Pasión y vinilos para madurar

La edad de oro

But now I’m pushing thirty and I’m still alive,
so tell me who, tell me who has won?

Peter Hammill

 

Si Reynolds dice que la escritura de rock tiene que serferviente, encendida, ridículamente polarizada en sus juicios; arriesgarse hasta el absurdo por tomar las cosas tan en serio” es porque los rockeros son un poco así también. Horas y horas de escuchar música y decidir con calidad de sentencia si Vai es mejor que Fripp o si Frusciante es la esencia de los Peppers o si los hizo comerciales; si es verdad que Los Saicos fueron los primeros en hacer punk rock o si los primeros fueron los Ramones; si Maiden sin Dickinson es Maiden; si lo nuevo de Guns n’ Roses está a la altura de lo que fue hasta el 95’; si Patton es el mejor cantante de la historia y si Fantômas fue su mejor banda. Hemos discutido y lo seguimos haciendo como si la vida se nos fuera en eso, como si el destino de todo lo que importa se tuviera que decidir antes de terminar la última cerveza. Somos así: ridículamente polarizados en nuestros juicios arriesgando hasta el absurdo.

Es que el rock es cultura y su forma de entender el mundo está en cada canción y en cada estilo. Es lógico que pensemos que el futuro de nuestro mundo se juega en discutir sus expresiones porque, es obvio, no es sólo música. Y el vinilo, su primer formato y soporte, nos pone hoy más que nunca frente al mito del origen, a la trascendencia de pertenecer a una historia, a la posibilidad de heredar una expresión artística que nos constituye.

La edad de oro es una obra escrita y puesta en escena para nosotros. Muchas de nuestras amistades se basan en este amor a la música en general, a un género o a un artista en particular. Muchas de nuestras adolescencias transcurrieron en este ir y venir del vinilo al cassette, del CD al mp3 o 4. “¡Conseguí el primero de Nirvana!” fue el inicio de unas semanas al ritmo Bleach y el germen de la desesperación por conseguir el cassette de Incesticide.

Las actuaciones de los cuatro actores son impecables: Ezequiel Rodríguez, Pablo Sigal, Walter Jakob y Denise Groesman. Nos hacen reír y emocionar con la naturalidad de los que llevan a escena su propia vida. La dramaturgia es precisa y todos los elementos (iluminación, música, escenografía) confluyen para poner sobre el escenario una obra de alta calidad, innovadora y, por sobre todo, actual.

La edad de oro 4Acá, en Mar del Plata, Víctor y Horacio son amigos y fanáticos del mítico líder de Van der Graaf Generator, Peter Hammill. Si te gusta mucho la música y coleccionás vinilos, no hay nada más pedante, inocente y maravillosamente autoindulgente que ser fanático de un artista-genio que ‘no conoce nadie’. Estos dos personajes tienen más de treinta años y, como a muchos, dejar atrás la adolescencia y ‘hacerse hombres’ significa dejar el rock atrás, vender sus colecciones y arrancar con un negocio de remeras con logos marplatenses para el turismo. Pero los pasajes no son sin dolor o desgarro. ¿Puede Víctor vender su colección de importados de Hammill?

Acá el tema del rock asociado a la juventud se pone en cuestión, y con él la pasión como una experiencia adolescente ¿Es posible apasionarse por remeras? ¿Es necesario perder lo anterior para avanzar? ¿Se puede tenerlo todo? La generación que se acunó con Sabotage, con Ride the lightning o con Montañas de agua tiene que enfrentar la muerte del rock y el mito o realidad de que crecer significa asumirla. Pero en el depósito-guarida de Víctor aparece un veinteañero, Julián, obsesionado con los vinilos y con Hammill, y da comienzo a la tragedia. Una cosa es vender el de Talking Heads y otra muy distinta es desmembrarse de los de Peter.

Pero hay más porque esta es una obra hermosa que transforma la tragedia en esperanza y que encuentra el amor en el margen. Lo viejo y lo nuevo, la generación que acaba de dejar lugar para la que viene, colisionan y se fusionan. Esta obra de Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob fue estrenada en el Rojas como parte del “Proyecto Manual” (inicialmente pedían que los autores escribieran obras sobre el espíritu de los manuales de instrucciones) y por eso, en La edad de oro, hay mucho girando en torno a un mueble exhibidor que hay que armar. ¿Seguir un manual de instrucciones? ¿Qué tan difícil puede ser? Lo pragmático y lo romántico; el ‘hacelo vos mismo’ y el artesano; la nostalgia y la tecnología; un verdadero choque cultural: la sopa donde burbujea la vida.

Para todos aquellos que siguen dudando del teatro, vuelvo a resaltar que la escena de Buenos Aires hace lugar a todos. El rock se dice de muchas maneras, amigos, y La edad de oro es una de ellas. Rockeros de Argentina: ¡a asaltar las salas independientes!

La edad de oro está (2013) los Jueves a las 21 hs. en el Teatro El Extranjero (Valentín Gomez 3378, esquina Gallo, en el barrio del Abasto)

2014: Sábados a las 23 hs en ElKafka Espacio teatral (Lambaré 866)

La edad de oro

Director: Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu
Actúan: Ezequiel Rodríguez / Pablo Sigal / Walter Jakob / Denise Groesman /
Iluminación: Adrian Grimozzi / Eduardo Pérez Winter
Diseño gráfico: Andrés Mendilaharzu
Diseño del espacio: Magali Acha
Asistencia de dirección: Agustín Godoy
Realización de escenografía: Magali Acha
Producción ejecutiva: Carolina Martin Ferro
Colaboración artística: Alberto Ajaka y Gabriel Zayat
Colaboración Artística: Alberto Ajaka
Ilustraciones: Ignacio Masllorens

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