Retromanía: Simon Reynolds se enrosca con el pasado no pisado

retro

Muchos -entre los que nos contamos quienes hacemos este sitio- en la década del noventa iban de casa en casa con un TDK virgen en el bolsillo porque tal vez se podían llegar a encontrar con alguna novedad rockera que les volara la cabeza. A los más grandes les habrá pasado con Iron Maiden, Ramones o Motörhead y a la generación siguiente seguramente le habrá sucedido lo mismo al descubrir Guns N’ Roses, Metallica o Nirvana, por tirar algunos nombres icónicos de la época. Ese grupo o disco nuevo que se copiaba en el novedoso grabador doble cassettera pasaba a ser el acontecimiento más importante de todo un semestre.

Luego llegó el compact disc, disco láser, o como quieran llamarlo. El sonido era sensacional en comparación con los gastados cassettes y, siendo medianamente cuidadosos, duraban -y duran- muchísimo más tiempo. Pero hoy se vive la época del download y de la música online y eso inevitablemente lleva a acumular innumerables bandas y data que resultan muy difíciles de procesar, modificando así la idea esencial que se tenía sobre ese hábito casi instintivo que es escuchar música. En definidas cuentas, muchos ya no saben por qué escuchan música. Y este es un ejemplo nada más de los múltiples enfoques en los que se concentra Simon Reynolds, de reciente paso por la Argentina, en Retromanía, la adicción del pop a su propio pasado, un libro cuya edición estuvo al cuidado de Pablo Schanton y que fue lanzada localmente por Caja Negra.

Este periodista y escritor inglés hace un minucioso análisis de los hábitos actuales de consumo de música, deteniéndose en cómo esos nuevos hábitos fueron afectando al usuario en el modo de escuchar y descartar algo. En cuanto a esa adicción o devoción por lo retro, también habla del “rock hecho por coleccionistas”, haciendo referencia a esas bandas que no tienen ningún complejo a la hora de reconocer explícitamente a los artistas en que se basaron para componer sus actuales piezas, al contrario de lo que era antes, cuando un rockero daba mil vueltas para terminar diciendo que su música no se parecía a nada anteriormente hecho. Hasta hace veinte años, se podía reparar en que Lenny Kravitz era un “ladrón” de yeites y melodías de otros músicos, pero hoy el “homenaje excesivo”, por no decir afano, está casi institucionalizado.

Un apartado interesante es el de los “curadores”, una figura casi incomprensible pero que encuentra su lugar debido a la avalancha de música que hoy hay disponible en el mundo virtual. Y la cita de Keith Richards en la página 51 llega justo a tiempo para aportar un poco de sentido común: “¡¿Un curador de rock n’ roll?! ¡Es lo más estupido que escuché en mi vida!”.

Otros temas que hacen referencia al auge del espejo retrovisor son los “géneros inventados”, que tienen que ver con las nuevas etiquetas para poder vender música vieja en las disquerías, y el deseo incontrolable y absurdo de acumular grandes cantidades de archivos de música. ¿Para qué? Es la gran pregunta.

La propuesta de Reynolds tiene su lógica, aunque por momentos también puede entenderse como demasiado rebuscada. Lo concreto es que las casi 500 páginas con nombres de artistas angloparlantes, que pueden tener su relativa importancia en el hemisferio norte pero que aquí son completos desconocidos, terminan resultando bastante pesadas.

Un libro de estas características sugiere pero no obliga. Aquellos nerds que gustan ser los primeros en llegar a determinada data pero que resignan el aspecto adrenalínico de sentir la música estarán en su salsa. Los otros, los que prefieren vivir más al día y dejarse sorprender, se ganarán un pasaje al aburrimiento.

Alejandro Panfil

Comments

  1. Dos cosas. Una: sobre los “géneros inventados”… Tengo mis serios problemas con el INDI. O sea, ¿todo lo que es independiente es Indi? Si tengo una banda en la que suenan guitarras distorcionadas y doble bombo a full, y otra en la que hay un tamborcito medio folklórico y canta una mina coplas norteñas actualizadas, y ambas bandas son de sellos independientes, ¿eso es indi?¿y eso es un género? Porque mucha gente me ha dicho: “escucho indi”
    WTF???

    Dos: sí, después de haber leído a Reynolds (otro de sus libros) me dio esa sensación de que muchas referencias anglófonas no sólo me son totalmente ignotas sino que es cierto que aburre un poco. Quizá haya que rescatar no tanto el contenido sino la forma porque, eso sí, me gusta cómo escribe.

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