Caer en la Calle de los Ladrones

Calle“Las ciudades se domestican, o más bien nos domestican; nos enseñan a comportarnos bien, poco a poco nos hacen perder nuestro caparazón de extranjero; nos arrancan nuestra corteza de cateto, nos funden en ellas, nos modelan a su imagen; no tardamos en abandonar nuestra conducta, dejamos de mirar hacia arriba, de vacilar al entrar en una estación de metro, tenemos la cadencia adecuada, avanzamos a buen ritmo, y por más que uno sea marroquí, paquistaní, inglés, francés, andaluz, catalán o filipino, al final Barcelona, Londres o París nos adiestran como a perros”…pero seguimos siendo extranjeros…

La añoranza de lo que no se tiene siempre está presente, aunque lo que tengamos sea mucho más importante que todo lo demás. La TV, Internet, ¡la globalización!, los cuentos de otros que van y vienen o la mera curiosidad hacen que estemos siempre pendientes de lo que pasa en el otro puerto, donde las luces brillan más que en nuestro monótono entorno. ¿Quién no ha escuchado alguna vez las afirmaciones “muero por vivir en Paris” o “tenés que buscar tu lugar en el mundo”?

morocco-mapEn un contexto de Primavera Árabe y de profunda crisis económica en la vieja Europa, Ladjar y su amigo Basam se pasan las tardes mirando hacia esa costa española tan cercana pero a la vez tan inalcanzable. Tánger es su lugar en el mundo, pero ellos no se lo terminan de creer y sueñan con cruzar hacia el otro lado porque no tienen dudas de que allí todo irá mucho mejor. Con una idea de viajar muy diferente a la de los turistas que, con pasaje de vuelta impreso, se maravillan por las bondades de su Marruecos, estos dos jóvenes parecen querer pagar el precio que sea por ese producto bien vendido que es el “primer mundo”, pero su percepción comenzará a cambiar rápidamente cuando lo estén experimentando.

Ladjar, que abandonó su casa y no volverá nunca más luego de que lo vieran desnudo junto a su prima Meryem, comenzará a acumular una completa serie de traspiés que lo harán ir tocando fondo hasta encontrarse, no de la manera en que lo soñó, en la ansiada Europa.

Como todo lo que rodea a una novela que transcurre gran parte en Tánger, es inevitable percibir algo de esa atmósfera portuaria y decadente, pero a la vez fascinante, que nos transmitió Paul Bowles cada vez que se le presentó la ocasión. Mathias Énard toma un poco de la dejadez personal de Nelson Dyar, el personaje principal de Déjala que caiga (1952), y lo lleva a extremos inimaginables en Calle de los Ladrones (Literatura Mondadori, 2011, España).

Alejandro Panfil

Dejá tu mensaje

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: