técnica
Autor: Anton Chéjov
Elenco: Rita Terranova, Héctor Giovine, Damián Iglesias, Juan Guilera, Alejandro Cupito, Christian Alladio, Leonardo Odierna, Iara Sarmiento, Renata Marrone, Natalia Biasín, Agustín Perez Costa, Cecilia Barlesi y Valeria Ruggiero.el jardin 3
Piano: Francisco Ruiz Barlet
Fotografía: Fuentes – Fernández
Diseño de maquillaje: Sofía Nuñez
Asistente de dirección: Ramiro Manrique
Asistente de producción: Maxi
Prensa: Duche&Zárate
Producción ejecutiva: Katalina Nuñez
Diseño y realización de vestuario: Fernando Crisci
Escenografía: René Diviú
Adaptación, puesta en escena y dirección general: Nicolás Perez Costa
Funciones: Sábados y Domingos 17hs
Localidades $120.- hay promos.
Teatro El Cubo – Zelaya 3053 (Abasto)

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