Taura: el secreto mejor guardado del rock [review]

Taura uniclubCon el Uniclub a la mitad de su capacidad no puedo más que preguntarme por qué Taura no convoca multitudes. De la escena porteña es la banda que más me gusta y sin embargo, y a pesar de batallar el under hace tantos años, siguen sin llenar las salas. Quizá tenga que ver con la reticencia a formar parte de una escena y a querer que los asocien con el stoner, como nos contaban Chaimon y Santiago el año pasado. Quizá los músicos viven de otra cosa y acá despuntan el vicio rockero. Lo cierto es que, sonando cada vez mejor y consolidando un sonido cada vez más personal, con canciones que emocionan hasta las lágrimas y un show en vivo poderoso, Taura es un lujo que se dan sólo unos pocos.
La noche del viernes arrancó con dos bandas soportes, Chi hai y Un tenue caos, que dejaron el escenario calentito para que a las 22 y monedas saliera Taura. A pesar del problemón técnico con el micrófono que nos dejó intermitentemente sin Chaimón en algunos temas, la banda suena de puta madre. Aparte de ser grandes músicos manejan los ánimos a la perfección, rompiendo el silencio con Sueños que desesperan. Las canciones siguen sin gastarse y suenan con la frescura de las primeras veces: A cántaros es siempre como un primer beso, excitante y prometedor; La venganza del sol como la primera reconciliación, llena de pasión y coraje; Jardín de cenizas como la primera pelea, profunda y definitiva. Santiago, Leo y Alejo ponen toda la confianza en su frontman para que transmita corporalmente lo que están tocando. Hay que admitir que Gaby es versátil e histriónico y el corazón del ‘vivo’ de esta banda que siente todo lo que hace, desde la composición hasta la organización. Mil silencios hizo su entrada en escena con Il Vulcano y Soportar y pronto suena uno de los secretos mejor guardados del rock nacional: Mi mejor lugar, “2 de la mañana, hoja en blanco, quiero gritar que te extraño; tu alma es mi mejor lugar.”

Y es así, no tengo ningún lugar mejor dónde estar en esta noche cálida, tomando una cerveza, fumando un cigarrillo (no, porque está prohibido) y escuchando una de mis canciones favoritas. Vuelvo a preguntarme ¿cómo es que no somos 1000?

Se va cerrando la hora quince que duró este conciertillo, cortito y al pie, efectivo y, como dice el refrán, “si bueno y breve, dos veces bueno”. Pasan No luz, Rompevientos hasta llegar al cierre con Días abandonados. Algunos insistimos con que hicieran 200 días pero, para variar, Taura nos deja con ganas de más. Parece que nos reencontraremos el 29 de Noviembre en el Samsung Studio. Esperamos que se confirme.

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