Pixies recargados

Parece que los noventas están de vuelta. Uno ya no sabe si es que aparecieron nuevos afiches en las calles de Buenos Aires o si la última tormenta descascaró las paredes y dejó al descubierto viejos carteles de 1997 en los que se anunciaban las visitas de The Offspring y Rob Zombie. En todo caso, era de esperarse que, si los noventa tenían que volver, tarde o temprano aparecerían sus creadores para reclamar derechos.

pixies

Y por “sus creadores” quiero decir los Pixies, que inventaron los noventas en 1987, en Boston, cuando lazaron Come On Pilgrim. El resto ya es historia: Kurt Cobain llegó a confesar que quiso escribir una canción al estilo de los Pixies y le salió Smells like a teen spirit. Después, decidió llamar al productor Steve Albini (el mismo de Surfer Rosa y Doolittle) para que le diera forma a In Utero. Por si quedaran dudas, en medio de todo eso apareció Incesticide, que si no fuera un gran disco de Nirvana, podría haber sido un gran disco de los Pixies.

Pero el tiempo pasó: Kurt Cobain murió un par de veces y dejó a los sobrevivientes en una posición incómoda. Les pasó a los Beatles, que eran más grandes que Jesús, y les debe haber pasado también a unos cuantos apóstoles. El que sobrevive nunca está a la altura de la leyenda erigida sobre el cadáver del héroe. Y ahora les pasó a los Pixies. Esta vez no hubo que lamentar muertes (a pesar del título de la antología Death to the Pixies), pero la última resurrección generó bastante alboroto.

A principios de septiembre apareció la primera colección oficial de canciones de los Pixies en casi veinte años (y se anuncian más para los próximos meses). Un adelanto, Bagboy, que se puede descargar gratis del sitio www.pixiesmusic.com y un EP que, con el lacónico título de EP1, incluye cuatro temas, disponibles en tres variantes: cuatro dólares por la descarga digital de las canciones, veinticuatro si uno quiere agregarle una remera oficial de la banda, y dieciocho si uno quería, además de la descarga digital, una edición limitada en formato vinilo, rápidamente agotada.

A pocos días del lanzamiento, fans y críticos todavía discuten cómo recibir estas nuevas canciones. Las principales quejas que pueden leerse en varias revistas y blogs: 1) Kim Deal volvió a dejar la banda, y no hay rastros de ella en EP1. 2) En parte debido a esa ausencia, EP1 parece un nuevo disco solista de Black Francis antes que un nuevo disco de los Pixies. 3) Para colmo, EP1 no suena como los viejos discos: la producción está mucho más cuidada y eso hace que las canciones se acerquen peligrosamente al mainstream antes que a los sótanos oscuros del indie universitario en donde Homero Simpson había creado Sadgasm, otra de las grandes bandas de los noventas que no habría podido existir sin el sonido pionero de los Pixies.

Ninguna de esas quejas parece alcanzar para enviar este EP1 a la papelera de reciclaje: en cuanto a 1), los fans de Kim Deal pueden seguir escuchándola junto a su banda The Breeders, que este año visitó Chile y Brasil, aunque no la Argentina, en su gira aniversario LSXX. La crítica 2) no parece tener mucho sentido: siempre habrá algo en común entre los discos solistas de Frank Black/Black Francis y los discos de los Pixies, sencillamente porque las canciones salen de la cabeza de la misma persona. Y además, ¿cómo puede considerarse una crítica negativa el hecho de que un disco suene como los de Frank Black? La crítica 3), en cambio, es la que parece ser más interesante para discutir. Aunque, primero, la respuesta más elemental: EP1 no suena como un viejo disco de los Pixies, porque es un nuevo disco de los Pixies.

Rápidamente, uno podría responderles a los que añoran el sonido de Surfer Rosa que ese disco sigue ahí y que pueden escucharlo cuantas veces quieran. EP1 no será una revolución en el mundo de la música (suponiendo que algo así todavía sea posible), pero lo cierto es que los Pixies ya hicieron esa revolución y no parece justo pedirles que vuelvan a ponerse a la vanguardia de nada. Cuando se editó Come On Pilgrim se dijo de ellos lo mismo que dos décadas antes se había dicho de la Velvet Underground: no los había escuchado casi nadie, pero cada persona que los escuchó, armó una banda. En todo caso, es a esas bandas nuevas a quienes hay que pedirles nuevas cosas. Muchos críticos de EP1 no parecen haber advertido la paradoja de pedirle el sonido del futuro a un grupo que ya cumplió un cuarto de siglo.

Pero, sobre todo, la mejor justificación para este EP1 son las cuatro perfectas canciones que lo integran: “Andro Queen” está sonando en mi cabeza desde hace una semana, y lo más probable es que se quede allí por mucho tiempo. “Another Toe in the Ocean” es tal vez la más inmediatamente pegadiza, pero para los que creen que los Pixies se volvieron mainstream, malas noticias: no imagino a “Indie Cindy” como hit radial, aunque sí la imagino como una de las mejores canciones de los Pixies desde “Where Is My Mind?” o “Debaser“. En todo caso, podría criticarse que el final frenético de “What Goes Boom” deja con ganas de más. Sobre todo, deja con ganas de agradecerles a los Pixies el haber renunciado a convertirse en una banda tributo de sí mismos y seguir haciendo grandes canciones.

En EP1 no hay nada más, pero tampoco nada menos.

Lalo Lambda

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